MISTERIOS DEVELADOS
POR GODFRÉ RAY KING
UNA PUBLICACIÓN DE SAINT GERMAIN PRESS
Traducido al español por www.bibledunouvelage.org, 2026
GOD-FREE
No modifique ni venda jamás estas Enseñanzas porque pertenecen a Dios
A partir de la
SEGUNDA EDICIÓN
1935
Publicado por
SAINT GERMAIN PRESS
P.O. BOX 1133
CHICAGO, ILLINOIS
U.S.A.
DEDICATORIA
Esta serie de libros está dedicada, con el más profundo Amor Eterno y Gratitud, a nuestro Bienamado Maestro Saint Germain, a la Gran Hermandad Blanca, a la Hermandad del Royal Teton, a la Fraternidad del Monte Shasta y a los demás Maestros Ascendidos cuya amorosa ayuda ha sido directa e ilimitada.
NOTA DEL EDITOR
A PETICIÓN del Maestro Ascendido Saint Germain y del Maestro Alto de Venus, el material de este libro está escrito de manera sencilla y directa, sin intento alguno de ajustarse a normas literarias artificiales ni a la autoridad del mundo exterior.
Ellos dijeron: «Esta serie de libros debe salir al mundo en un estilo moderno y sencillo que el lector común pueda comprender fácilmente».
Por lo tanto, la Luz y el Sentimiento Interiores se han considerado de primera importancia al presentar esta Verdad, y las palabras empleadas para expresar esa Luz y ese Sentimiento son las más directas y de más fácil comprensión para el lector.
Los Maestros Ascendidos nunca emplean terminología complicada, cualquiera que sea la opinión humana, pues cuanto más se acerca uno a la Verdad Eterna, más directo y conciso es el lenguaje con que se la reviste.
Al presentar este libro a nuestros lectores, hemos mantenido la Luz y el Sentimiento en primer lugar, y la forma literaria enteramente en segundo plano.
El material de los dos primeros libros es simplemente un registro de las experiencias del autor en el orden en que ocurrieron los acontecimientos, expuesto con la mayor claridad posible y con palabras que transmiten al lector el sentimiento de esas experiencias.
Si el lector tiene esto presente, también podrá recibir la efusión de Luz que abrirá oportunidades para que experiencias trascendentes semejantes lleguen a él de una manera perfectamente normal, segura y armoniosa, para su bendición e Iluminación permanentes.
En amoroso servicio a la Luz,
LOTUS RAY KING
TRIBUTO
HA llegado el momento en que la Gran Sabiduría, conservada y custodiada durante muchos siglos en el Lejano Oriente, salga ahora a la luz en América, por mandato de esos Grandes Maestros Ascendidos que dirigen, protegen y ayudan a expandir la Luz en la humanidad sobre esta Tierra.
El Gran Maestro Ascendido Saint Germain, a lo largo de esta serie de libros, es uno de esos Poderosos Emisarios de la Jerarquía Espiritual de los Maestros Ascendidos que gobiernan este planeta.
Él es la misma Gran «Presencia» Maestra que actuó en la Corte de Francia antes y durante la Revolución Francesa y cuyos consejos, de haber sido atendidos, habrían evitado grandes sufrimientos. Fue debido a Su trascendente Poder Divino que en aquel tiempo se le llamó «Der Wundermann» de Europa. Está indisolublemente ligado a América —pasado, presente y futuro—, pues una parte muy importante de su labor sobre esta Tierra consiste en purificar, proteger e iluminar al pueblo de América, para que ella pueda ser la Portadora del «Cáliz de Luz» a las naciones de la Tierra en la Edad Dorada que se abre ante nosotros.
La propia libertad de América al comienzo de su existencia se debió en gran medida a sus incansables esfuerzos por proteger y alentar a quienes fueron responsables de su nacimiento. La redacción de la Declaración de Independencia fue también resultado directo de su ayuda e influencia, y fueron su amor, protección y guía los que sostuvieron a Washington y Lincoln durante las horas más oscuras de sus vidas.
Este Bienamado Hermano de la humanidad, que trabaja incansablemente por su Luz y Libertad, está aun ahora, en la hora presente, trabajando en América en el mundo de los asuntos gubernamentales y produciendo ciertos cambios benéficos que la bendecirán y, a través de ella, al mundo. Durante muchos años todavía, los pueblos de América y de la Tierra no sabrán cuánto del bien que poseen deben a este Gran Maestro Ascendido, a quien es imposible hacer plena justicia salvo mediante el más profundo amor, obediencia y servicio al Ideal que representa y por el cual trabaja sin cesar.
Este conocimiento íntimo de sus actividades en nuestro país hace posible un sentimiento de estrecho contacto y amor hacia él que se convierte en una fuerza viva y tangible en la vida del lector.
La Radiación de este libro es tal que solo puede ser dada por un Maestro Ascendido que, en este caso, es el Gran y Bienamado «Portador de la Luz», Saint Germain.
GODFRÉ RAY KING
PREFACIO
FUE gracias a la asistencia de Saint Germain que tuve el privilegio de vivir las experiencias registradas en esta serie de libros, y que se concedió permiso para ponerlas en una forma que pudiera darse al público. Nadie puede comprender, a menos que también haya recibido una ayuda semejante, cuán grandes y eternos son mi amor y gratitud hacia él y hacia los demás Maestros Ascendidos cuya asistencia recibí.
Con excepción de Saint Germain, los nombres reales de los Maestros Ascendidos, los lugares exactos, los registros y el tesoro aquí descritos se mantienen ocultos intencionadamente —por orden suya— por razones evidentes, porque solo mediante el Servicio de Amor y la invitación de los Maestros Ascendidos se adquiere el derecho de estar con ellos en cuerpos visibles, tangibles, vivos y respirantes. Cualquier otra forma de aproximación está destinada a encontrar decepción y fracaso, pues la Gran «Presencia» y el Poder que los han guardado a través de los siglos todavía los guardan.
La propia pureza Interior, la fortaleza y el logro de cada uno son los únicos pasaportes mediante los cuales se entra en estas actividades y se llega a la asociación con los Maestros Ascendidos. Cuando un individuo, mediante la autocorrección consciente de sus debilidades, alcanza cierto punto, nada en el universo puede mantenerlo apartado de Ellos.
En América se encuentra uno de los Focos más Antiguos de la Gran Hermandad Blanca, que trabaja por la libertad del hombre desde su llegada a este planeta. Algunas de las actividades de este Retiro se revelan al lector para que, si está preparado, pueda establecer contacto consciente, mediante su propia Luz Interior, con la Luz Mayor que se derrama a través de este poderoso centro de Radiación Divina y, de ese modo, beber de nuevo en la Fuente de la Sabiduría Antigua y llevar el Cáliz de Cristal de Paz, Amor y Fortaleza a sus hermanos cansados.
El propósito de poner este libro en manos del público es transmitir al individuo el aliento y la fortaleza que lo elevarán y sostendrán durante el período de transición en el que ahora nos encontramos, y revelar algo del fundamento sensato y sólido sobre el cual, en esta hora, se están construyendo el futuro de nuestro país y la era que viene.
Este libro está escrito en el abrazo de la majestuosa e imponente presencia del Monte Shasta, cuya cima está revestida para siempre de ese blanco puro y resplandeciente, símbolo de la «Luz de la Eternidad». Sus páginas son un registro del camino por el cual fui puesto en contacto con el Bienamado Maestro Saint Germain y con los demás Grandes Maestros Ascendidos que trabajan sin cesar para ayudar a la humanidad de esta Tierra mientras lucha en el Sendero de la Paz, el Amor, la Luz y la Perfección Eterna.
Yo, que viví esta experiencia, mantuve firmemente un gran deseo dominante surgido del Interior: ver, oír y conocer, infaliblemente, la Verdad de la Vida. Fui guiado paso a paso hasta reconocer y aceptar la Magna «Presencia» de Dios dentro de mi propio Ser —la «Luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo»—, el «Cristo». Se me reveló un modo de establecer contacto con la «Luz», Su Omnipresencia Omnisciente y Su Actividad Infalible, y lo ofrezco al lector en estas páginas.
Solo puedo registrar una parte de los acontecimientos que tuvieron lugar y de la instrucción que recibí. Uno a uno, mis grandes deseos se han cumplido porque esos deseos eran desinteresados. Mi búsqueda de la Verdad y de la felicidad ha sido larga y constante, pero he encontrado ambas y ningún ser humano puede arrebatármelas, porque son eternas y proceden de mi propio Gran Yo Divino. Al presentar esta experiencia, mi más profunda oración es que el lector pueda recibir la «Luz», ser bendecido y prosperar en su camino mientras recorre el Sendero de la Verdad, en el cual únicamente puede encontrarse la felicidad permanente. Allí, y solo allí, el buscador de la «Luz» encontrará Paz Eterna y Actividad en el Servicio de Amor. Si mi esfuerzo presente al enviar estos libros al mundo puede llevar algo del Amor, la Luz y la Felicidad que he recibido a aquellos de la Tierra que también han estado buscando la «Luz», quedaré ampliamente recompensado.
El dicho «La verdad es más extraña que la ficción» se aplica a este libro. El lector es libre de aceptarlo o rechazarlo según elija, pero los Maestros Ascendidos, cuya ayuda he recibido, me han dicho a menudo: —«Cuanto más pueda la humanidad aceptar nuestra Presencia, más ampliamente abre la puerta para que Nosotros podamos derramar sobre ella una ayuda cada vez mayor; pero el rechazo de Nosotros por parte de quienes no están de acuerdo con esta Verdad no Nos elimina a Nosotros ni elimina esa Verdad de la existencia y actividad en el Universo».
Quienes acepten la Verdad aquí registrada encontrarán una nueva y poderosa «Fuerza» entrando en sus vidas. Cada ejemplar lleva consigo esta Magna «Presencia», Su Radiación y Su Poder Sustentador. Todos los que estudien estas páginas honesta, profunda, sincera y persistentemente conocerán y establecerán contacto con la Realidad de esa «Presencia» y Poder. A quienes lean esta obra deseo decirles que estas experiencias son tan reales y verdaderas como la existencia de la humanidad sobre esta Tierra hoy, y que todas ocurrieron durante agosto, septiembre y octubre de 1930, en el Monte Shasta, California, Estados Unidos.
GODFRÉ RAY KING
LA ASCENSIÓN
Por CHANERA
Siento Mi Llama Divina tocar mi frente,
El Aliento del Amor —eterno ahora—;
Levanto los ojos y, he aquí, veo
Mi propio Gran Yo Divino sobre mí.
Una nube deslumbrante todo envuelve,
Oigo llamar a Mi Propia «Presencia» de Dios,
Siento el impulso del gran poder del Amor,
Entro profundamente en Su Aliento, en Su Luz.
Veo dentro de esta Llama Palpitante,
Escucho y oigo mi Nombre Secreto,
Siento el resplandor, el Aliento de la Gran Llama,
Soy el Vencedor sobre la muerte.
Me alzo libre, ascendido ahora;
Ante la Luz de mi corazón, todo se inclina:
Soy un Ser de Causa solamente,
Y esa Causa es el Amor, el Tono Sagrado.
Derramo Vida, elevo, levanto;
Mi corazón rebosa y canta su alabanza;
Mi poder fortalece e inspira,
Mis Grandes Rayos de Luz son los propios Fuegos de Dios.
Soy un Sol; mi Amor, Su Luz;
Todo lo demás palidece, la Tierra se pierde de vista;
Sé que soy Dios, el Uno,
La Fuente, el Gran, Gran Sol Central.
ÍNDICE
CAPÍTULO I — Encuentro con el Maestro 9
CAPÍTULO II — El desierto del Sahara 21
CAPÍTULO III — El Royal Teton 35
CAPÍTULO IV — Misterios de Yellowstone 48
CAPÍTULO V — Memorias incaicas 54
CAPÍTULO VI — Ciudades enterradas del Amazonas 67
CAPÍTULO VII — El Valle Secreto 78
CAPÍTULO VIII — El Poder Omnipresente de Dios 85
CAPÍTULO IX — Venus visita el Royal Teton 95
MISTERIOS DEVELADOS
CAPÍTULO I
Encuentro con el Maestro
EL MONTE SHASTA se destacaba audazmente contra el cielo occidental, rodeado en su base por un crecimiento de pinos y abetos que lo hacía parecer una joya de blancura brillante como el diamante, sostenida en un engarce afiligranado de verde. Sus cumbres cubiertas de nieve resplandecían y cambiaban de color de un momento a otro, mientras las sombras se alargaban con el descenso del Sol hacia el horizonte.
Corría el rumor de que había allí un grupo de hombres —Hombres Divinos, en realidad— llamado la Fraternidad del Monte Shasta, que constituía una rama de la Gran Logia Blanca, y que este Foco, desde tiempos muy antiguos, había continuado ininterrumpidamente hasta el día presente.
Yo había sido enviado por asuntos gubernamentales a un pequeño pueblo situado al pie de la montaña y, mientras estaba ocupado en ello, empleaba mi tiempo libre tratando de desentrañar ese rumor acerca de la Fraternidad. Sabía, por mis viajes en el Lejano Oriente, que la mayoría de los rumores, mitos y leyendas tienen en alguna parte de su origen una profunda Verdad subyacente que por lo general permanece sin ser reconocida por todos, excepto por quienes son verdaderos estudiantes de la Vida.
Me enamoré de Shasta y cada mañana, casi involuntariamente, saludaba al Espíritu de la Montaña y a los Miembros de la Orden. Percibía algo muy poco común en toda la región y, a la luz de las experiencias que siguieron, no me sorprende que algunas de ellas proyectaran de antemano sus sombras.
Las largas caminatas por los senderos se habían convertido en mi costumbre cada vez que quería pensar a solas o tomar decisiones de seria importancia. Allí, sobre aquel gran Gigante de la Naturaleza, encontraba recreación, inspiración y paz que calmaban mi alma y vigorizaban mente y cuerpo.
Había planeado una de esas caminatas —por placer, según creía— para pasar algún tiempo en lo profundo del corazón de la montaña, cuando la experiencia que sigue entró en mi vida y la cambió tan completamente que casi podía creer que me encontraba en otro planeta, de no ser por mi regreso a la rutina habitual en la que había estado ocupado durante meses.
La mañana en cuestión, salí al amanecer decidido a seguir adonde me llevara la fantasía y, de un modo vago, pedí a Dios que dirigiera mi camino. Al mediodía había subido bastante por la ladera de la montaña, desde donde la vista hacia el sur era hermosa como un sueño.
A medida que avanzaba el día, hizo mucho calor y me detuve con frecuencia para descansar y disfrutar plenamente de la extraordinaria extensión de terreno alrededor del río McCloud, del valle y del pueblo. Llegó la hora del almuerzo y busqué un manantial de montaña para obtener agua clara y fría. Con la taza en la mano, me incliné para llenarla cuando una corriente eléctrica atravesó mi cuerpo de la cabeza a los pies.
Miré a mi alrededor y, justo detrás de mí, había un joven que, a primera vista, parecía estar de excursión como yo. Lo observé con mayor atención y comprendí de inmediato que no era una persona común. Mientras este pensamiento pasaba por mi mente, sonrió y se dirigió a mí diciendo:
«Hermano mío, si me das tu taza, te daré una bebida mucho más refrescante que el agua del manantial». Obedecí e instantáneamente la taza se llenó de un líquido cremoso. Al devolvérmela, dijo:
«Bébelo».
Así lo hice, y debí de mostrar mi asombro. Aunque el sabor era delicioso, el efecto eléctrico y vivificante producido en mi mente y en mi cuerpo me hizo jadear de sorpresa. No lo vi poner nada en la taza, y me preguntaba qué estaba ocurriendo.
«Eso que bebiste», explicó, «procede directamente del Suministro Universal, puro y vivificante como la Vida Misma; de hecho, es Vida —Vida Omnipresente—, pues existe por todas partes a nuestro alrededor. Está sujeta a nuestro control y dirección conscientes y obedece voluntariamente cuando Amamos lo suficiente, porque todo el Universo obedece el mandato del Amor. Todo lo que deseo se manifiesta cuando lo ordeno con Amor. Extendí la taza y apareció aquello que deseé para ti. ¡Mira! Solo tengo que extender la mano y, si deseo utilizar oro, aquí está el oro». Instantáneamente apareció en la palma de su mano un disco del tamaño aproximado de una moneda de oro de diez dólares. Continuó:
«Veo dentro de ti cierta comprensión Interior de la Gran Ley, pero exteriormente todavía no eres suficientemente consciente de Ella como para producir directamente del Suministro Universal Omnipresente aquello que deseas. Has deseado ver algo de esta naturaleza con tanta intensidad, honestidad y determinación que ya no podía seguir siéndote negado.
«Sin embargo, la precipitación es una de las actividades menos importantes de la Gran Verdad del Ser. Si tu deseo no hubiera estado libre de egoísmo y de la fascinación por los fenómenos, una experiencia semejante no habría podido llegar a ti. Al salir de casa esta mañana, pensabas que venías de excursión, es decir, hasta donde alcanzaba la actividad exterior de tu mente. En un sentido más profundo y amplio, en realidad estabas siguiendo el impulso de tu Yo Divino Interior, que te condujo a la persona, el lugar y la condición en los cuales tu deseo más intenso podía ser cumplido.
«La Verdad de la Vida es que no puedes desear aquello cuya manifestación no sea posible en alguna parte del Universo. Cuanto más intenso sea el sentimiento dentro del deseo, más rápidamente será alcanzado. Sin embargo, si alguien es lo bastante insensato como para desear algo que perjudique a otro de los hijos de Dios o a cualquier otra parte de Su Creación, entonces esa persona pagará la penalidad en forma de discordia y fracaso en algún punto de su propia experiencia de Vida.
«Es muy importante comprender plenamente que la intención de Dios para cada uno de Sus hijos es la abundancia de toda cosa buena y perfecta. Él creó la Perfección y dotó a Sus hijos exactamente del mismo poder. Ellos también pueden crear y mantener la Perfección y expresar Dominio Divino sobre la Tierra y todo cuanto hay en ella. La humanidad fue creada originalmente a Imagen y Semejanza de Dios. La única razón por la que todos no manifiestan Dominio es porque no utilizan su Autoridad Divina, aquello con lo que cada individuo está dotado y por medio de lo cual está destinado a gobernar su mundo. Así, no obedecen la Ley del Amor derramando paz y bendición sobre toda la creación.
«Esto ocurre porque no se aceptan ni se reconocen a sí mismos como Templos del Altísimo Dios Viviente, ni mantienen este reconocimiento con eterna conciencia de ello. La humanidad, en su actual y aparente limitación de tiempo, espacio y actividad, se encuentra en la misma condición que una persona necesitada a quien alguien ofreciera un puñado de dinero. Si quien lo necesita no diera un paso adelante y aceptara el dinero que se le ofrece, ¿cómo podría recibir alguna vez el beneficio que este podría proporcionarle?
«La masa de la humanidad se encuentra exactamente en este estado de conciencia hoy y continuará en él hasta que acepte al Dios dentro de sus corazones como el Dueño, Dador y Hacedor de todo el Bien que alguna vez haya entrado en sus vidas y en su mundo.
«El yo personal de cada individuo debe reconocer completa e incondicionalmente que la actividad humana o exterior de la conciencia no tiene absolutamente nada propio. Incluso la energía mediante la cual uno reconoce al Gran Dios Interior es irradiada al yo personal por el Gran Yo Divino.
«El Amor y la alabanza al Gran Yo Interior y la atención mantenida enfocada sobre la Verdad, la salud, la libertad, la paz, el suministro o cualquier otra cosa que puedas desear para un uso correcto, sostenidos persistentemente en tu pensamiento y sentimiento conscientes, los traerán a tu uso y a tu mundo con tanta seguridad como existe una Gran Ley de Atracción Magnética en el Universo.
«La Ley Eterna de la Vida es: “Lo que piensas y sientes lo traes a la forma; donde está tu pensamiento, allí estás tú, porque tú eres tu conciencia; y aquello sobre lo cual meditas, en eso te conviertes”.
«Cuando uno permite que su mente permanezca en pensamientos de odio, condenación, lujuria, envidia, celos, crítica, miedo, duda o sospecha, y permite que estos sentimientos de irritación se generen dentro de él, ciertamente tendrá discordia, fracaso y desastre en su mente, cuerpo y mundo. Mientras persista en permitir que su atención quede retenida por tales pensamientos —ya se refieran a naciones, personas, lugares, condiciones o cosas—, está absorbiendo esas actividades en la sustancia de su mente, su cuerpo y sus asuntos. En realidad está obligándolas —forzándolas— a entrar en su experiencia.
«Todas estas actividades discordantes alcanzan al individuo y a su mundo por medio de su pensamiento y sentimiento. El sentimiento suele surgir antes de que uno sea consciente, en la conciencia exterior, del pensamiento que podría emplear para controlarlo, y esta clase de experiencia debería enseñarle cuán grande es la energía contenida en sus muchas creaciones, acumulada por hábito.
«La actividad del sentimiento de la Vida es el punto más desprotegido de la conciencia humana. Es la energía acumulativa mediante la cual los pensamientos son impulsados hacia la sustancia atómica y, de ese modo, los pensamientos se convierten en cosas. Te digo que nunca se puede insistir demasiado en la necesidad de vigilar el sentimiento, pues el control de las emociones desempeña el papel más importante de todos en la Vida para mantener el equilibrio en la mente, la salud en el cuerpo, el éxito y el logro en los asuntos y en el mundo del yo personal de cada individuo. Los pensamientos nunca pueden convertirse en cosas hasta que están revestidos de sentimiento.
«El Espíritu Santo es el aspecto del sentimiento de la Vida —Dios—, la Actividad del Amor Divino o la Expresión Materna de la Divinidad. Por eso se dice que el pecado contra el Espíritu Santo trae tan gran aflicción, pues cualquier discordia en el sentimiento quebranta la Ley del Amor, que es la Ley del Equilibrio, la Armonía y la Perfección.
«El mayor crimen del Universo contra la Ley del Amor es el envío casi incesante, por parte de la humanidad, de toda clase de sentimiento irritable y destructivo.
«Llegará el día en que la raza comprenderá y reconocerá que las fuerzas siniestras y destructivas que se manifiestan sobre esta Tierra y en su atmósfera —generadas, fíjate bien, por el pensamiento y sentimiento humanos— solo han podido entrar en los asuntos de individuos o naciones debido a la falta de control de las emociones en la experiencia personal cotidiana de cada uno. Incluso los pensamientos destructivos no pueden expresarse como acción o acontecimientos, ni convertirse en cosas físicas, salvo pasando por el mundo del sentimiento, pues es en esta fase de la manifestación donde tiene lugar la actividad de coalescer el átomo físico sobre las formas de pensamiento.
«Así como el ruido de una explosión repentina conmociona el sistema nervioso de quien lo oye —estableciendo una sensación de temblor en la estructura celular del cuerpo—, exactamente del mismo modo los estallidos de sentimiento irritado conmocionan, perturban y desorganizan la sustancia más fina de la estructura atómica de la mente, el cuerpo y el mundo de la persona que los emite, consciente o inconscientemente, intencional o involuntariamente.
«El sentimiento discordante produce las condiciones que llamamos desintegración, vejez, falta de memoria y cualquier otro fracaso en el mundo de la experiencia humana. El efecto sobre la estructura corporal es el mismo que se produciría en un edificio si el mortero que mantiene unidos los ladrillos recibiera golpes repetidos y cada día estos aumentaran. Ese impacto continuo separaría las partículas que componen el mortero; el edificio se derrumbaría hasta convertirse en una masa caótica y la forma dejaría de existir.
«Eso es lo que la humanidad está haciendo constantemente a la estructura atómica del cuerpo humano.
«Dar expresión a los pensamientos y sentimientos discordantes dentro de uno mismo es el camino de menor resistencia y la actividad habitual del individuo no desarrollado, indisciplinado y obstinado que se niega a comprender la “Ley de su propio Ser” y a llevar al yo personal —que no es sino su instrumento de expresión— a la obediencia a “Esa Ley”.
«Quien no puede o no quiere controlar sus pensamientos y sentimientos se encuentra en una mala situación, pues cada puerta de su conciencia está completamente abierta a las actividades desintegradoras emitidas por las mentes y emociones de otras personalidades. No se necesita fuerza, sabiduría ni entrenamiento para ceder a impulsos poco bondadosos y destructivos, y los seres humanos adultos que lo hacen no son sino niños en el desarrollo del autocontrol.
«Es una plaga sobre la Vida de la humanidad que se enseñe tan poco control de las emociones desde la cuna hasta la tumba. La Atención a este punto particular es la mayor necesidad del mundo occidental hoy. Es fácil ceder a pensamientos, sentimientos y actividades discordantes porque la masa de la humanidad está sumergida, por así decirlo, en un ambiente y asociaciones enteramente creados por ella misma.
«El individuo, mediante el control de su conciencia exterior, debe hacer el esfuerzo de elevarse fuera de esta condición por su propio libre albedrío para trascender estas limitaciones permanentemente, y nadie puede esperar librar su vida y su mundo de la miseria, la discordia y la destrucción hasta que ponga rienda a su propio pensamiento y sentimiento. De esta manera se niega a permitir que la Vida —que fluye a través de su mente y su cuerpo— sea calificada por la discordia resultante de cada pequeño acontecimiento perturbador del mundo que lo rodea.
«Al principio, semejante disciplina sí requiere un esfuerzo decidido y continuo, pues los pensamientos y sentimientos del noventa y cinco por ciento de la humanidad corren tan libres y descontrolados como un pequeño perro vagabundo.
«Sin embargo, no importa cuánto esfuerzo haga falta para poner estas dos actividades bajo control: vale cualquier cantidad de tiempo, energía y esfuerzo, y ningún Dominio real y permanente de la propia Vida y mundo puede producirse sin ello. Será para mí un placer y un privilegio enseñarte el uso de estas Leyes Superiores. Su aplicación y uso te permitirán liberar la Verdadera Sabiduría y producir Toda Perfección.
«El primer paso para controlarte a ti mismo es aquietar toda actividad exterior tanto de la mente como del cuerpo. De quince a treinta minutos por la noche antes de retirarte y por la mañana antes de comenzar el trabajo del día, utilizando el siguiente ejercicio, harán maravillas por cualquiera que realice el esfuerzo necesario.
«Como segundo paso: asegúrate de que no te molesten y, después de quedarte muy quieto, imagina y siente tu cuerpo envuelto en una Luz Blanca Deslumbrante. Durante los primeros cinco minutos, mientras sostienes esta imagen, reconoce y siente intensamente la conexión entre el yo exterior y Tu Magno Dios Interior, enfocando tu atención en el centro del corazón y visualizándolo como un Sol Dorado.
«El paso siguiente es el reconocimiento: “Ahora acepto gozosamente la plenitud de la Magna Presencia de Dios —el Cristo Puro—”. Siente el gran resplandor de la “Luz” e intensifícala en cada célula de tu cuerpo durante por lo menos diez minutos más.
«Luego cierra la meditación con el mandato: I AM un Hijo de la “Luz” —amo la “Luz” —sirvo a la “Luz” —vivo en la “Luz” —soy protegido, iluminado, provisto y sostenido por la “Luz”, y bendigo la “Luz”.
«Recuerda siempre: “Uno se convierte en aquello sobre lo que medita”, y puesto que todas las cosas han surgido de la “Luz”, la “Luz” es la Perfección Suprema y el Control de todas las cosas.
«La contemplación y adoración de la “Luz” obligan a que la Iluminación tenga lugar en la mente, a que la salud, la fortaleza y el orden entren en el cuerpo, y a que la paz, la armonía y el éxito se manifiesten en los asuntos de todo individuo que realmente lo haga y procure mantenerlo.
«A través de todos los siglos, en cada época y bajo toda condición, todos aquellos que han expresado los mayores logros de la Vida nos han dicho que la “Luz” es Suprema, que la “Luz” está en todas partes y que en la “Luz” existen todas las cosas.
«Esa Verdad es tan verdadera hoy como lo era hace un millón de años. Hasta donde alcanza cualquier registro de la humanidad, los sabios y grandes de todas las edades aparecen representados con una radiación de “Luz” a su alrededor, emanando de la cabeza y el cuerpo de cada uno.
«Esta “Luz” es real, tan real como las luces eléctricas de vuestros hogares. No está lejano el día en que se construirán máquinas capaces de revelar a la vista física, para cualquiera que desee observarla, la emanación de “Luz” alrededor de cada individuo. Una máquina semejante mostrará también la contaminación o decoloración que se convierte en una nube alrededor de la “Luz” de Dios, generada por el yo personal mediante pensamientos y sentimientos discordantes. Esta —y solo esta— es la manera en que la energía de la Gran Corriente de Vida es mal utilizada y mal calificada.
«Si practicas fielmente este ejercicio y lo sientes en cada átomo de tu mente y cuerpo con profunda, profunda intensidad, recibirás abundantes pruebas de la Tremenda Actividad, Poder y Perfección que moran y están eternamente activos dentro de la “Luz”. Cuando hayas experimentado esto, aunque solo sea por poco tiempo, ya no necesitarás ninguna otra prueba. Te conviertes en tu propia prueba. La “Luz” es El Reino. Entra en Ella y SÉ, en paz. Regresa a la Casa del Padre. Después de los primeros diez días de utilizar este ejercicio, es bueno hacerlo tres veces al día: mañana, mediodía y noche.
«A menudo oímos la queja: “¡Oh! No puedo dedicar todo ese tiempo”. A cualquiera que sea de esa opinión deseo decirle sencillamente esto:
«El tiempo que la persona promedio emplea en criticar, condenar y culpar a personas, condiciones y cosas por no ser distintas de lo que son, si se ocupara en este reconocimiento y uso de la “Luz”, haría que el Cielo se manifestara en la Tierra para el individuo que se atreva a intentarlo y tenga suficiente determinación para mantenerlo. Nada es imposible. La “Luz” nunca falla.
«La “Luz” es el modo de Dios de crear y mantener Orden, Paz y Perfección en toda Su Creación. Todo ser humano sobre esta Tierra puede disponer de todo el tiempo que quiera para hacerlo cuando su deseo de hacerlo sea suficientemente intenso. La intensidad del deseo mismo reordenará el mundo de personas, condiciones y cosas para proporcionar ese tiempo, si sinceramente desea utilizarlo para su ascenso. Nadie en el mundo es una excepción a Esa Ley, pues el deseo intenso de hacer algo constructivo, cuando se vuelve lo suficientemente intenso, es el Poder de Dios que libera la energía necesaria para crear y expresar la cosa deseada.
«Todos tienen el mismo privilegio supremo de contacto con la Todopoderosa Presencia de Dios, y Ella es el Único Poder que alguna vez elevó, eleva ahora o elevará al yo personal y su mundo por encima de la discordia y la limitación terrenales.
«Hijo mío Bienamado, inténtalo con gran determinación y sabe que Dios en Ti es Tu Victoria Segura.»
Al terminar su discurso, comencé a comprender que debía de ser uno de los Maestros Ascendidos, pues no solo me había dado una prueba de su Dominio sobre los elementos mediante la precipitación, sino que también me había instruido y explicado mientras lo hacía. Permanecí sentado preguntándome cómo era posible que me conociera.
«Hijo mío», dijo, respondiendo de inmediato a mi pensamiento, «te conozco desde hace eones. Al elevar tu pensamiento —mediante tu propio esfuerzo consciente— hiciste posible que viniera a ti en este momento. Aunque siempre he estado en contacto contigo cuando ambos estábamos en nuestros cuerpos más sutiles, tu esfuerzo consciente por alcanzar a alguno de los Maestros Ascendidos abrió el camino para que yo pudiera venir a ti de un modo mucho más tangible, es decir, tangible para tus sentidos físicos.
«Veo que todavía no me reconoces del todo en tu conciencia exterior. Estuve presente en tu nacimiento, en la transición de tu madre y fui instrumento para reunir a Lotus y a ti —en el momento apropiado— para que tu logro no se retrasara. Asimismo, ayudé a asociarte a ti y a tu hijo en esta encarnación. Sin embargo, ten paciencia.
«Permanece quieto unos instantes, obsérvame atentamente y te revelaré mi identidad». Hice lo que me pidió y, quizá al cabo de un minuto entero, vi que su rostro, cuerpo y vestiduras se convertían en la «Presencia» viva, respirante y tangible del Maestro Saint Germain, que sonreía ante mi asombro y disfrutaba de mi sorpresa.
Allí estaba ante mí —una Magnífica figura semejante a un Dios— vestido con una túnica blanca adornada de joyas, con una Luz y un Amor centelleando en sus ojos que revelaban y demostraban el Dominio y la Majestad que le pertenecen.
«Este», explicó, «es el cuerpo en el que trabajo gran parte del tiempo cuando me ocupo del bienestar de la humanidad, a menos que la labor que realizo en ese momento requiera un contacto más estrecho con el mundo exterior de los asuntos; en tal caso, hago que mi cuerpo adopte las características y la vestimenta de la nación con la que estoy trabajando en ese momento».
«¡Oh!», exclamé, «ahora te reconozco, pues te he visto muchas veces así en los niveles Interiores de conciencia».
«Hijo mío», explicó, «¿no ves lo que es en realidad la verdadera Maestría? Nosotros —en el Estado Ascendido— podemos controlar la estructura atómica de nuestro mundo como un alfarero controla su arcilla. Cada electrón y átomo del universo obedece a nuestro deseo y mandato debido al Poder de Dios mediante el cual lo controlamos y del cual hemos ganado el derecho de ser Directores.
«La humanidad en el estado no ascendido se maravilla ante estas cosas, pero te digo que no supone para nosotros mayor esfuerzo cambiar la apariencia y actividad de nuestros cuerpos que para un ser humano corriente cambiarse de ropa. La desafortunada condición de la conciencia humana que mantiene a los individuos en sus limitaciones autocreadas es la actitud mental que teme o ridiculiza aquello que no comprende o, peor aún, que en su ignorancia dice: “Eso es imposible”. Algo puede no ser probable bajo determinadas condiciones humanas, pero el Yo Divino, que es la Gran “Luz”, puede cambiar todas las condiciones humanas, de modo que nada es imposible.
«Cada individuo tiene dentro de sí la Llama Divina de Vida, y ese Yo Divino posee Dominio dondequiera que se mueva en el Universo. Si él, por su propia inercia mental, no quiere realizar el esfuerzo necesario para reordenar sus antiquísimos hábitos de mente y cuerpo, continúa atado por las cadenas de su propia forja; pero si elige conocer al Dios dentro de sí mismo y se atreve a dar a ese Yo Divino todo el control de sus actividades exteriores, recibirá nuevamente el conocimiento de su Dominio sobre toda sustancia, que le pertenece desde el principio.
«Ha llegado el momento en que muchos miembros de la humanidad están despertando rápidamente y, de alguna manera, deben llegar a comprender que han vivido una y otra vez en cientos —a veces miles— de vidas, cada vez en un nuevo cuerpo físico.
«La Ley de la reencarnación es la actividad en el crecimiento humano que da al individuo la oportunidad de restablecer el equilibrio en condiciones que él ha conscientemente desequilibrado. No es sino una actividad de la ley de compensación —causa y efecto—, o lo que podría llamarse un proceso automático de equilibrio que gobierna todas las fuerzas en todas partes del Universo. La correcta comprensión de esta Ley proporciona la explicación de muchas condiciones de la experiencia humana que, de otro modo, parecen completamente injustas. Es la única explicación lógica de las infinitas complejidades y experiencias de la creación humana, y revela la operación y la Ley sobre las cuales descansa toda manifestación. Hace comprender que no existen el azar ni el accidente. Todo está bajo una Ley directa, exacta y Perfecta. Toda experiencia de conciencia tiene una causa anterior y, al mismo instante, toda cosa es causa de un efecto futuro.
«Si un hombre ha perjudicado a una mujer en una vida, con certeza reencarnará en una forma femenina y pasará por una experiencia semejante hasta que comprenda y experimente aquello que hizo soportar a otra persona. Lo mismo ocurre si una mujer es injusta o perjudica a un hombre. Esta es la única manera mediante la cual uno es obligado, o mejor dicho se obliga a sí mismo, a experimentar tanto la causa como el efecto de todo lo que genera en el mundo. El individuo puede crear y experimentar cuanto quiera en su propio mundo, pero si elige hacer aquello que ocasiona a otros una experiencia de discordia, entonces se obliga a sí mismo a pasar por una condición semejante hasta que comprende cuál es el efecto de su propia creación sobre el resto de la Vida del Universo.
«Ven conmigo y revisemos la vida física en la que utilizaste una forma femenina en Francia, donde fuiste una cantante de espléndido logro, con una voz de belleza y poder excepcionales».
Inmediatamente, sin el menor esfuerzo de mi parte, me encontré fuera de mi cuerpo físico, viéndolo claramente mientras reposaba sobre el suelo. Me pregunté si estaría seguro allí en la ladera de la montaña y, respondiendo a mi pensamiento, Saint Germain dijo:
«No te inquietes. Nada en el mundo puede dañar tu cuerpo mientras estemos ausentes. ¡Observa!»
Instantáneamente lo vi rodeado por una Llama Blanca que formaba un círculo de unos quince metros de diámetro.
Colocó su brazo derecho alrededor de mí y vi que nos elevábamos rápidamente del suelo, pero pronto me ajusté a su acción vibratoria. No había una sensación definida de movimiento a través del espacio, aunque poco después mirábamos hacia abajo sobre una aldea del sur de Francia, y continuó:
«Aquí naciste como hija única de una hermosa mujer cuya vida era un ejemplo de idealismo muy adelantado respecto de la mayoría de la gente de aquel período. Tu padre fue un esposo y compañero sumamente devoto, muy culto e inspirado por el primitivo Espíritu Cristiano.
«El éter atmosférico de cada ambiente registra todo lo que alguna vez ha ocurrido en esa localidad. Revivificaré estos Registros Etéricos y verás imágenes vivas que muestran cada detalle de tu vida.
«Cantabas en la iglesia de esta aldea y estudiabas con una maestra que persuadió a tus padres para que le permitieran formarte. Avanzaste con rapidez y después recibiste ventajas todavía mayores cuando ellos se trasladaron a París. Tras un año de estudio intensivo, se presentó una oportunidad para cantar ante la Reina de Francia y, gracias a su patronazgo, apareciste en muchos de sus salones. Esto te aseguró una carrera musical exitosa. Francia y el éxito derramaron sus dones sobre ti durante los cinco años siguientes, y acumulaste una gran riqueza.
«De pronto, ambos padres pasaron por el cambio llamado muerte, y el impacto para ti fue muy grande, seguido por muchas semanas de grave enfermedad. Cuando te recuperaste y volviste al trabajo de concierto, una nueva cualidad de simpatía había entrado en tu voz a través de la reciente experiencia del dolor.
«Un hombre que había dirigido buena parte de tus estudios musicales se convirtió en director de tu labor pública, y llegaste a depender de él como de alguien que parecía digno de confianza. Siguieron catorce años de brillante éxito, al final de los cuales enfermaste repentinamente y falleciste en el plazo de una semana. Tus joyas y riquezas quedaron al cuidado del director para ser utilizadas en ayuda de otros y para cumplir ciertos planes por los que habías trabajado toda tu vida. Apenas habían terminado los últimos ritos cuando un cambio completo tuvo lugar dentro de él. La codicia se apoderó de él por entero. Ahora te mostraré a ese hombre, a quien encontraste hace algunos años aquí en América, en tu vida presente. Estoy seguro de que recordarás claramente el incidente de negocios».
Entonces me mostró una asociación comercial en la que yo había intentado ayudar a varias personas mientras me encontraba en el Oeste unos diez años antes, en relación con un representante del gobierno belga.
«A ese hombre», continuó, «se le dio aquí una oportunidad de reparar el daño que te hizo en Francia. Se le mostró la situación y conocía perfectamente las circunstancias, porque se las mostramos; pero todavía no era lo bastante fuerte como para permitir que se cumpliera la Gran Ley Cósmica de Justicia y equilibrar aquella deuda. Si lo hubiera hecho por su propia voluntad, eso lo habría liberado de muchas maneras y le habría permitido progresar mucho más rápidamente en esta encarnación».
Así mantiene la vida exterior al individuo atado a la rueda de la necesidad, el renacimiento, la lucha continua y el dolor, hasta que dejamos que la «Luz del Cristo Interior» nos ilumine y purifique para que respondamos únicamente al Plan de Dios —Amor, Paz y Perfección para Su Creación—. Esta es la clase de lección que uno jamás olvida, porque la enseñanza objetiva registra la experiencia en la visión así como en la mente. El registro en la vista es más profundo y necesariamente recibe mayor atención de la actividad exterior del intelecto.
La esencia de aquella experiencia olvidada durante tanto tiempo quedó ciertamente fijada en mi memoria de manera permanente, pues puedo recordar cada detalle de ella hasta el día de hoy con la misma claridad que cuando la observé con él.
«Ahora», continuó, «recordemos otra de tus encarnaciones, una que tuviste en Egipto».
Nos elevamos de la Tierra y avanzamos rápidamente. Era muy consciente del Mediterráneo mientras pasábamos sobre sus hermosas aguas. Continuamos hasta Karnak y Luxor y, de nuevo, entramos en contacto con la Tierra.
«Observa atentamente», dijo. «Este registro pertenece a un templo muy antiguo de Luxor, no a aquellos cuyas ruinas exploran hoy los arqueólogos, sino a uno anterior a cualquiera de los que han sido descubiertos hasta ahora. Si supieran dónde buscar, encontrarían magníficos templos en un estado de conservación casi perfecto».
Indicó un lugar determinado lleno de ruinas, que es todo lo que los viajeros pueden ver hoy, y la escena fue reemplazada por la actividad en el éter tal como había sido originalmente, en toda su belleza y esplendor, mucho más magnífica que cualquier cosa que la generación actual pueda concebir.
Los jardines y estanques estaban rodeados por grandes pilares de mármol blanco y granito rosa. Toda la localidad cobró vida —real, vibrante— y se volvió tan tangible como cualquier ciudad física sobre la Tierra hoy. Todo era tan perfectamente natural y normal que le pregunté cómo hacía que aquellas experiencias fueran tan vívidas.
«El hombre y sus creaciones», respondió, «así como la Naturaleza, poseen una contraparte etérica —un patrón— que deja su impresión eterna sobre la atmósfera que lo rodea dondequiera que vaya. El patrón de la actividad y la experiencia de vida del individuo permanece en su propia aura todo el tiempo. Un registro semejante existe en el aura de cada localidad. Un Maestro Ascendido puede, si lo desea, revivificar o revestir nuevamente el registro de las actividades anteriores del individuo, dondequiera que esa persona se encuentre, porque el patrón sobre el cual el Maestro hace coalescer la estructura atómica está siempre en el aura del individuo. Cuando el Maestro reviste nuevamente el registro de una localidad, debe hacerlo en ese mismo lugar específico, pues un registro semejante, al ser revestido otra vez, se convierte en la misma forma y estructura vivientes que fue cuando se construyó por primera vez en sustancia física.
«De esta manera es posible hacer coalescer nuevamente la estructura física de edificios enteros y sus alrededores cuando un Maestro Ascendido así lo desea para cumplir algún propósito benéfico. Cuando uno ha alcanzado este Dominio dado por Dios, puede revestir y reanimar —y de hecho lo hace— cualquier Registro Etérico que desee hacer visible para la instrucción y beneficio de estudiantes y otras personas.
«Cuando hace esto, es tan real como la realidad misma, y los objetos revestidos nuevamente pueden ser fotografiados, manipulados y hechos físicamente tangibles para los sentidos físicos de quien los observa.
«¡Fíjate!», me recordó. «Estás experimentando estas actividades en tu cuerpo más sutil, pero no son menos reales por ello, pues tu cuerpo físico es solo una vestidura que tú, el individuo Autoconsciente, pensante y experimentador, llevas puesta.
«Es lo mismo que si usaras un abrigo pesado en la fría atmósfera del invierno y solo un traje ligero en un día de verano muy caluroso. Las experiencias vividas con tu traje ligero no serían ciertamente menos reales que las que vivieras con el abrigo pesado. Te llamo la atención sobre esto para que puedas comprender las actividades más plenas y menos limitadas de la Vida». Examinamos los terrenos, el campo circundante y la arquitectura.
«Ven, entremos», dijo y, mientras hablaba, avanzó y pasó por la entrada principal al interior del templo. Entonces nos convertimos en actores vivos y, al mismo tiempo, en observadores de la siguiente experiencia. Pasamos a la parte principal del templo y avanzamos hacia el Santuario Interior. El Sumo Sacerdote vino directamente hacia nosotros y parecía conocerme.
«Este sacerdote de los tiempos antiguos», explicó Saint Germain, «es ahora tu hijo». Apareció un sacerdote de rango inferior, a quien inmediatamente sentí que conocía, y comentó:
«El sacerdote asistente eras tú mismo». Entramos en el Santuario Interior y vimos a la virgen vestal custodiando el Fuego Sagrado. Aquella a quien contemplaba era Lotus, mi bienamada Rayo Gemelo, a quien conocí y con quien me casé hace algunos años y que es la madre de nuestro hijo.
La escena cambió y vimos a un príncipe visitante de una provincia distante planear apoderarse de la virgen vestal para hacerla su esposa. Todo parecía ir bien hasta que al Sumo Sacerdote se le mostró una visión de lo que estaba a punto de ocurrir. Aquello lo perturbó, pero guardó silencio.
Montando guardia mientras entraban los esclavos del príncipe, los observó acercarse al Santuario. Cuando estuvieron más cerca, avanzó y pronunció una sola palabra que significaba:
«¡Detente!»
Un esclavo, más audaz que los demás, siguió avanzando. El Sumo Sacerdote le ordenó retroceder, pero continuó acercándose. Cuando alcanzó cierto Círculo Sagrado de fuerza que emanaba del Altar, el sacerdote no vaciló más. Se adelantó hasta el borde exterior de aquella Radiación Protectora, levantó la mano derecha y señaló directamente al esclavo.
Un destello de Llama salió disparado como un relámpago y el esclavo cayó sin vida al suelo. El príncipe, que estaba observando, avanzó presa de una furia insensata.
«¡Detente!», ordenó nuevamente el sacerdote con una voz semejante a un trueno. El príncipe vaciló un instante, aturdido por el poder mismo de la palabra, y el sacerdote continuó:
«¡Escúchame! No profanarás el más elevado de los Dones de Dios al Templo de la Vida. ¡Vete, antes de seguir el ejemplo de tu esclavo demasiado insolente y mal encaminado!»
El Sumo Sacerdote era plenamente consciente del poder que podía ejercer y, mientras observaba al príncipe, era la encarnación misma del autocontrol, de una fuerza Ilimitable conscientemente mantenida en obediencia a su voluntad. Era Majestad, coronada con Poder Eterno.
La voluntad del príncipe también era poderosa, pero no tenía control sobre sí mismo y, cuando otra oleada de furia ciega lo atravesó al encontrarse nuevamente contrariado, dando rienda suelta a la lujuria, se precipitó hacia delante.
El sacerdote, rápido como un relámpago, levantó la mano. La Llama destelló por segunda vez y el príncipe corrió la misma suerte que su antiguo esclavo.
Saint Germain se volvió hacia mí y explicó todavía más la experiencia.
«Ya ves», comenzó, «así es como la cualidad dentro de toda fuerza reacciona sobre quien la envía. El príncipe y su esclavo vinieron con las cualidades de odio, egoísmo y depravación dentro de sus sentimientos y, cuando el sacerdote dirigió hacia ellos la fuerza de la que era maestro, esta tomó sus cualidades en el instante en que tocó sus auras. Él simplemente devolvió sobre ellos sus propios sentimientos y su egoísmo. El sacerdote, en su esfuerzo desinteresado por proteger a otra persona, quedó él mismo también protegido».
Aquel incidente terminó, la escena de esplendor desapareció y nuevamente estuvimos de pie entre las ruinas del templo. Saint Germain me reveló aún más cosas que no pueden ser registradas aquí.
«Solo hay una manera», prosiguió, «de evitar la rueda cósmica de causa y efecto —la necesidad de la reencarnación—, y es mediante el esfuerzo consciente por comprender la Ley de la Vida. Uno debe buscar sinceramente al Dios Interior, establecer contacto consciente y permanente con ese “Yo Interior” y aferrarse firmemente a él frente a toda condición de la vida exterior. Será para mí un placer y un privilegio mostrarte más, pero únicamente por la instrucción que aportará a ti y a otros. ¡Ven! Debemos regresar ahora». Al acercarnos a mi cuerpo, volvió a instruirme:
«¡Observa cómo desaparece el círculo de Llama Blanca!» Miré. Desapareció. Un instante después estaba de nuevo en mi cuerpo. El Sol se estaba poniendo y sabía que serían casi las doce de la noche cuando llegáramos a casa.
«Coloca tu brazo alrededor de mi hombro», dijo Saint Germain, «y cierra los ojos». Sentí que mi cuerpo se elevaba del suelo, pero no era especialmente consciente de moverme hacia delante. Al poco tiempo, mis pies tocaron el suelo y, al abrir los ojos, estaba en el alojamiento. Saint Germain se divirtió mucho cuando pregunté cómo podíamos regresar de aquella manera sin atraer la atención de la gente que nos rodeaba, y respondió:
«Muchas veces envolvemos nuestros cuerpos con el manto de invisibilidad cuando nos movemos entre quienes están en forma física», y al segundo siguiente había desaparecido.
Había oído hablar de los Grandes Maestros Ascendidos que podían llevar sus cuerpos consigo dondequiera que fueran y manifestar o hacer visible cualquier cosa que desearan utilizar directamente de lo Universal. Sin embargo, experimentar un contacto real con uno de ellos era algo muy distinto, y traté de comprender plenamente la maravilla de la experiencia. Para Saint Germain era, evidentemente, un hecho de lo más ordinario.
Permanecí largo tiempo en tranquila contemplación y profunda, profunda gratitud, intentando comprender y realizar plenamente su explicación de «La Ley» referente al deseo. Había enfatizado su importancia y actividad como poder motor en el Universo, impulsando hacia delante nuevas ideas y obligando a que se produzca una expansión de conciencia dentro de la Vida de cada individuo. Lo había explicado diciendo:
«El Deseo Constructivo es la actividad expansiva dentro de la Vida, pues solo de este modo ideas, actividad y logros cada vez mayores son impulsados hasta la expresión en el mundo exterior de sustancia y forma. Dentro de todo Deseo Correcto está el poder de su cumplimiento. El hombre es el Hijo de Dios. El Padre le ordena elegir cómo dirigirá la energía de Vida y qué cualidad desea que exprese su deseo cumplido. Esto debe hacerlo, porque el libre albedrío es su derecho de nacimiento.
«La función de la actividad exterior del intelecto es guiar toda expansión hacia canales constructivos. Este es el propósito y deber del yo exterior. Permitir que la Gran Vida, o Energía de Dios, sea utilizada únicamente para la gratificación de los deseos de los sentidos —el hábito de la masa de la humanidad— es su uso destructivo y siempre, sin excepción alguna, va seguido de inarmonía, debilidad, fracaso y destrucción.
«El uso constructivo del deseo es la dirección consciente de esta ilimitada Energía de Dios mediante la Sabiduría. Todo deseo dirigido por la Sabiduría lleva alguna clase de bendición al resto de la creación. Todo deseo dirigido por el Dios Interior sale con el sentimiento del Amor y siempre bendice». Pasé los días siguientes escribiendo este registro de mis experiencias. Luego, una mañana al despertar, encontré una tarjeta dorada sobre la mesa junto a mi lecho. Parecía una pieza de oro metálico y en ella, con una bella caligrafía sombreada de un hermoso color violeta, había una sola frase breve:
«Preséntate en nuestro lugar de encuentro en la montaña a las siete de la mañana». Firmado: «Saint Germain».
Guardé cuidadosamente esta tarjeta y apenas podía soportar el tiempo de espera, tan grande era mi expectación. Temprano a la mañana siguiente, mientras preparaba un almuerzo, recibí un impulso claro de no llevar nada conmigo. Obedecí y decidí confiar en que mis necesidades serían abastecidas directamente desde lo Universal.
Con el corazón ligero, pronto estuve en camino, decidido a no perder ninguna oportunidad de hacer preguntas, si se me permitía. Al acercarme al lugar señalado, mi cuerpo se hacía cada vez más ligero, hasta que, cuando me encontraba a unos cuatrocientos metros, mis pies apenas tocaban el suelo. No había nadie a la vista, así que me senté sobre un tronco para esperar a Saint Germain, sin sentir fatiga alguna, aunque mi caminata había sido de unos dieciséis kilómetros.
Mientras contemplaba el maravilloso privilegio y bendición que habían llegado a mí, oí quebrarse una ramita y miré alrededor esperando verlo. Imagina mi sorpresa cuando, a menos de quince metros, vi una pantera que se acercaba lentamente. Debieron de erizárseme los cabellos. Quería correr, gritar, hacer cualquier cosa, tan frenético era el sentimiento de miedo dentro de mí. Habría sido inútil moverme, pues un solo salto de la pantera habría sido fatal.
Mi cerebro daba vueltas de tan grande que era mi miedo, pero una idea se abrió paso con claridad y mantuvo firme mi atención. Comprendí que tenía la Magna «Presencia de Dios» justo dentro de mí y que esa «Presencia» era todo Amor. Aquel hermoso animal era también parte de la Vida de Dios, y me obligué a mirarlo directamente a los ojos. Entonces llegó el pensamiento de que una parte de Dios no podía dañar a otra parte. Solo era consciente de ese hecho.
Un sentimiento de Amor me atravesó y salió como un Rayo de Luz directamente hacia la pantera, y con él se fue mi miedo. Su paso furtivo cesó y avancé lentamente hacia ella, sintiendo que el Amor de Dios nos llenaba a ambos. El fulgor feroz de sus ojos se suavizó, el animal se irguió y vino lentamente hacia mí, frotando su hombro contra mi pierna. Bajé la mano y acaricié su suave cabeza. Me miró a los ojos un momento y luego se echó al suelo y rodó como un gatito juguetón. Su pelaje era de un hermoso marrón rojizo oscuro; el cuerpo, largo, flexible y de gran fuerza. Seguí jugando con ella y, cuando de pronto levanté la vista, Saint Germain estaba de pie a mi lado.
«Hijo mío», dijo, «vi la gran fortaleza que hay dentro de ti, o no habría permitido una prueba tan grande. Has conquistado el miedo. ¡Mis felicitaciones! Si no hubieras conquistado al yo exterior, no habría permitido que la pantera te hiciera daño, pero nuestra asociación habría cesado por un tiempo.
«Yo no tuve nada que ver con que la pantera estuviera allí. Formaba parte de la operación Interior de la Gran Ley, como verás antes de que termine la asociación con tu nuevo amigo. Ahora que has superado la prueba del valor, me es posible darte mucha mayor asistencia. Cada día te volverás más fuerte, más feliz y expresarás mucha mayor libertad».
Extendió la mano y, en un instante, aparecieron cuatro pequeños pastelillos de un hermoso color marrón dorado, cada uno de unos cinco centímetros cuadrados. Me los ofreció y los comí siguiendo su indicación. Eran deliciosos. Inmediatamente sentí una sensación vivificante de hormigueo atravesar todo mi cuerpo, una nueva sensación de salud y claridad mental. Saint Germain se sentó a mi lado y comenzó mi instrucción.
CAPÍTULO II
El desierto del Sahara
«EN LUGAR de salir del cuerpo como en tu experiencia reciente, hoy utilizaremos la Conciencia Proyectada», observó mientras colocaba el pulgar de su mano derecha entre mis ojos y el resto de los dedos sobre la parte superior de mi cabeza. Una sensación semejante a una poderosa corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo. Al retirar la mano, continuó:
«Deseo que fijes firmemente en tu mente y recuerdes con frecuencia para contemplación el hecho de que las Leyes que te explico y te enseño a utilizar tienen por objeto llevarte a una condición de Maestría Consciente sobre todas las fuerzas y cosas de la Tierra. Esto significa que, no importa qué se esté experimentando, tú tienes siempre, en todo instante, control completo y consciente de tu propia mente y cuerpo, y puedes utilizar tu propio libre albedrío en todo momento.
«En este estado de Conciencia Proyectada estás completamente consciente y tienes pleno dominio de todas tus facultades en cada instante. No hay absolutamente nada en esta instrucción ni en su uso que pertenezca en ningún momento a una condición de trance o hipnosis, pues tanto en el trance como en la hipnosis la Voluntad Consciente del individuo que experimenta no está funcionando, lo cual es una actividad sumamente peligrosa y desastrosa para cualquiera que permita que tenga lugar en su mente y cuerpo.
«No existe Maestría ni Dominio Consciente en las prácticas de trance o hipnosis, y estas son sumamente destructivas y peligrosas para el Crecimiento del Alma de quien permite semejante práctica. Comprende plenamente, por favor, que el Control Consciente, la Maestría y el uso de las fuerzas y cosas de esta Tierra deben estar en todo momento bajo la dirección de tu Yo Interior o Divino, mediante la perfecta cooperación y obediencia de todas las facultades exteriores —tanto de la mente como del cuerpo— a esa Dirección Interior.
«No existe Maestría sin esto, y quienes son conocidos como Maestros Ascendidos nunca, nunca imponen actividad alguna sobre la prerrogativa del libre albedrío que Dios ha dado al individuo.
«A un estudiante se le puede dar la experiencia de la Proyección si un Maestro Ascendido elige expandir temporalmente su conciencia para que experimente cosas que ocurren en dos o más lugares al mismo tiempo. En semejante condición, las facultades del estudiante se encuentran completamente bajo el control y la dirección de su propio libre albedrío en cada momento. Está plenamente consciente y activo dondequiera que esté su cuerpo y también en el lugar hacia el cual el Maestro Ascendido decide dirigir su atención para la instrucción.
«La razón por la que un Maestro Ascendido eleva temporalmente la conciencia del estudiante es mostrarle cómo puede hacer lo mismo por sí mismo, mediante su propio esfuerzo, conscientemente y a voluntad.
«La Conciencia Proyectada no es sino el aumento de la frecuencia vibratoria de la estructura atómica, tanto de la mente como del cuerpo del estudiante. Esto se realiza mediante la Radiación de un Maestro Ascendido y es una actividad de la “Luz” que aumenta la frecuencia vibratoria hasta la Nota Clave que Él establece para la experiencia. En esa frecuencia superior, uno utiliza sus facultades de la vista y del oído exactamente como lo hace en la vida cotidiana, salvo que quedan expandidas hacia la siguiente octava o zona por encima de la humana.
«Tal uso de nuestros sentidos es igual al que experimentamos en cada momento del estado de vigilia, porque podemos hacernos conscientes de aquello que está cerca y de aquello que está distante exactamente en el mismo instante. La expansión o contracción de nuestra conciencia depende por completo de lo que el individuo desea. Esto está siempre sujeto al libre albedrío y a la dirección consciente del estudiante.
«Uno puede, por su propia elección, ser consciente de cierto árbol de su jardín o de todo el jardín. Utiliza la misma facultad de la vista para observar ambos y la usa exactamente de la misma manera. Cuando quiere ver todo el jardín, hace que su vista amplíe su actividad hasta abarcar todo lo que desea. La expansión mayor sigue incluyendo la menor; de modo que, como ves, debes ser consciente del pleno control de todas tus facultades en ambos lugares al mismo tiempo. La actividad que tiene lugar es, en realidad, una ampliación del campo de fuerza en el que actúa la vista.
«El uso de tu facultad de la vista en esta proyección o expansión de conciencia se realiza mediante la elevación de la frecuencia vibratoria del nervio óptico. Todo el proceso corresponde a lo que ocurre cuando se utilizan unos prismáticos de campo o marinos.
«En la experiencia ordinaria, la conciencia humana se ha acostumbrado a utilizar sus facultades únicamente dentro de determinadas zonas o campos de fuerza, y la prueba de ello es que uno puede escuchar el sonido de la voz de una persona físicamente presente en la habitación hablándole y también oír sonar el timbre de un teléfono en algún otro lugar de la casa, exactamente en el mismo instante. Todas las facultades de la actividad exterior son elásticas. Pueden utilizarse como microscopio o como telescopio, dependiendo enteramente del deseo y la voluntad del individuo.
«Si uno puede ser consciente de un sonido en la habitación donde se encuentra su cuerpo físico y, por exactamente el mismo proceso, percibir otro sonido a dos o tres habitaciones de distancia, mediante una expansión todavía mayor de esta facultad puede oír en un lugar más lejano. Para hacer esto, debe aumentar la frecuencia vibratoria hasta que alcance la zona más distante.
«Cuando contemplas esta Gran Actividad Divina Interior, ¿no ves cuán perfecta y fácilmente los sentidos exteriores se funden con los Interiores, y cómo aquello que había sido dos se convierte en Uno?
«Esta actividad de la conciencia puede aplicarse a todos los demás sentidos, además de los de la vista y el oído. Tal proceso de elevación es natural, normal y armonioso, tan sencillo como sintonizar tu radio en cualquier longitud de onda deseada. Las longitudes de onda de la radio y las de la vista y el oído forman parte de la misma actividad. El sonido contiene color y el color contiene sonido. En la experiencia cotidiana ordinaria, los seres humanos pueden oír el color y ver el sonido siempre que se aquietan lo suficiente.
«Dentro de determinadas octavas o zonas, la vibración se registra en los nervios de los ojos y el resultado es lo que llamamos vista. Otras vibraciones se registran en los nervios de los oídos y el resultado es lo que llamamos oído. Los ojos de la persona promedio solo ven objetos cuya frecuencia vibratoria entra dentro de ciertas octavas, pues no ven por debajo del infrarrojo ni por encima del rayo o zona ultravioleta. Mediante la Radiación de un Maestro Ascendido, la estructura atómica del cerebro y del ojo vibra con suficiente rapidez para expandirse hacia la siguiente octava por encima de la humana.
«Esta misma actividad puede expandirse varias octavas más, ya sea mediante la Radiación del Maestro o por mandato del Yo Interior o Divino del individuo. Muchas personas sí tienen involuntariamente experiencias de este tipo, pero rara vez comprenden lo que significan o cómo se producen. En los casos en que los individuos han tenido momentos de Conciencia Trascendente o han estado altamente inspirados, esto es lo que ha ocurrido, aunque pocas veces reconozcan la ayuda que se les ha dado.
«La Conciencia Proyectada o Visión no tiene absolutamente nada que ver con las imágenes mentales producidas por sugestiones que solo existen en las mentes de otros seres humanos. Tales pensamientos e imágenes simplemente son proyectados directamente en la mente de otra persona por quien envía la sugestión. Es la misma actividad que se produce cuando uno refleja la imagen del Sol en un espejo y luego la desvía hacia una pared.
«La sugestión es tan diferente de la Conciencia Proyectada como pensar en un lugar es diferente de estar físicamente presente en él. La Proyección es vívida, viva, real, como cuando tu cuerpo físico atraviesa una experiencia, pues es la acción de tu Yo Divino Interior, con quien el Maestro Ascendido es UNO, el Supremo».
Saint Germain y yo nos convertimos entonces en observadores y actores de una escena de tiempos remotos. Nuevamente era exteriormente consciente de pasar por experiencias que se me mostraban en pensamiento, sentimiento y acción. Toda la operación era tan natural y normal como respirar, y la única sensación inusual era el sentimiento de mayor libertad y un sentido de Dominio. Ambos permanecimos muy quietos durante unos instantes mientras él revivificaba los Registros Etéricos, y comenzó mi instrucción.
«Este es el desierto del Sahara», dijo, «cuando era una tierra fértil con clima semitropical».
Había muchas corrientes de agua que llevaban abundante humedad por toda la región. En medio de este imperio se encontraba la capital, famosa en todo el mundo por su esplendor. Los edificios del gobierno estaban situados en el centro, sobre una ligera elevación, y desde ellos la ciudad se extendía por igual en todas direcciones.
«Esta civilización», continuó, «alcanzó su apogeo hace setenta mil años».
Entramos en la ciudad y sentimos una actividad rítmica inusual que producía una extraña sensación de ligereza al caminar. Toda la gente se movía con gran facilidad y gracia. Pregunté a Saint Germain la razón de ello, y respondió:
«Estas personas recordaban su Fuente y se sabían Hijos de Dios; por consiguiente, poseían y utilizaban un poder y una sabiduría que a ti pueden parecer milagrosos y sobrehumanos. Hablando con verdad, no existen los milagros, pues todo ocurre de acuerdo con la Ley, y aquello que parece milagroso para el concepto actual de la humanidad no es sino el resultado de aplicar leyes a las que la conciencia presente de la humanidad no está acostumbrada y que, por ello, le parecen extrañas e inusuales.
«Cuando la Realidad de la Vida se comprende correctamente, toda manifestación que parece milagrosa para tu conciencia actual se descubre tan natural y normal como formar palabras lo es para alguien que ha aprendido a usar el alfabeto. Todo es la acción de una manifestación de Vida en forma que se expande y progresa continuamente, y esto ocurre en todo momento mediante un proceso ordenado de la Ley, en amor y paz.
«Por muy extraña, inusual e imposible que una experiencia parezca al estado mental actual de la humanidad, eso no prueba que no exista una Ley Mayor y una Inteligencia más Sabia actuando para producir maravillas mayores de creación que nos rodean todo el tiempo.
«El conocimiento de las mentes más grandes de la humanidad en el mundo exterior actual es, comparado con esta Gran Sabiduría y Poder Interiores, como la comprensión de un niño pequeño comparada con el estudio del cálculo».
En uno de los edificios del grupo central encontramos a los asistentes vestidos con telas espléndidas de colores suaves y radiantes que armonizaban con la decoración interior. Uno de ellos actuó como guía, conduciéndonos al edificio central, y allí nos presentó al rey de este gran pueblo. El rey resultó ser Saint Germain.
A su lado estaba una joven muy hermosa. Tenía el cabello como oro hilado, que le caía casi hasta el suelo, y ojos de un penetrante azul violeta. Toda su presencia era de amoroso mando. Miré interrogativamente a Saint Germain, preguntándome quién podía ser, y respondió:
«Lotus».
Junto a ella había un joven de unos veinte años y un muchacho quizá de catorce. El joven era aquel a quien habíamos visto como Sumo Sacerdote en el templo de Luxor, y el muchacho era el sacerdote de menor rango. Eran los hijos del rey. Una vez más, los cuatro estábamos trabajando juntos.
«Con esta visión de vidas anteriores», dijo, «entremos en la actividad de aquel bendito pueblo. Digo “bendito” deliberadamente, y pronto verás por qué. La mayoría de ellos conservaba todavía el pleno uso consciente de toda su sabiduría y poder como Hijos de Dios, y los ejercía casi sin límite, sabiendo perfectamente de dónde procedían y de qué eran herederos.
«Lo exterior era solo el instrumento del Yo Divino, como debe ser, y únicamente se le permitía hacer aquello para lo cual había sido creado. Naturalmente, el Gran Yo Interior podía actuar sin trabas y, por supuesto, la Perfección y actividad de aquel período fueron de magnífico logro».
En la época de esta antigua civilización, todo el imperio estaba lleno de gran paz, felicidad y prosperidad. El Rey-Emperador era un «Maestro de la Sabiduría Antigua» y un verdadero «Portador del Cáliz de Luz». Gobernaba mediante esa «Luz», y su imperio era el ejemplo viviente de la Perfección.
«Durante cientos de años», continuó Saint Germain, «esta Perfección se mantuvo sin ejército ni marina de ninguna clase. El gobierno del pueblo estaba confiado al cuidado de catorce Maestros Ascendidos de Luz, dos trabajando sobre cada uno de los Siete Rayos. Formaban así puntos de enfoque para que la Magna Actividad de Dios se hiciera visible. Bajo estos catorce Seres Luminosos había catorce Maestros menores que encabezaban siete departamentos y controlaban las actividades de la ciencia, la industria y el arte. Cada jefe de departamento guiaba el trabajo a su cargo mediante contacto consciente y directo con el Dios dentro de sí mismo. De este modo, directamente de su Fuente provenían toda dirección e instrucción para quienes trabajaban bajo ellos. Así, la Perfección Divina fluía constantemente sin interferencia alguna de lo humano.
«Esta forma de gobierno era extraordinaria, exitosa y satisfactoria en todos los aspectos. Desde aquel tiempo nunca ha existido nada sobre la Tierra que siquiera se aproximara a tales alturas. En los antiguos registros que han llegado hasta hoy, esta antigua civilización siempre aparece mencionada como la Edad Dorada, y así lo fue en toda actividad de Vida.
«En vuestra amada América, en un futuro no muy lejano, surgirá un reconocimiento semejante del Verdadero Yo Interior, y su pueblo lo expresará en alto logro. Es una Tierra de Luz, y Su Luz resplandecerá, brillante como el Sol al mediodía, entre las naciones de la Tierra. Fue una Tierra de Gran Luz hace edades y volverá a entrar en su herencia espiritual, porque nada puede impedirlo. Es fuerte en su propia mente y cuerpo, más fuerte de lo que piensas, y esa fuerza la ejercerá para elevarse y arrojar de frontera a frontera todo aquello que pesa fuertemente sobre ella en el momento presente.
«América tiene un destino de gran importancia para las demás naciones de la Tierra, y Aquellos que han velado por ella durante siglos siguen velando. Mediante Su protección y Amor, cumplirá ese destino. ¡América! Nosotros, la Hueste Ascendida de la Luz, te amamos y te protegemos. ¡América! Te amamos.
«Una forma semejante de gobierno perfecto llegará en un período posterior, cuando hayas arrojado ciertas ataduras internas que cuelgan como hongos y absorben tu fuerza como un vampiro. Bienamados de América, no os desaniméis cuando las aparentes nubes oscuras cuelguen bajas. Cada una de ellas os mostrará su borde dorado. Detrás de la nube que parece amenazar está la “Luz Cristalina y Pura de Dios y Sus Mensajeros, los Maestros Ascendidos de Amor y Perfección”, velando por América, por el gobierno y por su pueblo. Nuevamente digo: “América, te amamos”.
«Una a una, grandes almas despiertas están surgiendo y llegarán a ser claramente conscientes de su propio Magno Poder de Dios inherente; seres como estos serán colocados en todos los cargos oficiales del gobierno. Estarán más interesados en el bienestar de América que en sus propias ambiciones personales y fortunas privadas. Así reinará otra Edad Dorada sobre la Tierra y será mantenida durante un eón.
«En el período inmediatamente anterior a este, que has estado observando, la masa del pueblo utilizaba grandes naves aéreas para el transporte. A medida que el desarrollo alcanzó un punto todavía más elevado, tuvieron poca necesidad de ellas salvo en los distritos apartados. Toda la clase oficial, por ser las almas espiritualmente más avanzadas de aquella raza, podía ir de un lugar a otro en los cuerpos más sutiles y hacer todo lo que deseaba, igual que en tu experiencia reciente en Luxor. También podían transportar el cuerpo físico a voluntad, pues utilizar su poder para vencer la gravedad era tan natural para ellos como respirar lo es para ti.
«El oro era un producto común en esta época, como en todas las “Edades Doradas”, porque su emanación natural es una energía o fuerza purificadora, equilibradora y vitalizadora. Es colocado dentro de la Tierra por los “Señores de la Creación”, esos “Grandes Seres de Luz y Amor” que crean y dirigen mundos, sistemas de mundos y la expansión de la Luz en los seres que viven sobre ellos.
«La mente exterior o conocimiento intelectual de la humanidad contiene poca —muy poca— comprensión del verdadero propósito por el cual existe el oro en este planeta. Crece dentro de la Tierra como una planta y, a través de él, una corriente de energía purificadora, vitalizadora y equilibradora se derrama constantemente en el mismo suelo sobre el que caminamos, así como en el crecimiento de la Naturaleza y en la atmósfera que respiramos.
«El oro ha sido colocado sobre este planeta para diversos usos, dos de los más triviales e insignificantes de los cuales son emplearlo como medio de intercambio y para ornamentación. Su actividad y propósito mucho mayores dentro y sobre la Tierra consisten en liberar su propia cualidad y energía inherentes para purificar, vitalizar y equilibrar la estructura atómica del mundo.
«El mundo científico actual todavía no tiene la menor idea de esta actividad. Sin embargo, cumple para nuestra Tierra el mismo propósito que los radiadores para nuestros hogares. El oro es una de las vías más importantes mediante las cuales la energía de nuestro Sol es suministrada al interior de la Tierra y se mantiene un equilibrio de actividades. Como conductor de esta energía, actúa como transformador para transmitir la fuerza del Sol a la sustancia física de nuestro mundo y también a la Vida que evoluciona sobre él. La energía dentro del oro es en realidad la fuerza electrónica radiante del Sol actuando en una octava inferior. A veces se llama al oro un rayo de Sol precipitado.
«Como la energía contenida en el oro tiene una frecuencia vibratoria extremadamente alta, solo puede actuar sobre las expresiones más finas y sutiles de la Vida mediante absorción. En todas las “Edades Doradas”, este metal llega a ser abundante y de uso común entre la masa del pueblo, y siempre que se presenta una condición semejante, el desarrollo espiritual de ese pueblo alcanza un estado muy elevado. En estas edades, el oro nunca se acumula egoístamente; por el contrario, se distribuye ampliamente para uso de la masa, cuyos integrantes, al absorber su energía purificadora, son elevados ellos mismos hacia una mayor Perfección. Tal es el uso correcto del oro y, cuando esta Ley se comprende y obedece conscientemente, el individuo puede atraer hacia sí cualquier cantidad que desee mediante el uso de esa Ley.
«Debido a los depósitos de oro existentes en todas las cadenas montañosas, uno encuentra en la Vida sobre las montañas una salud y un vigor que no puede encontrar en ningún otro lugar de la superficie terrestre. Nadie ha oído jamás que se produzcan efectos perjudiciales en quienes manejan constantemente oro puro. Aunque en su estado puro es blando y se desgasta fácilmente, esa misma cualidad cumple el propósito del que acabo de hablar.
«Los más avanzados de este pueblo producían mucho oro por precipitación, directamente de lo Universal. Las cúpulas de muchos edificios estaban recubiertas con láminas de oro puro, y los interiores decorados con brillantes joyas formando diseños curiosos pero maravillosos. Estas joyas también eran precipitadas directamente de la Única Sustancia Eterna.
«Como en todas las edades pasadas, hubo una parte del pueblo que se interesó más por los placeres temporales de los sentidos que por el plan creador más amplio del Gran Yo Divino. Esto hizo que perdieran conciencia del Poder de Dios en toda la región, hasta que permaneció activo poco más allá de la propia ciudad. La capital se llamaba la “Ciudad del Sol”.
«Quienes gobernaban comprendieron que debían retirarse y dejar que el pueblo aprendiera, por dura experiencia, que toda su felicidad y su bien procedían de la adoración al Dios Interior, y que debían regresar a la “Luz” si querían ser felices».
El Rey-Emperador, mediante la Sabiduría Interior, al ver que el pueblo se enredaba todavía más profundamente en la gratificación de los sentidos, comprendió que ya no era el Plan Divino seguir sosteniendo el reino. Quienes poseían una autoridad espiritual mayor que la suya le dieron instrucciones de ofrecer un banquete en el que anunciaría su decisión de retirarse y, de ese modo, se despediría de sus súbditos.
Reunió a los consejeros y dio instrucciones para el banquete, ordenando que se celebrara en el lugar más magnífico del imperio, conocido como la Sala de las Joyas, en el palacio del rey. Estaba iluminada por globos autoluminosos que emitían una brillante Radiación Blanca. Colgaban del techo mediante cadenas de cristal. Aunque la Luz interior era intensa y brillante, producía un efecto extraordinariamente calmante sobre el cuerpo, dando a quienes estaban dentro de su Radiación una sensación de gran comodidad y serenidad. La Luz del globo central encendía las joyas del diseño en forma de estallido solar que formaba el gran medallón en el centro del techo.
El gran salón del banquete estaba profusamente decorado y dispuesto con veinticuatro mesas de ónix blanco, cada una para veinticuatro invitados. Era la primera ocasión en que todos los consejeros del rey y sus respectivos equipos iban a ser sus huéspedes al mismo tiempo. El anuncio del banquete provocó muchos comentarios entre la gente, que lo discutía extensamente con sus vecinos, pero para todos era un misterio, pues nadie podía discernir su propósito.
Finalmente llegó la noche del acontecimiento. Nadie sospechaba la pena en el corazón del noble gobernante ni soñaba con el cambio que tan pronto iba a caer sobre ellos. Llegó la hora, se reunieron los invitados y todo respiraba misterio.
Las grandes puertas de bronce del salón del banquete se abrieron majestuosamente y surgió una explosión de música trascendente, como si una gigantesca sinfonía tocara en lo invisible, sorprendiendo incluso a quienes conocían el tremendo poder de su adorado monarca. El pueblo lo consideraba casi como un Dios, tan grandes eran su amor y admiración por la sabiduría y la ayuda que él derramaba constantemente sobre ellos.
Cuando cesó la música triunfal, entró el rey acompañado por sus hijos. La joven era una visión de belleza. Vestía un traje de suave tejido dorado, distinto de cualquier material de nuestro mundo moderno. El sobredrapeado parecía cubierto de diamantes, pues con cada movimiento de su cuerpo destellaban puntos de Luz. El cabello dorado que caía sobre sus hombros estaba recogido con dos broches de esmeralda. En la frente llevaba una sola banda de metal blanco engastada con diamantes. En el centro había lo que parecía ser un gran diamante, pero que en realidad era una poderosa condensación de “Luz”, enfocada y mantenida allí por su padre.
El rey era el único de todo el imperio a quien se había confiado el uso de un Poder tan Trascendente. La familia real nunca había utilizado estas “Joyas de Luz” en su contacto con el mundo exterior hasta aquella noche. El uso de este poder solo estaba permitido en su adoración privada del Gran Yo Divino, de cuya “Presencia Suprema” eran intensa y constantemente conscientes.
El gobernante y sus dos hijos llevaban prendas ajustadas del mismo suave tejido dorado que la hija. Eran tan flexibles como el cuero, pero estaban hechas de oro metálico, con corazas semejantes a un gran Sol de joyas. Llevaban sandalias del mismo material, también engastadas con piedras preciosas, y la maravillosa “Joya de Luz” descansaba sobre la frente de cada uno.
El rey hizo una señal y los invitados reunidos tomaron asiento. Con voz majestuosa y poderosa, derramó desde lo profundo de su corazón una invocación a aquel «Uno Supremo e Infinito».
«Oh Tú, Magna Fuente Omnipresente, Tú que gobiernas el Universo, la Llama en cada corazón humano: Te damos amor, alabanza y gratitud por Tu propia Vida, Luz y Amor en todas las cosas. Te adoramos y miramos únicamente hacia Ti, la “Presencia” en todas las cosas —visibles e invisibles, evolucionadas y no evolucionadas—, Tú, Corriente de Vida que fluye sin cesar y que eternamente Te derramas en toda la creación, el Yo Uno en Todo.
«Mi corazón Te llama como nunca antes para que despiertes a este, mi pueblo, ante el peligro que corre, pues últimamente la indiferencia hacia Ti se desliza sobre ellos como un aliento venenoso, produciendo un sueño del alma y tendiendo ante ellos un velo que excluye “Tu Resplandeciente Presencia”.
«Si deben vivir la experiencia que consume y quema la escoria y las nubes del yo exterior, entonces sostenlos Tú y, al final, hazlos surgir en Tu Perfección Eterna. Te invoco, Tú, Creador del Universo, Tú, Dios Supremo y Omnipotente».
El rey tomó asiento y todos esperaron en silenciosa expectación. En pocos instantes, el servicio para cada persona apareció ante ella. Plato tras plato fue servido como por manos invisibles; los alimentos llegaban en maravillosos recipientes de cristal y joyas, desaparecían tan pronto como terminaba cada servicio y eran seguidos inmediatamente por el siguiente. Finalmente, el banquete más elaborado que el imperio había conocido llegó a su fin. Todo volvió a quedar en silencio, como en una expectación sin aliento que anticipaba algún acontecimiento extraordinario.
El rey se levantó y permaneció unos instantes esperando tranquilamente. Pronto apareció una copa de cristal a la derecha de cada invitado. Estaban llenas de una condensación de Pura Esencia Electrónica y, para todos los que la bebieron, sin importar cuán atrás en las edades se extendiera su corriente de vida ni cuán variadas hubieran sido sus experiencias, nunca sería posible olvidar por completo al «Yo Divino Interior». Esta protección del alma fue concedida a quienes asistieron al banquete como recompensa por su fe y lealtad al Dios dentro de sí mismos, al rey y al imperio. Los consejeros y los presentes habían servido sincera y continuamente para el bien del imperio, y por ese servicio les fue concedida protección del alma a través de los siglos.
Cada uno levantó su copa y bebió al «Dios dentro de sí», a su propia «Llama del Altísimo Ser Viviente». Los acontecimientos del banquete fueron transmitidos a todos los habitantes del imperio por medio de una radio semejante a la que usamos hoy. No era mayor que un plato de mesa y, sin embargo, tenía suficiente potencia para recibir lo que estuviera ocurriendo en cualquier punto de la superficie terrestre.
Después del saludo al Yo Divino en cada uno, todos quedaron muy quietos; la propia atmósfera parecía perfectamente inmóvil. Al cabo de unos instantes, una Maravillosa «Presencia» comenzó lentamente a hacerse visible delante del rey.
Aquella «Presencia» era un «Maestro Cósmico» procedente del «Gran Silencio». Un murmullo de reverencia y sorpresa recorrió a los invitados reunidos al aparecer, pues reconocieron con asombro a Uno de Quien habían oído hablar durante muchos siglos, aunque ninguno había visto jamás Su «Presencia» visible. Levantando la mano derecha, se dirigió a los presentes y a todos los que habitaban el imperio.
«Oh Hijos de la Tierra, os traigo una advertencia de seria importancia en un momento de gran crisis. ¡Despertad de la trampa de los sentidos que os está engullendo! ¡Despertad de vuestra letargia antes de que sea demasiado tarde! Este, mi “Hermano de Luz”, debe retirarse y dejaros a la experiencia que habéis elegido y que lentamente os atrae hacia sus muchas trampas. Os habéis abierto a la ignorancia y las emociones incontroladas del yo exterior.
«Prestáis poca atención y todavía menos adoración a vuestra “Fuente”, el Supremo, el Magno, el Radiante, el Majestuoso, la Causa Infinita de todo cuanto existe, el Creador y Sostenedor de todos los mundos. No dais gratitud a la “Gran Presencia Gloriosa”, al “Señor del Amor”, por la misma Vida mediante la cual existís.
«¡Oh! ¿Por qué ni siquiera estáis agradecidos por las bendiciones que la Naturaleza derrama tan generosamente, por la abundancia que os llega a través de esta hermosa tierra y de vuestro propio gobernante sabio y desinteresado? Os agradecéis unos a otros los favores —las cosas de los sentidos y de la forma, tan efímeras, que pasan de uno a otro y luego dejan de existir—; pero ¿por qué, oh por qué, olvidáis la “Fuente” de toda Vida, de todo Amor, de toda Inteligencia, de todo Poder?
«¡Pueblo! ¡Oh Pueblo! ¿Dónde está vuestra gratitud a la Vida por el Amor, por la magnificencia de la experiencia que disfrutáis en cada momento, cada hora, cada día, año tras año? Llamáis vuestro a todo esto, pero siempre ha pertenecido, pertenece ahora y pertenecerá siempre a la Única Gran Fuente de Vida, Luz, Amor y Todo Bien —DIOS—, el Supremo, el Adorable, el Uno Omnipenetrante.
«Cuando, mediante vuestro propio mal uso de la energía de Vida que este Uno Omnipenetrante derrama constantemente sobre vosotros, pura, perfecta e incontaminada, habéis creado condiciones tan destructivas y dolorosas que ya no pueden soportarse, os volvéis en desesperación, agonía o rebelión y clamáis a Dios para que os libere de vuestra miseria. Esta es vuestra ofrenda al “Dador de Todo Bien” a cambio de aquella Perfección Incesante que Él os otorga continuamente en Amor Supremo. La única condición bajo la cual el “Gran Ser Uno” lo da todo es su uso correcto, para que pueda bendecir al resto de la creación con alegría infinita, actividad armoniosa y Perfección.
«Cuando, en las profundidades de la miseria, os volvéis nuevamente a vuestra Fuente buscando alivio de vuestras malas acciones, o bien clamáis en la agonía de la desesperación o, si sois rebeldes, culpáis a la Vida y a la Fuente de Todo Bien por permitir que existan en vosotros y en vuestro mundo aquello que llamáis injusticia y condiciones equivocadas.
«Sois vosotros, el pequeño yo personal, quienes sois injustos con la Vida; vosotros quienes sois inequitativos; vosotros quienes creáis la miseria de la Tierra, porque solo la humanidad, debido a que posee libre albedrío para crear según elija, se atreve —cada individuo mediante su propio pensamiento y sentimiento— a traer a la existencia la discordia, la miseria y la deformidad que se expresan sobre la Tierra. Esto es una plaga sobre la Creación y la Perfección que eternamente vibra en la Gran Melodía Cósmica del Canto Eterno.
«Solo la humanidad es culpable de producir una discordancia en la música de las esferas, porque todo lo demás vive y actúa de acuerdo con la “Ley del Amor, de la Vida, de la Armonía y de la Luz”. Todo lo demás se funde en el todo armonioso, el “Cuerpo del Uno Infinito y Todo-Amoroso”.
«Todos los demás reinos de “Vida y Luz” se mueven y crean de acuerdo con el principio fundamental sobre el cual descansa toda Perfección. Ese principio es el Amor. Si no fuera por los “Grandes Seres Desinteresados” como vuestro gobernante —la Gran Hueste de Maestros Ascendidos, cuya propia Nota Clave de existencia es el Amor—, la humanidad se habría destruido a sí misma y al mismo planeta sobre el cual existe hace mucho tiempo.
«Las trascendentes y magníficas actividades del Amor y la Luz son las Condiciones Naturales en las que Dios creó a Sus hijos humanos y esperaba que se manifestaran, obedeciendo Su mandato de Amar. No existe en ningún lugar del Universo una condición sobrenatural. Todo aquello que es trascendente, bello y Perfecto es Natural y está de acuerdo con la “Ley del Amor”. Todo lo demás es subnatural. La experiencia diaria de la Hueste de Maestros Ascendidos es la Perfección en la que los hijos de Dios estaban destinados a vivir siempre. Los hijos de la Tierra expresaron una vez esta Perfección en un ciclo anterior, que fue una Edad Dorada.
«Aquella antigua civilización —aquella Perfección Antigua— es más vieja de lo que soñáis, más antigua de lo que creéis que es el planeta. Toda la humanidad de aquel período vivía en un estado trascendente semejante al de los Maestros Ascendidos. La condición de miseria que ha seguido desde entonces a través de las edades se produjo porque la humanidad eligió apartar la mirada de su “Fuente” —el Amor— como plan mediante el cual vivir la Vida.
«Cuando los hijos de la Tierra apartan la mirada del Amor, están eligiendo deliberada y conscientemente la experiencia del caos. Quienquiera que intente existir sin Amor no puede sobrevivir mucho tiempo en ninguna parte de la creación. Tales esfuerzos están destinados a producir fracaso, miseria y disolución. Todo aquello que carece de Amor debe regresar al caos, a lo informe, para que su sustancia pueda volver a utilizarse en combinación con el Amor y producir así una forma nueva y perfecta.
«Esta es la Ley de la Vida Universal así como individual. Es Inmutable, Irrevocable, Eterna y, sin embargo, Benéfica, pues la creación en forma existe para que Dios tenga algo sobre lo cual derramar Amor y así expresarse en acción. Esta es la “Ley del Poderoso Uno”, de la cual procede todo lo demás. Es el “Mandato de la Eternidad”, y la inmensidad y el resplandor de aquella Perfección no pueden describirse con palabras.
«Si no existieran estas condiciones reales, efectivas, permanentes y Perfectas de Vida y experiencia, que trascienden con mucho toda descripción humana, la existencia no sería sino una burla de la estupenda actividad de la Vida que vibra eternamente por toda la creación. Existen esas Esferas superiores, armoniosas y Trascendentes —reinos de actividad y conciencia, individuales y cósmicos— donde la creación continúa incesantemente en Alegría, Amor, Libertad y Perfección.
«Estas son reales, reales, reales y mucho más permanentes que vuestros cuerpos y edificios en el mundo físico que os rodea. Estos Reinos de Vida están creados de Sustancia tan cargada de Amor que jamás puede imponérseles ni registrarse en ellos una cualidad o actividad de discordia, imperfección o desintegración. Debido a que están basados en el Amor, la Perfección de semejante manifestación se mantiene para siempre, siempre activa, siempre expandiéndose, siempre bendiciendo con alegría a todo cuanto existe.
«Vosotros traéis desgracia sobre vosotros mismos, la cual os impulsa a la encarnación una y otra vez en la ignorancia de los sentidos, los apetitos humanos y los deseos del yo exterior. Estos apetitos en la naturaleza del sentimiento de la humanidad son en sí mismos solo una acumulación de energía a la que el individuo, mediante su pensamiento y sentimiento, ha dado una cualidad de una clase u otra. Esta energía mal calificada acumula un momentum (N. del T.: término inglés que designa aquí una fuerza acumulada y reforzada por la repetición y el uso) mediante la expresión humana y se convierte en hábito. El hábito no es sino energía específicamente calificada y mantenida enfocada durante un tiempo sobre un objetivo.
«Los apetitos de los sentidos de vidas anteriores se convierten en las fuerzas impulsoras y hábitos de las siguientes, manteniéndoos como esclavos, atados a las ruedas del carro de la discordia, la carencia y la necesidad, haciéndoos girar por un laberinto de problemas y experiencias humanas de vuestra propia creación, obligándoos a aprender y obedecer la Ley del Uno: el Amor.
«Vuestras propias creaciones erróneas os impulsan una y otra y otra vez, hasta que estáis dispuestos a comprender la Vida y obedecer Su Única Ley: el Amor. Giráis de Vida en Vida, experimentando discordia tras discordia, hasta que aprendéis a vivir la Ley del Amor.
«Esta es una actividad compulsiva de la que nadie escapa y continúa hasta que el yo exterior pregunta la razón de su miseria y comprende que su liberación de la experiencia del sufrimiento solo puede llegar mediante la obediencia a la “Ley del Amor”. Tal obediencia comienza como calma, paz y bondad en los sentimientos, cuyo centro se encuentra en el corazón. Su contacto con el mundo exterior debe llegar por medio del “Sentimiento Interior”.
«El Amor no es una actividad de la mente, sino la “Esencia Pura y Luminosa” que crea la mente. Esta Esencia procedente de la Gran Llama Divina fluye hacia la sustancia y se derrama constantemente como Perfección en forma y acción. El Amor es Perfección manifestada. Solo puede expresar paz, alegría y una efusión de esos sentimientos hacia toda la creación, incondicionalmente. No pide nada para Sí Mismo porque es Eternamente Autocreador, al ser el Latido del Corazón del “Supremo”. El Amor posee Todo y solo se ocupa de poner en acción el Plan de Perfección en todo. Por ello es un constante derramarse de Sí Mismo. No toma en cuenta lo que se haya dado en el pasado, sino que recibe Su alegría y mantiene Su equilibrio mediante el continuo Fluir hacia afuera de Sí Mismo. Puesto que esta Perfección está dentro del Amor, fluyendo eternamente, es incapaz de registrar nada salvo a Sí Mismo.
«Solo el “Amor” es la base de la armonía y del uso correcto de toda energía de Vida. En la experiencia humana, esto crece hasta convertirse en un deseo de dar, dar y dar toda la paz y armonía del individuo al resto de la creación.
«¡Pueblo! ¡Oh Pueblo! ¡Por siempre, a través de las edades! Solo suficiente Amor puede llevaros de regreso al Cielo que una vez conocisteis y en el cual habitasteis. Allí volveréis a abrazar la plenitud de la “Gran Luz” que todo lo da por Amor.
«Un príncipe visitante se aproxima a vuestras fronteras. Entrará en esta ciudad buscando a la hija de vuestro rey. Quedaréis bajo el gobierno de este príncipe, pero el reconocimiento de vuestro error será inútil. Nada podrá ayudaros, porque la familia real será atraída a la protección y cuidado de aquellos cuyo poder y autoridad son de Dios y contra quienes ningún deseo humano puede prevalecer jamás. Estos son los Grandes Maestros Ascendidos de Luz de la Ciudad Etérica Dorada que se encuentra sobre esta tierra. Allí vuestro gobernante y sus amados hijos permanecerán durante un ciclo de tiempo». Volviéndose hacia el rey, se dirigió a él diciendo:
«¡Te bendigo, noble y paciente Hermano mío! Amoroso y desinteresado ha sido tu servicio a tu pueblo. Profunda y eterna es tu devoción al Uno Supremo, la Fuente de Toda Creación. La Ciudad Etérica Dorada te espera y os recibe gozosamente a ti y a tus hijos.
«Dentro de Su Radiación viviréis sirviendo por medio de los Rayos de Luz que fluyen eternamente desde quienes allí moran, hasta que este, vuestro pueblo, se redima mediante la obediencia a la “Ley del Amor”.
«Este “Imperio de Luz” existe sobre la tierra que tanto has amado. Está compuesto de sustancia etérica autoluminosa y reposa sobre la ciudad física que es vuestra capital. Es real, muy real, y mucho más permanente que cualquier ciudad terrenal, pues la “Luz” es indestructible y la Ciudad Dorada está hecha de “Luz”. En Ella jamás puede entrar ningún pensamiento inarmónico ni condición perturbadora de ninguna clase.
«Regresaré dentro de siete días para llevarte a ti y a tus hijos a la “Ciudad de Luz”, donde observaremos el progreso de la humanidad y atraeremos hacia la “Luz” a todos los que se disciplinen y se preparen. Rodeando la Ciudad hay un cinturón invencible de fuerza electrónica a través del cual es imposible que pase nada que no haya sido invitado».
Cuando terminó de hablar, bendijo a la familia real, a los invitados y al imperio y, en los momentos de silencio que siguieron, Su Luz y el contorno de Su Cuerpo dentro de ella se hicieron cada vez más tenues hasta desaparecer por completo.
Un murmullo recorrió el gran salón del banquete y, cuando todos miraron hacia el rey, su cabeza estaba inclinada en reverente silencio. Entonces se levantó lentamente y deseó buenas noches a sus invitados.
Al séptimo día, el «Hermano procedente del Silencio» regresó y, envolviendo al rey y a sus hijos dentro de su propia aura flameante, se retiró a la «Ciudad Etérica Dorada de Luz».
El príncipe visitante llegó al día siguiente, descubrió la condición del imperio y la consternación que todavía dominaba a su pueblo. Inmediatamente planeó de manera sutil convertirse en su gobernante. Lo consiguió sin oposición. Dos mil años después, la mayor parte de aquel imperio se había convertido en tierra estéril, los ríos se habían secado y la desolación se extendía por todas partes; todo ello como resultado de la discordia y el egoísmo de la humanidad y del azote que estos se convierten para el crecimiento de la vida vegetal en la Naturaleza. Este reino se había extendido a lo ancho de África hacia el este hasta alcanzar las montañas del Himalaya.
Siguió un gran cataclismo que sumergió toda la tierra. Mediante aquel cambio se formó un mar interior donde hoy se encuentra el desierto del Sahara. Otro cambio terrestre, ocurrido hace unos doce mil años, drenó ese mar y una parte de él se convirtió más tarde en el actual desierto del Sahara. El río Nilo, tal como existe hoy, es lo que más se asemeja a las hermosas corrientes de aquel período olvidado hace tanto tiempo.
Así terminó nuestra observación de aquellas escenas antiquísimas. Apenas podía creer a mis sentidos, tan asombrado estaba por la manera en que las experiencias del pasado habían sido revivificadas, las imágenes proyectadas en las tres dimensiones y la actividad de la gente de aquella remota edad representada ante nosotros.
Al comprender cuán sorprendido y poco acostumbrado estaba yo a tales actividades, Saint Germain prometió llevarme a los registros físicos de aquel período y de su pueblo, y darme prueba física de que no era una visión conjurada por él.
Mirando alrededor desde el tronco sobre el que estábamos sentados, vimos a la pantera dormida profundamente cerca de nosotros. Saint Germain retomó la explicación de varias fases importantes de la aplicación de leyes superiores para manifestar el propio Dominio inherente sobre las cosas del mundo de los sentidos. Esto llevó a explicar cómo era capaz de expresar tal juventud y Perfección en un cuerpo tan antiguo según la manera humana de contar el tiempo.
«La Juventud Eterna», explicó, «es la Llama de Dios que mora en el cuerpo del hombre, el Regalo del Padre de Sí Mismo a Su Creación. La juventud y la belleza, tanto de mente como de cuerpo, solo pueden ser mantenidas permanentemente por aquellos individuos que son lo bastante fuertes para excluir la discordia; quienquiera que haga esto puede y expresará Perfección y la mantendrá.
«Donde la Paz, el Amor y la Luz no moran dentro de los pensamientos y sentimientos de un ser humano, ninguna cantidad de esfuerzo físico puede mantener al yo exterior expresando juventud y belleza. Estas existen Eternamente dentro de la Llama de Dios, que es el Yo Divino de todo individuo. Cualquier discordia que el yo exterior permita relampaguear a través del pensamiento y el sentimiento queda en ese mismo instante estampada sobre la carne del cuerpo físico. La Juventud y la Belleza Eternas son Autocreadas y eternamente Autoexistentes dentro de la Llama de la Vida de Dios en todo ser humano. Este es el Plan de Dios para manifestar Su Perfección en el mundo de la forma y mantenerla para siempre.
«La Juventud, la Belleza y la Perfección son atributos del Amor que el Yo Divino derrama continuamente en Su Creación. Dentro de cada individuo está colocado el poder y los medios para mantener y aumentar esa actividad perfecta y siempre expansiva de la creación.
«El poder del logro es la energía del Yo Divino en cada ser humano nacido en el mundo. Está siempre activo, en todo momento, en tu mente, cuerpo y mundo. No existe un instante en que esta Magna energía no esté fluyendo a través de todos los individuos. Tienes el privilegio de calificarla como quieras, por mandato de tu propio libre albedrío, mediante pensamiento y sentimiento conscientemente dirigidos.
«El pensamiento es lo único en el Universo que puede crear vibración y, por medio de la vibración, calificas esta energía que fluye eternamente con aquello que deseas ver manifestado en tu vida y mundo. Esta energía ilimitada, inteligente y radiante fluye incesantemente a través de tu sistema nervioso y es la Vida Eterna y la vitalidad de la corriente sanguínea que circula por tus venas. Es una actividad todopoderosa, omnipresente e inteligente que te ha sido dada por el Padre —el Principio Divino de Vida— para ser dirigida conscientemente de acuerdo con tu libre albedrío. La Verdadera Inteligencia, que utiliza todo constructivamente, procede únicamente del Interior del Principio Divino —la Llama de Vida— y no es meramente la actividad del intelecto. La Verdadera Inteligencia es Sabiduría o Conocimiento de Dios, y no piensa ni puede pensar pensamientos equivocados. Los pensamientos equivocados proceden únicamente de impresiones hechas sobre el intelecto por el mundo exterior al individuo. Si los individuos distinguieran entre sus propios pensamientos —es decir, los pensamientos provenientes de dentro de la Llama Divina— y las sugestiones emitidas por los intelectos de otras personas, así como la evidencia de los sentidos que solo consideran las apariencias, podrían evitar todas las actividades y condiciones discordantes del mundo de la experiencia.
«La Luz que procede de dentro de la propia Llama Divina es el criterio, el estándar de Perfección mediante el cual deberían probarse todos los pensamientos y sentimientos que nos llegan a través de los cinco sentidos. Nadie puede mantener sus pensamientos y sentimientos calificados con Perfección a menos que acuda a la “Fuente de Perfección” por esa cualidad y actividad, pues estas solo moran dentro de la Llama Divina.
«Esta es la necesidad del individuo de meditar sobre la Luz de Dios dentro de sí mismo y comulgar con Ella. La Pura Esencia de Vida no solo dará y sostendrá la juventud y belleza Eternas en el cuerpo, sino que te permitirá mantener un equilibrio perfecto entre tu Yo Divino y el yo exterior o personal. De hecho, esta Pura Energía de Vida es el poder que el yo exterior utiliza para mantener su conexión con su Fuente Divina, el Yo Divino. En realidad, estos dos son Uno, excepto cuando el intelecto o actividad exterior de la mente —la conciencia de los sentidos— acepta imperfección, inarmonía o incompletitud, o se considera una creación separada de la “Presencia” Una Omnipenetrante de Vida. Si la conciencia de los sentidos se considera algo separado de Dios —la Perfección—, entonces esa condición queda establecida para ella, pues aquello que la conciencia de los sentidos piensa en su mundo, el mundo se lo devuelve.
«Cuando uno permite que una idea de imperfección o separación de Dios ocupe su atención y, por consiguiente, su mente, una condición correspondiente comienza a expresarse en su cuerpo y mundo. Esto hace que la persona se sienta una entidad separada de su Fuente. En el instante en que se piensa separada de Dios, piensa que su Vida, Inteligencia y Poder tienen principio y fin.
«La Vida siempre ha sido, es ahora y siempre será. Nadie puede realmente destruir la Vida. Mediante diversas actividades en el mundo mental y físico, la forma puede ser desintegrada o temporalmente demolida, pero la conciencia del individuo es Eterna y puede controlar toda sustancia en cualquier parte de la manifestación cuando la Vida de Dios dentro de él es reconocida como el “Conocedor, Dador y Hacedor” de todo bien en la creación.
«Te digo la Verdad cuando afirmo que solo existe una Fuente de todo Bien: Dios. El reconocimiento y aceptación conscientes de esta Verdad, reconocidos por la actividad exterior de la mente no dos o tres veces al día sino cada pocos instantes durante todo el día, no importa lo que esté haciendo el yo exterior, y mantenidos así, permitirán a cualquiera expresar su perfecta libertad y Dominio sobre todas las cosas humanas.
«A la mayoría de las personas, lo anterior les parece difícil porque han vivido durante tantos siglos creyendo que son seres separados de Dios, mientras que en cada instante de cada día están utilizando Vida de Dios, Energía de Dios, Sustancia de Dios y Actividad de Dios en todo lo que piensan y hacen, sin darse cuenta. Sin embargo, se requiere admitir conscientemente este hecho en la actividad exterior de la mente, y dirigirlo constructivamente, para liberar Su Pleno Poder a través del yo personal.
«El reconocimiento, la dirección consciente y el uso constructivo de la Energía de Dios mantenidos dentro de uno mismo en todo momento constituyen el camino de la Perfección, la Maestría y el Dominio sobre todas las cosas de la Tierra, incluido el control consciente de todas las fuerzas naturales. La instrucción que te he dado borrará completamente todas las falsas creencias, si se mantiene. La rapidez con que esto se logre depende de cuán continua, persistente y profundamente sientas y te asocies con tu Yo Divino.
«En el logro de la Maestría o Adeptado, el control consciente de toda fuerza y la manipulación de la sustancia dependen, primero, del reconocimiento de tu propio Yo Divino individual; segundo, de una calma perfecta del sentimiento en todas las circunstancias; y tercero, debes estar por encima de toda tentación de hacer mal uso del poder. Aquietar todas las emociones por mandato de la voluntad consciente es imperativo, y la exigencia de ello en el Adepto es incondicional si ha de alcanzarse el Dominio.
«Esto no significa reprimir la discordia dentro de uno mismo en ningún momento, sino aquietar y armonizar los sentimientos, sin importar cuáles sean las circunstancias que rodean la mente o el cuerpo del estudiante. Un control semejante no es fácil para la humanidad del mundo occidental porque el temperamento de la mayoría de las personas en Occidente es sensible, emocional e impulsivo. Esta característica es energía de tremendo poder. Debe ser controlada, mantenida en reserva y liberada solo mediante dirección consciente para lograr algo constructivo. Hasta que el desperdicio de energía sea detenido y completamente gobernado, el individuo no puede ni podrá jamás hacer progreso permanente.
«El estudiante pregunta a menudo si uno llega a un punto, todavía en el sendero del logro, en el que se eleva por encima del uso de la afirmación. Cuando un individuo utiliza sinceramente una afirmación, produce una aceptación plena de la Verdad de aquello que afirma, pues su uso no hace sino enfocar la atención de la mente exterior de forma tan constante sobre la Verdad que llega a aceptarla plenamente en sus sentimientos, porque el sentimiento es la Energía de Dios realmente liberada que manifiesta la Verdad afirmada.
«El uso continuo de la afirmación lleva al individuo al punto en que tiene una realización tan profunda de la Verdad de aquello que afirma que ya no es consciente de ello como una afirmación. Uno utiliza una afirmación, mantram u oración porque desea que algo se haga manifiesto. El Deseo Correcto es la forma más profunda de oración. Así, mediante el uso de la afirmación, el estudiante eleva su yo exterior a la aceptación plena de su Verdad y genera el sentimiento mediante el cual esta se convierte en una cosa manifestada. En esta profunda aceptación llega la manifestación, pues mediante la concentración la palabra hablada comienza a causar actividad instantánea».
Mi gratitud hacia Saint Germain por todo lo que había recibido era demasiado profunda para expresarla en palabras. Él leía mis pensamientos y sentimientos como quien lee un libro, y por ello ambos permanecimos sentados en silencio durante algunos instantes, en perfecta sintonía. Me sacó de mi ensueño para que contemplara los magníficos colores del cielo occidental, el resplandor posterior de la puesta del Sol.
Deseaba permanecer en la montaña toda la noche y volver a casa por la mañana, disfrutando del amanecer. Apenas había sentido el deseo cuando apareció a mis pies un hermoso saco de dormir. Era distinto de cualquier cosa que hubiera visto. Me incliné para examinar el tejido inusual del que estaba hecho y, para mi asombro, descubrí que resplandecía y estaba caliente. Levanté la vista y Saint Germain, sonriendo, me extendió una copa de cristal llena de un líquido dorado de consistencia semejante a la miel. Obediente al menor de sus deseos, lo bebí y, al instante, un resplandor radiante recorrió mi cuerpo. Cuando terminé, la copa desapareció de mi mano.
«¡Oh! ¿Por qué no podría conservar esta hermosa creación?», pregunté sorprendido. «¡Paciencia, hijo mío!», respondió. «¿No se están cumpliendo tus deseos uno tras otro? Tu saco de dormir permanecerá hasta el amanecer y tu amigo, la pantera, te custodiará durante la noche».
Inclinándose ligeramente y con una sonrisa que era la gracia misma, su cuerpo se volvió gradualmente indistinto y luego desapareció por completo. Me acosté en el hermoso saco y pronto me dormí profundamente. Cuando los tonos rosados del amanecer tocaron el horizonte oriental, desperté, y el primer pensamiento de mi mente fue para el saco, que tanto había disfrutado. Con aquel pensamiento desapareció de regreso a la sustancia universal de la que había surgido.
La pantera vino hacia mí y juntos emprendimos el camino de regreso. Después de haber caminado cierta distancia, oímos voces de hombres. El animal olfateó el aire, se detuvo repentinamente justo delante de mí y levantó la mirada. Me incliné, lo acaricié y dije:
«Ahora puedes irte». Saltó hacia la espesura boscosa de la montaña, a la derecha del sendero. Continué mi camino sin más incidentes y finalmente llegué a mi alojamiento poco después del mediodía, en un estado de ánimo difícil de describir con palabras.
Quería pensar, contemplar, asimilar y ajustarme a un conjunto de ideas enteramente nuevo. Las experiencias inusuales pero muy reales por las que había pasado durante las cuarenta y ocho horas inmediatamente anteriores estaban haciendo que reordenara todo mi mundo. Era extremadamente feliz y, sin embargo, parecía como si otro Universo se hubiera manifestado a mi alrededor. Estaba fuera el mismo viejo mundo prosaico que siempre había conocido, ciertamente, y aun así, ¿era realmente el mismo? Dentro de él habían estado todo el tiempo estas maravillosas experiencias, este tremendo Poder, estas maravillosas revelaciones de libertad y Dominio sobre toda manifestación, de las que yo había sido totalmente inconsciente.
Había estado rodeado toda mi vida por estos aparentes milagros, de cuya existencia durante mis años anteriores había sido tan inconsciente como si nada semejante existiera en la creación. Pensé y pensé, cada vez más profundamente de lo que jamás había contemplado cosa alguna en toda mi existencia.
Llegó la hora de la cena, pero no tenía hambre. Sin embargo, para comenzar la comida de la noche pedí un vaso de leche. Me lo sirvieron y, unos instantes después, al probarlo, imagina mi asombro al descubrir que se había convertido en el mismo líquido cremoso que Saint Germain me había dado por primera vez.
Terminé la comida, regresé a casa y estaba preparando el baño antes de retirarme cuando, de pronto, la conocida señal eléctrica me estremeció de la cabeza a los pies. Involuntariamente extendí la mano y, en pocos segundos, una pequeña pastilla de sustancia semejante al cristal se formó en mi palma. De alguna manera supe que debía ponerla en el baño y, apenas la había dejado caer en el agua, esta comenzó inmediatamente a burbujear y centellear como si estuviera viva.
Entré y una sensación de hormigueo estremeció cada célula de mi cuerpo. Me sentí cargado con una corriente eléctrica de alta potencia que iluminó y fortaleció todo mi ser. Terminado el baño, me acosté y pronto caí en un sueño sin sueños.
CAPÍTULO III
El Royal Teton
Pasaron cuatro días sin que ocurriera nada fuera de lo común, y yo trataba de comprender plenamente el significado más profundo de mis experiencias recientes. Empezaba a oscurecer al atardecer del quinto día cuando oí unos golpecitos en la ventana de mi habitación. Miré hacia afuera y, sobre el alféizar, había una paloma blanca como la nieve con una diminuta tarjeta en el pico.
Me acerqué a la ventana y la abrí. La paloma entró caminando y se quedó esperando tranquilamente. Tomé la tarjeta y leí el mensaje, escrito con la misma hermosa caligrafía que el anterior, pero esta vez con tinta dorada sobre una tarjeta blanca. Decía:
«Estate en nuestro lugar de encuentro a las siete de la mañana», firmado: «Saint Germain».
En cuanto tomé la tarjeta, la paloma voló hasta mi hombro y frotó la cabeza contra mi rostro, como si me transmitiera un mensaje de amor; luego volvió a la ventana y desapareció como una flecha. Guardé cuidadosamente la tarjeta, esperando poder conservarla, pero a la mañana siguiente, cuando fui a buscarla antes de iniciar la caminata, se había disuelto. La tarjeta dorada en la que estaba escrito el primer mensaje había durado hasta el tercer día; la miré varias veces con la esperanza de poder conservarla permanentemente. Cuando descubrí que había regresado a lo Universal, sentí una profunda decepción.
Sabía que para recorrer los dieciséis kilómetros y estar allí a las siete de la mañana tendría que salir poco después de medianoche. Me levanté temprano y me puse en camino a las tres. Caminando deprisa, llegué al bosque justo al amanecer. No había avanzado mucho cuando llegó a mis oídos un grito lastimero. Antes de darme cuenta, respondí en el mismo tono, tan involuntaria fue mi reacción. Algo irrumpió entre los árboles y mi amiga, la pantera, saltó hacia mí, personificando la alegría misma. La acaricié y juntos seguimos hacia el lugar de encuentro.
Puntualmente, a las siete, Saint Germain surgió directamente de la atmósfera y me recibió con los brazos abiertos. De nuevo me entregó la copa de cristal, esta vez llena de un líquido claro y chispeante. Lo bebí, y su sabor no se parecía a nada que hubiera experimentado físicamente antes. Era parecido a zumo de pomelo helado, pero chispeante y efervescente. En el instante en que lo bebí, una sensación semejante a un relámpago recorrió mi cuerpo, llevando la sensación de su actividad centelleante a cada una de mis venas.
Saint Germain dio entonces a la pantera un pequeño pastel marrón, que devoró rápidamente. En un instante se le erizó el pelo, y él comentó:
«Tu amiga no volverá a matar ciervos.»
«Para la experiencia y la instrucción que siguen, será necesario dejar tu cuerpo aquí, en la ladera de la montaña, porque todavía no has invocado suficiente Poder Interior como para poder llevarlo adonde vamos hoy. La pantera hará guardia y, como precaución adicional, colocaré alrededor de ambos el manto de invisibilidad. Iremos al Royal Teton.
«Ven.»
Instantáneamente me encontré fuera de mi cuerpo físico, en mi cuerpo más sutil, vestido con una rica prenda de tejido dorado y autoluminoso.
«Observa atentamente el material con el que estás vestido», continuó. «La sustancia que compone la prenda que llevas posee ciertas cualidades y poderes extraordinarios propios, uno de los cuales permite a quien la usa levantar y transportar objetos físicos. La prenda misma posee energía electrónica pura y puede utilizarse para mover objetos, del mismo modo que la fuerza que uno emplea a través del cuerpo físico. Esta es una actividad extraordinaria que los Grandes Maestros de Luz han autorizado a utilizar por primera vez en este planeta.»
Para beneficio de mis lectores, quiero declarar clara e inequívocamente que, aunque durante estas experiencias estaba revestido de un cuerpo que funcionaba en cuatro dimensiones, este me permitía sentir y manipular objetos sólidos del mundo físico exactamente como cualquiera puede hacerlo con su propio cuerpo físico. El cuerpo que utilicé esta vez no era lo que a veces se denomina cuerpo astral.
Pronto llegamos a la cima de una montaña majestuosa que se alza como centinela sobre una de las regiones paisajísticas más hermosas de los Estados Unidos. Bajo nosotros se extendían vastos bosques y, hasta donde alcanzaba la vista, grandes cordilleras montañosas con sus tesoros minerales todavía intactos.
Nos dirigimos a un punto donde enormes masas de piedra yacían en confusión, como si unos gigantes se las hubieran arrojado unos a otros en una guerra. Saint Germain tocó una gran roca y, al instante, la enorme masa se inclinó y se desplazó algo más de un metro de su posición original. Me indicó que lo siguiera. Entramos y, para mi asombro, nos encontramos ante una gran puerta de bronce.
«Esto está aquí desde antes del hundimiento de la Atlántida, hace más de doce mil años», explicó.
Avanzó y presionó ciertos puntos de la puerta. La gran masa de bronce, que pesaba muchas toneladas, se abrió lentamente y nos permitió entrar en una espaciosa cámara desde la cual descendía una escalera tallada en la roca sólida. Bajamos unos sesenta metros y entramos en otro espacio de forma circular. Saint Germain cruzó la sala hasta una puerta situada frente a las escaleras y apoyó en ella su mano derecha. Al abrirse, nos encontramos ante la entrada de un ascensor tubular. El interior parecía de plata esmerilada y, respondiendo a mi pensamiento, dijo:
«Sí, pero más duro y resistente que el acero, e indestructible.» Un disco plano del mismo metal, que se ajustaba casi perfectamente al tubo, ascendió en su interior hasta quedar al nivel del suelo. La plataforma era controlada y operada enteramente por el Maestro. Él subió y yo lo seguí. La puerta se cerró y empezamos a descender. Bajamos durante bastante tiempo, aunque no nos movíamos con rapidez. La plataforma se detuvo ante otra puerta de bronce de diseño completamente distinto.
«Hemos descendido seiscientos metros hasta el corazón mismo de la montaña», comentó mientras salíamos del tubo.
El espacio en el que estábamos tenía una disposición y un diseño peculiares. Formaba un rectángulo alargado de este a oeste, cuyos ángulos nordeste y noroeste habían sido cortados en diagonal. Esto formaba un patio exterior o sala de recepción. La pesada puerta de bronce del ascensor tubular se abría al patio desde la pared nordeste.
En el lado norte había otras dos grandes puertas de bronce exactamente iguales que daban acceso a un gran salón de audiencias. En la pared noroeste había otra más, la cuarta puerta, semejante a aquella por la que habíamos entrado. Enfrente, sobre el largo tramo ininterrumpido de la pared sur, colgaba un inmenso tapiz.
Estaba hecho de un material muy poco común y, aunque el tejido era grueso, el hilo o la fibra era tan suave como el pelo de camello. El fondo era de un delicado color crema y, sobre él, aparecían dos figuras de tamaño natural que representaban Seres Divinos de Gran Majestad y Poder. La figura de la derecha era masculina y la otra femenina. Ambas estaban de pie como si estuvieran ordenando a las Fuerzas Cósmicas obedecer sus decretos.
La figura masculina vestía una amplia túnica de un rico material azul zafiro oscuro, bordeada y profusamente bordada en oro. Evidentemente era una vestidura ceremonial o símbolo de autoridad. Bajo la túnica exterior llevaba una túnica interior de tejido dorado, de apariencia metálica. Un diseño radiante de rubíes, diamantes, zafiros y esmeraldas cubría el pecho. La cintura estaba rodeada por un cinturón enjoyado del que colgaba un panel de unos treinta centímetros de longitud, también abundantemente incrustado con las mismas clases de joyas. La túnica llegaba hasta las rodillas y el borde inferior estaba adornado con una franja de unos diez centímetros de ancho, ricamente bordada en seda del mismo color que las joyas.
El efecto del conjunto daba la impresión de que todas las prendas eran autoluminosas. Los pies estaban calzados con botas semejantes a sandalias, de cuero dorado, que llegaban casi hasta las rodillas, muy ornamentadas y atadas con cordones azul zafiro. Una banda de oro de unos cuatro centímetros de ancho reposaba a media altura sobre la frente, sujetando el cabello dorado y ondulado de la figura, que descendía unos quince centímetros por debajo de los hombros.
La tez era muy clara, con un suave matiz rosado, y los ojos de un profundo azul violeta. Los dedos de la mano izquierda descansaban ligeramente sobre el corazón, mientras la mano derecha, levantada, sostenía una resplandeciente vara de cristal de Poder y Autoridad. El extremo inferior terminaba en punta y, en la parte superior, descansaba una esfera de unos siete centímetros de diámetro que emitía rayos centelleantes de Luz Blanca.
Era inconfundible que la figura representada se hallaba ejerciendo un poder gigantesco y manipulando alguna Poderosa Fuerza Cósmica. Toda su apariencia sugería la plenitud de la juventud y, sin embargo, en sus ojos hablaba la sabiduría de las edades de un pasado remoto.
La túnica de autoridad de la figura femenina era de un violeta profundo, ribeteada con bordados dorados semejantes a los de su compañero. El vestido interior era de un material suave, dorado y reluciente que llegaba casi hasta el suelo. El hilo utilizado para tejer en el tapiz las prendas debía de ser el mismo que había compuesto realmente el material de los vestidos originales. Este Ser llevaba un ceñidor enjoyado cuyo panel descendía unos cinco centímetros por debajo de las rodillas, incrustado con las mismas clases de joyas que las de la figura masculina.
La punta de su sandalia derecha apenas era visible bajo el borde del vestido y estaba hecha de cuero dorado. Sobre la cabeza llevaba una sencilla banda de oro exactamente igual a la de él; los ojos eran del mismo azul violeta, aunque de tono más claro, y su cabello dorado le caía hasta las rodillas.
Suspendida del cuello por una cadena de oro, sobre el pecho, había una gran estrella de siete puntas tallada en un solo diamante. En la mano izquierda sostenía una esfera de cristal de unos quince centímetros de diámetro y, en la derecha, elevada como la de la otra figura, un cetro de diseño sumamente extraño. Aproximadamente los dos tercios inferiores eran de oro y terminaban en una punta en forma de lanza; el tercio superior estaba compuesto por una sustancia semejante al cristal, radiantemente luminosa. En la parte superior formaba un diseño parecido a una flor de lis, salvo que la punta central era mucho más larga y se afinaba hasta un ápice esbelto formado por sus cuatro facetas.
La hoja curva a la derecha de la parte central era de un hermoso color rosa; la de la izquierda, de un profundo azul zafiro; y la del centro, blanco cristalino. Todas eran transparentes y resplandecían con Luz. Las partes de oro y las semejantes al cristal se fundían perfectamente entre sí, pues no había línea de separación entre ambas sustancias. Su cetro simbolizaba las Tres Actividades de la Fuerza Creadora.
La esfera de cristal de su mano izquierda revelaba la Perfección no manifestada del futuro en la Actividad Cósmica. Ambos cetros representaban la atracción y dirección del Poder Creador hacia la sustancia universal para una manifestación especial. Eran radiantes y hermosos incluso en el tapiz, y yo no podía dejar de preguntarme cómo habrían sido en realidad. Saint Germain esperó pacientemente mientras yo estudiaba todo el conjunto, tan fascinado estaba por la magnificencia de la obra.
«Estos dos Grandes Seres fueron los fundadores de este Retiro», observó mientras nos volvíamos y atravesábamos la puerta de bronce situada a nuestra derecha para entrar en una gran sala que uno comprendía inmediatamente que se utilizaba como gran salón del consejo con algún propósito sagrado y ceremonial.
Toda la atmósfera era de magnificencia y belleza. Las palabras resultan totalmente insuficientes para transmitir lo que contemplaban mis ojos y lo que experimentaban mis sentimientos. Necesité algunos momentos para acostumbrarme a aquella visión deslumbrante y al esplendor de lo que me rodeaba.
La sala tenía por lo menos sesenta metros de largo, treinta de ancho y un techo de unos quince metros de altura. Una suave Luz Blanca, que Saint Germain explicó que era una fuerza omnipresente que los Grandes Seres utilizan siempre para la iluminación, el calor y la energía, inundaba todo el recinto. Unos seis metros de las paredes laterales y del extremo más alejado de la sala estaban formados por ónix blanco. Donde terminaba esta formación, los constructores habían atravesado una gran veta de oro virgen de más de sesenta centímetros de ancho.
La mayor parte de ambas paredes laterales era de granito azul claro, pero cerca del extremo por el que habíamos entrado, la estructura natural cambiaba a granito rosa de una calidad todavía más fina. La superficie de las paredes, el techo y el suelo había sido pulida hasta alcanzar un alto brillo, evidentemente mediante algún procedimiento extraordinario.
El techo abovedado, que se elevaba unos tres metros por encima de las paredes laterales, estaba incrustado con un diseño sumamente singular. Directamente en el centro había un disco de oro de al menos tres metros sesenta de diámetro. Llenándolo de modo que las puntas tocaran la circunferencia, resplandecía una estrella de siete puntas compuesta enteramente de diamantes amarillos: una masa compacta de brillante Luz dorada.
Irradiando desde este Sol Central había dos anillos de color, cada uno de unos treinta centímetros de ancho, que formaban una banda definida de Luz alrededor de la estrella; la banda interior era rosa y la exterior de un violeta intenso. El fondo sobre el que descansaba la estrella parecía escarcha dorada, mientras la propia estrella proyectaba hacia abajo largos rayos de reluciente Luz cristalina.
Alrededor de este diseño había siete discos más pequeños, cada uno de unos sesenta centímetros de diámetro, que representaban los planetas de nuestro sistema y los siete rayos de color del espectro de la Luz blanca. La superficie de cada disco tenía la suavidad del terciopelo y solo se había utilizado el matiz más puro, intenso y definido de cada color.
Como supe más tarde, en determinados momentos y con propósitos especiales, Grandes Seres Cósmicos vierten a través de estos discos Sus poderosas corrientes de fuerza. Allí son recibidas por los Grandes Seres Iluminados y altruistas, conocidos como los Maestros Ascendidos de Luz, quienes a su vez las proyectan hacia la humanidad de nuestra Tierra. Esta Radiación afecta los siete centros ganglionares de cada cuerpo humano de nuestro planeta, así como toda la vida animal y vegetal. El fondo de todo el techo tenía el color de un cielo muy despejado en una brillante noche de luna, aunque la superficie era altamente refractante.
En el centro del extremo más alejado del salón, a unos diez metros del suelo y en la propia pared, había un gran ojo de al menos sesenta centímetros de ancho. Representaba el «Ojo Que Todo Lo Ve del Creador», que vigila eternamente Su Creación y del Cual nada puede ocultarse.
En determinados momentos se focalizaba a través de este ojo un poder enorme para producir resultados específicos. Mientras lo contemplaba, no podía dejar de preguntarme qué sentiría si llegara a ver ese Poder en plena actividad.
A unos doce metros del extremo más alejado, sobre la pared oriental, se extendía a lo largo de aproximadamente veinte metros y a una altura de unos nueve metros un panel hecho de alguna sustancia precipitada. Había sido colocado algo más de un metro y medio por encima del nivel del suelo y hundido unos cinco centímetros en la pared lateral, formando una superficie cóncava alrededor de todo el borde.
La sustancia que lo componía parecía un hermoso terciopelo azul índigo profundo, aunque no era ningún tipo de tejido. El material físico más próximo con el que podía compararse era de naturaleza mineral. Esta sustancia no se utiliza en ninguna parte del mundo exterior de la humanidad, pero puede ser, y en ocasiones es, precipitada por los Grandes Maestros Ascendidos de Luz para un propósito especial.
Saint Germain explicó que el panel había sido precipitado y servía de espejo universal para la instrucción de los Iniciados y de los miembros Internos de un grupo de Seres Altamente Evolucionados. Estos Grandes Seres trabajan incesantemente para ayudar a la humanidad de nuestra Tierra a convertirse en hombres y mujeres Perfeccionados y permitirles manifestar en sus vidas exteriores la misma gran Perfección y Dominio que manifestó Jesucristo.
No existe organización exterior alguna de estos Seres Perfeccionados. Solo viviendo y expresando esta Perfección, mediante la autocorrección de las debilidades humanas y la plena adoración del Ser Divino Interior, puede un individuo elevarse hasta asociarse con Aquellos que trabajan en este alto nivel de realización.
«Sobre este panel», dijo Saint Germain, «se proyectan escenas de la Tierra, imágenes en los éteres —los registros akáshicos— y actividades que tienen lugar en Venus o en cualquier otro punto que quienes instruyen deseen hacer visible a los estudiantes. Tales escenas no son únicamente imágenes del pasado y del presente, sino que pueden representar actividades del futuro lejano. Más adelante verás estas cosas.»
Atravesamos la última puerta a nuestra derecha y entramos en una sala de unos veinticinco metros de largo, doce de ancho y seis de alto, con un techo abovedado semejante al de la gran sala que acabábamos de dejar.
«Toda la superficie interior de esta sala está hecha de oro esmerilado, y las vetas púrpuras y verdes que ves en las paredes como si estuvieran en relieve han sido precipitadas», continuó.
En el extremo opuesto y sobre la pared lateral a nuestra derecha, desde el suelo hasta el techo, había una estructura de metal blanco que parecía plata esmerilada. Dentro de ella, apoyados sobre rodamientos, había recipientes hechos del mismo metal. Las tapas de estos recipientes llevaban, en jeroglíficos en relieve, la clasificación del contenido de los cuatro husos que había dentro de cada uno.
Los husos medían al menos veinticinco centímetros de largo y alrededor de cada uno había enrollada una cinta de unos veinte centímetros de ancho, hecha de oro prensado y aleada con algún material que la hacía resistente y flexible, aunque no era más gruesa que una hoja ordinaria de papel de escribir. La longitud de las cintas de oro variaba entre algo más de dos y quince metros, y en cada una había caracteres como grabados en el oro con algo parecido a un estilete. Estaban realizados con tal perfección que todo el conjunto parecía escritura.
«Estos registros cumplen mi promesa contigo», dijo Saint Germain, señalando una sección particular en el extremo de la pared lateral. «Describen la ciudad, el país y la civilización que existieron donde hoy se encuentra el desierto del Sahara, durante la época en que tú eras mi hijo y yo gobernaba aquel antiguo imperio. Esta sala contiene registros de muchos países y del ascenso y caída de numerosas civilizaciones.» Me entregó uno de los husos, soltó el cierre y, para mi asombro, descubrí que podía leer su contenido.
«Puedo hacer que lo leas», continuó, «elevando temporalmente tu conciencia y llamando a la memoria oculta, el antiguo registro de estas experiencias que viviste una vez. Conocer a Dios y Su Universo no es sino entrar en contacto con el registro de Vida existente en toda forma. Todas las formas contienen Vida, y dentro de la emanación de Luz de cada forma está registrado todo su pasado, que cualquiera puede entrenarse para descubrir y comprender si está dispuesto a dedicar atención y tiempo a la autodisciplina necesaria para aquietar la confusión de la actividad exterior de su existencia cotidiana. Este registro eterno presente en todas las cosas existe desde el principio.
«En edades pasadas, la humanidad manifestó Perfección en todos los sentidos. Esta antigua condición de la raza ha sido registrada por los historiadores como el Jardín del Edén —Edén o E-Don—, que significa Sabiduría Divina. A medida que se permitió que la atención consciente, o la actividad exterior de la mente, descansara sobre el mundo de los sentidos físicos, la Sabiduría Divina —la actividad Omnisciente de la conciencia— quedó velada o cubierta, y el Plan Divino Cósmico de la vida del individuo quedó sumergido. Junto con él quedaron ocultos y olvidados la Perfección y el control consciente de la humanidad sobre toda forma.
«El hombre se volvió consciente de los sentidos en lugar de consciente de Dios, y por ello manifestó aquello hacia lo cual dirigía su atención y en lo que más pensaba. Deliberada y conscientemente dio la espalda a la Perfección y al Dominio con que el Padre lo había dotado desde el principio. Creó sus propias experiencias de carencia, limitación y discordia de toda clase. Se identificó con la parte en vez de con el todo y, naturalmente, la imperfección fue el resultado.
«Toda limitación de la humanidad es el resultado del mal uso que el propio individuo hace del atributo Divino del libre albedrío. Se obliga a vivir dentro de sus propias creaciones hasta que, por la volición directa de la actividad exterior de su mente, vuelve conscientemente hacia su origen Real —Dios, la Gran Fuente de Todo—. Cuando esto ocurre, el hombre comienza a recordar Aquello que una vez fue y que puede volver a ser siempre que elija contemplar nuevamente el Gran Plano Cósmico de Sí Mismo.
«El registro que se te ha permitido leer describe la Vida y a la gente tal como los vimos existir hace setenta mil años. Tú tuviste mucho que ver con la elaboración de estos registros en varias vidas que aún no te han sido reveladas.»
Atravesamos el salón del consejo, entramos por la puerta opuesta y encontramos una sala de tamaño similar a la que acabábamos de dejar, con dos habitaciones más pequeñas adyacentes en la pared norte. En la sala mayor, cubriendo casi toda la superficie de las paredes, había más estructuras metálicas llenas de recipientes muy parecidos a los de la otra sala.
«Estas salas», continuó, «contienen únicamente oro y joyas destinados a un propósito especial que bendecirá al mundo entero cuando la humanidad haya trascendido su egoísmo desenfrenado.» Extrajo un recipiente lleno de monedas de oro y siguió explicando: «Esto es oro español perdido en el mar y nosotros, viendo que no sería recuperado por otros medios, lo trajimos aquí mediante la actividad de ciertas fuerzas que gobernamos. Más adelante, en un tiempo que se aproxima rápidamente, volverá a ser enviado para su utilización en el mundo exterior.
«En estos recipientes», dijo señalando otra sección, «se guarda oro procedente de los continentes perdidos de Mu y Atlántida, de las antiguas civilizaciones de los desiertos de Gobi y Sahara, de Egipto, Caldea, Babilonia, Grecia, Roma y otras. Si todo este oro fuera liberado a la actividad exterior del mundo, obligaría a un reajuste repentino en todas las fases de la experiencia humana. En la actualidad, no sería lo sabio. La Sabiduría y el Poder Infinitos de esos Grandes Maestros Cósmicos, que han sido los Guardianes de la raza desde su primera aparición sobre la Tierra, están casi más allá de la comprensión de la mente humana.
«Nadie en este mundo ha acumulado jamás una gran cantidad de riqueza sin la asistencia y la Radiación de algún Maestro Ascendido. Hay ocasiones en las que ciertos individuos pueden ser utilizados como foco de grandes riquezas para un propósito específico y, en tales momentos, se irradia hacia ellos un poder considerablemente mayor para que, por medio de él, puedan recibir asistencia personal. Una experiencia así es una prueba y una oportunidad para expandir su Luz. Todo logro extraordinario que tiene lugar en la actividad humana, cualquiera que sea el canal particular, se alcanza siempre con la asistencia de un Amor, una Sabiduría y un Poder sobrehumanos provenientes de un Maestro Ascendido, porque Él ha trascendido todas las limitaciones del mundo físico y, por esta razón, todo éxito superior a lo ordinario se debe a Su mayor poder por medio de la Radiación.
«En 1887, la Hueste de Maestros Ascendidos estableció una escuela en los Planos Internos con el propósito específico de instruir a quienes habían hecho mal uso de la riqueza y revelarles plenamente los resultados de sus errores. Estas personas son llevadas allí y se les dice la Verdad acerca de la Ley Universal que gobierna toda riqueza y acerca de los resultados que se producen al influir sobre otros para que perpetúen sus ideas erróneas y sus equivocaciones. Se les da completa libertad para aceptar o rechazar las pruebas que se les ofrecen. Siempre las aceptan y se atienen a la instrucción recibida.»
A continuación entramos en las dos habitaciones más pequeñas, que también estaban equipadas con recipientes del mismo tipo, aunque no tan grandes. Estaban llenos de joyas de toda clase —diamantes, rubíes, perlas, esmeraldas y zafiros— clasificadas por variedad y cantidad. Sonriendo, Saint Germain se volvió hacia mí y dijo:
«Ahora sabes y comprendes que el Gran Ser Divino es el único Propietario y Controlador Real de toda riqueza. Esa Presencia designa guardianes de Sus tesoros en cada plano de Vida, ya se trate de Luz, Sabiduría, Sustancia o riquezas físicas. Veo que permaneces tranquilo y sereno mientras observamos esta fase de nuestra actividad, y eso está bien. Revela tu fuerza Interior y tu capacidad para hacer lo que ahora está preparado para ser realizado en cuanto tú estés preparado exteriormente. Esto sucederá pronto, te lo aseguro.
«Se te ha mostrado la prueba de que somos nosotros quienes realmente gobernamos las riquezas del mundo y las utilizamos únicamente como una prueba de la fortaleza del alma del individuo. Son siempre un depósito confiado a quienes deberían ser lo bastante fuertes como para utilizarlas únicamente de manera constructiva; pero pocos, muy pocos, superan realmente esa prueba bajo la tentación que existe hoy en el mundo en general. Si lo elegimos, podemos elevar al más humilde de los hijos de Dios que posea suficiente preparación hasta la riqueza, el poder y la prominencia, si mediante tal logro puede prestarse ayuda a muchos otros.»
Después de examinar otros recipientes llenos de más joyas, nos volvimos y entramos nuevamente en el salón del consejo. Mirando hacia la entrada por la que habíamos llegado al principio, vi a mis seres queridos —Lotus y nuestro hijo— al cuidado de uno de los Maestros Ascendidos, a quien Saint Germain dijo que se conocía como Amen Bey. Después de intercambiar saludos, nos condujeron a unos asientos frente al panel de la pared oriental. En grupos de tres a doce fueron llegando los benditos Seres de la Hueste Ascendida, hasta que setenta de ellos estuvieron sentados.
Un gran silencio cayó sobre todos los reunidos y, durante unos instantes, el silencio fue absoluto y expectante. Una esfera de suave Luz Blanca comenzó a formarse delante del panel, aumentando rápidamente de tamaño y brillo hasta convertirse en un óvalo de al menos dos metros de altura. Como si naciera de la propia Luz, surgió un Ser Gloriosísimo —alto, majestuoso y poderoso—. Hizo el signo que une lo finito con lo Infinito y, con una voz que hizo vibrar cada átomo de mente y cuerpo, preguntó si todos estaban preparados.
Una Luz llameante surgió de la sustancia que componía el panel hasta que este pareció un espejo de Luz Viviente. En un instante se transformó en una atmósfera cristalina y transparente, convirtiéndose después en una pantalla cósmica sobre la cual podían proyectarse imágenes vivientes en todas las dimensiones, sin límite alguno en cuanto al espacio que podía observarse. Era evidente que todo cuanto había ocurrido o pudiera ocurrir jamás en toda la Eternidad podía hacerse visible en esta pantalla si la Inteligencia Directriz así lo deseaba.
Las primeras escenas mostraron el continente de Mu, las actividades y los logros de su pueblo y la altura alcanzada por aquella civilización. Esto abarcó un período de miles de años. Después aparecieron acontecimientos que debieron de constituir un verdadero reinado de terror para los habitantes de aquella tierra. Se produjo un cataclismo que desgarró la superficie terrestre hasta que todo colapsó sobre sí mismo. La antigua tierra de Mu se hundió bajo las olas de lo que hoy es el océano Pacífico, donde todavía reposa envuelta en su manto de agua. Volverá a elevarse y absorberá nuevamente la Vida y la Luz del sol físico.
A continuación apareció el desarrollo de Atlántida en belleza, sabiduría y poder, un gran continente que cubría buena parte de lo que hoy es el océano Atlántico. En aquel tiempo existía tierra firme entre América Central y lo que hoy es Europa. Los logros de aquella era fueron extraordinarios, pero una vez más el mal uso de la Poderosa Energía Divina por parte de la gente los desbordó y, a medida que todo era llevado cada vez más fuera de equilibrio, volvió a experimentarse la ruptura de la superficie terrestre mediante una acción cataclísmica.
Solo quedó un pequeño resto de la Atlántida, una simple isla en medio del océano, aislada del contacto estrecho con el resto del mundo civilizado. Las partes oriental y occidental del continente se habían hundido bajo el océano Atlántico, dejando únicamente la isla llamada Poseidonis. Había sido el corazón del mundo civilizado conocido de entonces, y se tomaron medidas para proteger y preservar sus actividades más importantes como foco central desde el cual proseguir ciertos trabajos aún inconclusos. En aquel período se alcanzó un grado muy elevado de realización, tanto espiritual como material.
El desarrollo mecánico de aquel ciclo llegó a un nivel sumamente alto, y una de sus expresiones más notables fue la perfección alcanzada en la navegación aérea. El transporte aéreo de nuestra vida moderna sigue siendo todavía muy tosco y primitivo en comparación con el que existía entonces en la Atlántida. Los Grandes Maestros de Luz y Sabiduría hicieron posible aquello para el pueblo de Poseidonis porque inspiraban, instruían, protegían y revelaban conocimientos de gran adelanto en todas las fases de la actividad humana.
Una gran parte de aquellas personas llegó a ser consciente del Gran Poder Divino Interior del individuo, pero, como antes, el lado humano de su naturaleza o las actividades exteriores volvieron a usurpar la Gran Energía. El egoísmo y el mal uso de aquella sabiduría y poder trascendentes cobraron predominio en un grado incluso mayor que antes. Los Maestros de la Antigua Sabiduría vieron que el pueblo estaba acumulando otro momentum destructivo y que amenazaba un tercer cataclismo. Advirtieron a los habitantes una y otra vez, como antes, pero solo quienes servían a la «Luz» prestaron atención.
Se construyeron grandes edificios con materiales imperecederos y en ellos se colocaron registros que han sido preservados a través de los siglos. Ahora mismo permanecen en perfecto estado de conservación en el fondo del océano Atlántico, herméticamente sellados. Los Grandes Seres que dirigieron su preparación y controlan su protección los sacarán nuevamente a la luz del día.
En ellos están registrados el progreso y los logros de la humanidad de aquel período, de modo que no ha habido para la humanidad una pérdida permanente de las actividades de la civilización atlante. Además de preservar tales registros, en aquella época se trasladaron grandes riquezas, principalmente oro y joyas, a otros lugares seguros. Han sido custodiadas a lo largo de los siglos y continuarán siéndolo para utilizarse en un tiempo futuro en la elevación y el progreso de generaciones que aún no han nacido.
El cataclismo final agotó su momentum, y el último fragmento que quedaba de lo que una vez había sido un imperio mundial se hundió y quedó en reposo bajo el actual océano Atlántico para purificarse durante siglos. El recuerdo de la Atlántida y de su pueblo, a diferencia del continente perdido de Mu, no ha sido completamente olvidado ni borrado de la historia de la humanidad, pues se ha conservado de muchas maneras a través de los siglos. Aunque han transcurrido doce mil años desde su hundimiento, fragmentos de información referentes a ella siguen llegándonos por los canales más inesperados. Abundan los mitos y leyendas acerca de la Atlántida, y estos son dos medios que preservan para la humanidad ciertas condiciones reales que han existido sobre la Tierra en una u otra era. Con el paso del tiempo, la oceanografía, la geología y otros datos científicos revelarán pruebas indiscutibles de su existencia y de la altura de sus logros.
Después pasaron ante nuestra visión las antiguas civilizaciones de los desiertos de Gobi y Sahara, mostrando el ascenso y la caída de sus principales actividades. Esta vez, el declive de cada una no se debió a una acción cataclísmica, sino a que fueron invadidas por hordas de almas primitivas que tomaron encarnación en aquel ciclo.
A continuación aparecieron imágenes de Egipto, de su ascenso y su caída; esta última se debió al mal uso deliberado del conocimiento y del poder por parte de un gran número de seres humanos encarnados en aquella tierra, cuyas cualidades predominantes eran el orgullo por sus logros intelectuales y la rebelión contra el dominio de su naturaleza inferior. Tales actitudes significan siempre fracaso, tanto individual como colectivamente.
Egipto alcanzó su mayor altura gracias al uso correcto del conocimiento y del poder. Estos exigen siempre humildad, obediencia del intelecto al Ser Divino Interior y un control absoluto e incondicional de la naturaleza humana o inferior en quienes buscan tales dones, si quieren evitar la destrucción. Las almas encarnadas en Egipto durante su decadencia no eran poco desarrolladas, como las de las civilizaciones de los desiertos de Gobi y Sahara. Por el contrario, habían alcanzado el uso consciente del conocimiento y del poder y eligieron deliberadamente emplearlos mal. Esta actividad no tiene absolutamente nada que ver con la Sabiduría, pues quienes son los Herederos Eternos de los dones de esa Divina Diosa deben permanecer para siempre por encima de toda tentación de hacer mal uso del conocimiento y del poder. La Sabiduría es el uso correcto de todo cuanto se manifiesta, y quien comprende esta Verdad evidente e Inmutable se convierte en una puerta abierta a todo el Bien que existe en la creación.
La referencia a Egipto como tierra de oscuridad es sumamente injusta, pues de Egipto, en su ciclo anterior, surgió una muy gran Luz, y de Egipto volverá a surgir una muy gran Luz.
La escena siguiente mostró el ascenso y la caída del Imperio romano. Cuando la oscuridad y la degradación de aquellos siglos alcanzaron su punto más bajo, ¡he aquí que apareció Jesús!, derramando Su Luz Flameante y Su Amor como el Cristo; y mediante Su Transfiguración, Resurrección y Ascensión se extendió sobre la Tierra un torrente tan abrumador de la Perfección de Dios que nunca más podrá envolver a la humanidad una oscuridad tan vasta en ninguna era. El logro de Su Vida permanece eternamente registrado en la atmósfera de este planeta y actúa como un imán que atrae a la humanidad hacia una Perfección semejante.
La venida de Jesús fue una iniciación para los pueblos de nuestro mundo y un Mandato Cósmico de utilizar el Poder del Amor Divino en todas sus actividades futuras. Este derramamiento de Su Amor sobre la Tierra durante su ciclo más oscuro se convirtió en el nacimiento del Niño Cristo en el individuo. Él volvió a llamar al Plano Divino Cósmico y reveló el Decreto para la era entrante. Ese Plan es el Dominio Completo sobre todas las cosas finitas mediante la Plena Estatura del Cristo dentro de cada ser humano.
A continuación vino el reinado de Ricardo Corazón de León de Inglaterra. La humanidad tiene poco o ningún conocimiento de la verdadera actividad espiritual que tuvo lugar durante aquellos años. La misma Luz que inspiró el entusiasmo de Ricardo y sus actividades en las cruzadas liberó, por medio de sus seguidores y de la gente de aquella época, ciertas fuerzas que la Hueste Ascendida utilizó en los niveles Internos de conciencia.
Luego aparecieron imágenes de la reciente guerra mundial en Europa, y estas revelaron las actividades que la generaron. Solo unas pocas personas conocen la verdadera causa y, sin duda, es mejor que no la conozcan más. Es demasiado destructiva para que la conciencia la contemple. Nada puede ganarse concentrando la atención en la guerra. Tal vez esta sea también la razón por la que no se mostró el período comprendido entre Ricardo y la guerra mundial. Allí se revelaron las actividades de la Hueste Ascendida, y la vimos disolver la causa y la mayor parte del momentum acumulado del reciente conflicto mundial.
Lo consiguieron focalizando y dirigiendo conscientemente enormes Rayos de Luz, cuyo poder para consumir y transmutar es demasiado prodigioso para una descripción finita. Estos Seres Perfeccionados habían estado esperando la llegada del Momento Cósmico para poder prestar a la humanidad un Servicio de Amor largamente esperado y del cual la humanidad todavía posee poca o ninguna comprensión.
Estas extraordinarias imágenes continuaron y revelaron actividades que se extendían hacia el futuro lejano y afectaban a toda la Tierra. Mostraron muchos cambios que se producirán en la propia superficie del planeta. Uno de los más importantes se refería al progreso de América del Norte. El Plan Divino para su futuro es una condición de intensa actividad dentro de la mayor paz, belleza, éxito, prosperidad, iluminación espiritual y Dominio. Ella ha de llevar la Luz Crística y “Ser” la Guía para el resto de la Tierra, porque América ha de convertirse en el centro del corazón de la Edad Dorada que apenas comienza a tocar débilmente nuestro horizonte. La mayor parte de la tierra de América del Norte permanecerá durante muchísimo tiempo. Esto se conoce desde hace miles de años, sí, desde hace más de doscientos mil.
Las imágenes continuaron durante casi tres horas, mostrando muchas escenas y actividades que han escapado por completo a los registros de los historiadores y al mundo de la ciencia a causa de su enorme antigüedad. Por maravillosas y bellas que sean nuestras películas actuales, son simples juguetes comparadas con la existencia real, viva y palpitante revelada en esta pantalla cósmica. Allí era posible observar cómo la Causa Cósmica de muchos acontecimientos y condiciones de la Tierra entraba en acción, de modo que quienes contemplaban recibían una instrucción de magnitud extraordinaria. Esta instrucción Interior es de gran ayuda para los estudiantes.
Al terminar la instrucción, Saint Germain nos presentó al Gran Maestro Ascendido Lanto, que se había manifestado desde el interior de la Luz Flameante, y después a los setenta Maestros reunidos.
«Verdaderamente nos regocijaremos», dijo Lanto volviéndose hacia nosotros, «cuando estén nuevamente preparados para participar en el servicio consciente de la gloriosa obra que tenemos entre manos. Esta oportunidad les llega por las grandes victorias que han obtenido sobre el ser humano y el mundo exterior. Se acerca el momento en que tendrán el privilegio de ver cuán grandes son realmente esas victorias. Cada día acepten en su Plenitud la Poderosa Presencia Activa del Gran Dios dentro de ustedes, y no podrá existir nada semejante al fracaso en ningún punto del sendero. Todo aquel que busca sinceramente la Luz es siempre conocido por los Maestros Ascendidos. En la víspera de Año Nuevo volveremos a reunirnos aquí, y habrá doce invitados de Venus. Deseamos que ustedes estén presentes. Saint Germain y Amen Bey serán sus padrinos.»
A una señal, todos guardaron silencio y recibieron la bendición de amor de Lanto antes de regresar a sus respectivos campos de servicio. La mayoría desapareció sencillamente de la sala en unos instantes, y los demás salieron por el ascensor tubular.
«Hijos míos, veo que no tienen conciencia del tiempo. Son ya las tres de la mañana», observó Saint Germain mientras se volvía para despedirse de Lotus y de nuestro hijo, quienes, después de abrazarme, salieron por la sala exterior de recepción mientras nosotros atravesábamos la primera puerta de la derecha. «Hay una cosa más», continuó, «que quiero que veas antes de que nos vayamos.
«Aquí hay un grupo de instrumentos musicales muy poco comunes que se utilizan para un propósito especial, construidos o creados de tal manera que tengan un timbre de cualidad especial para el trabajo que realizamos.» Se volvió hacia el teclado de un órgano y siguió explicando:
«Parece un órgano sin tubos, pero los tubos, mucho más pequeños que los ordinarios, están colocados dentro de la caja. El tono de todo el instrumento es superior a cualquier cosa que la Tierra haya conocido hasta ahora en la música. Estos órganos se utilizarán en el mundo exterior a medida que avance la Edad Dorada entrante.»
Luego examinamos cuatro magníficas arpas, ligeramente mayores que las que se usan normalmente en el mundo de la música actual. Saint Germain se sentó ante una de ellas y tocó varios acordes para darme una idea de su tono. Era la música más maravillosa que jamás había escuchado.
«Esta arpa es una sorpresa para nuestra Amada Lotus», dijo, «porque en la víspera de Año Nuevo, en este Retiro, oirás el órgano y las cuatro arpas interpretados por artistas expertos.» Terminamos de inspeccionar la sala y salimos por la puerta de la pared noroeste.
En lugar de salir del Retiro por donde habíamos entrado, Saint Germain abrió una pequeña puerta a la izquierda y penetró en un túnel reluciente cuyas paredes centelleaban con una formación semejante al cristal, que quedó iluminada instantáneamente por la Luz Blanca que él liberaba siempre al manipular la sustancia electrónica que lo rodeaba. Avanzamos rápidamente por el túnel, llegamos a una puerta de bronce que se abrió al tocarla y volvimos a encontrarnos bajo el cielo estrellado.
Permanecimos un instante en perfecto silencio; luego, elevándonos hasta unos ciento cincuenta metros sobre el nivel del suelo, atravesamos velozmente el aire y, pocos momentos después, nos encontramos junto a mi cuerpo físico en la ladera sur del monte Shasta, donde la pantera continuaba haciendo guardia. Había estado ausente veintidós horas y, al alzar la vista, vi que el amanecer comenzaba apenas a aparecer por el horizonte oriental.
«Aquí tienes tu desayuno», anunció Saint Germain mientras me entregaba la Copa de Cristal que contenía un líquido claro, blanco y chispeante. «Esto te fortalecerá y refrescará, de modo que disfrutarás de la caminata de regreso, porque tu cuerpo necesita ejercicio y actividad. Percibo algo en tu mente que no está en paz, o al menos que no está claro para tu conciencia.»
«Sí», respondí. «Hay una pregunta que desde hace algún tiempo mantiene mi atención, y se refiere a la visualización. ¿Qué es la verdadera visualización y qué ocurre cuando uno visualiza?»
«La verdadera visualización», respondió, «es el atributo de Dios y Su Poder de Visión actuando en la mente del hombre. Cuando una persona forma conscientemente en su mente la imagen de un deseo que quiere ver cumplido, está utilizando uno de los medios más poderosos para llevarlo a su experiencia visible y tangible. Existe mucha confusión e incertidumbre en la mente de muchas personas respecto de lo que ocurre realmente cuando uno visualiza o crea una imagen mental de algo que desea. Ninguna forma ha llegado jamás a existir en ninguna parte del Universo sin que alguien haya sostenido conscientemente en su pensamiento una imagen de esa forma, porque todo pensamiento contiene dentro de sí una imagen de la idea. Incluso un pensamiento abstracto posee una imagen de algún tipo, o al menos una imagen que corresponde al concepto mental que uno tiene de él.
«Te daré un ejercicio mediante el cual una persona puede desarrollar, controlar conscientemente y dirigir sus actividades de visualización hacia un logro definido. El proceso tiene varios pasos que todo estudiante puede utilizar en cualquier momento y en toda circunstancia. La práctica produce resultados visibles y tangibles cuando se aplica realmente. El primer paso consiste en decidir un plan definido o un deseo que quieras realizar. Asegúrate de que sea constructivo, honorable y digno de tu tiempo y esfuerzo. Examina cuidadosamente tu motivo para llevar tal creación a la expresión. Debe ser honesto, tanto contigo mismo como con el resto del mundo, y no limitarse a seguir un capricho o satisfacer los apetitos de los sentidos físicos. Recuerda que existe una enorme diferencia entre uso, deseo y apetito. El uso es el cumplimiento de la Gran Ley Universal del Servicio. El deseo es la actividad expansiva de Dios mediante la cual la manifestación se mantiene continuamente; es la Perfección expandiéndose a Sí Misma. El apetito no es sino un hábito establecido por la satisfacción continuada de la naturaleza emocional, y no es más que energía focalizada y cualificada por las sugestiones de la actividad exterior de la vida.
«Asegúrate muy bien de que no exista dentro de ti ningún sentimiento oculto que te haga desear beneficiarte a expensas de otro. Un estudiante verdadero —y solo uno así obtendrá beneficio de este tipo de entrenamiento— toma las riendas en sus propias manos y decide disciplinar y controlar conscientemente el ser humano. Elige qué habrá y qué no habrá en su mundo y, mediante el proceso de formar imágenes en su mente, diseña y lleva a la manifestación un plan de vida claramente determinado.
«El segundo paso consiste en expresar tu plan con palabras de la forma más concisa y clara posible. Escríbelo. De este modo haces un registro de tu deseo en el mundo exterior, visible y tangible. El tercer paso consiste en cerrar los ojos y ver dentro de tu mente una imagen mental de tu deseo o plan en su condición y actividad acabadas y perfectas.
«Contempla el hecho de que tu capacidad para crear y ver una imagen dentro de tu propia conciencia es el atributo de la vista de Dios actuando en ti. La actividad de ver y el poder de crear son atributos de tu Ser Divino, que sabes y sientes que está dentro de ti en todo momento. La Vida y el Poder de Dios actúan dentro de tu conciencia para impulsar hacia tu mundo exterior la imagen que estás viendo y sintiendo dentro de ti mismo.
«Recuerda constantemente al intelecto que la capacidad de formar una imagen es un atributo de Dios: el atributo de la vista. El poder de sentir, experimentar y asociarte con la imagen perfeccionada es el poder de Dios. La sustancia que se utiliza en el mundo exterior para formar la figura de tu imagen y tu plan es la pura Sustancia de Dios. Luego debes saber que Dios es el Hacedor, la Acción y el Hecho de toda forma y acción constructivas que hayan sido enviadas al mundo de la manifestación. Cuando utilizas de este modo todos los procesos constructivos, es imposible que tu plan no llegue a tu mundo visible.
«Lee tu deseo o plan tantas veces durante el día como sea posible, y siempre justo antes de dormir, porque al quedarte dormido inmediatamente después de contemplar la imagen en tu propia mente, queda una impresión completa en la conciencia humana sin ser perturbada durante varias horas, lo que le permite quedar profundamente registrada en la actividad exterior y hace posible que se genere y acumule la fuerza que la impulsa hacia la experiencia exterior de la Vida. De esta manera puedes llevar cualquier deseo o imagen a tu conciencia cuando entra en el Gran Silencio durante el sueño. Allí queda cargado por el Mayor Poder y la Actividad de Dios, que siempre están dentro del Corazón del Gran Silencio.
«Bajo ninguna circunstancia hables con nadie acerca de tu deseo ni del hecho de que estás visualizando. Esto es imperativo. No te hables a ti mismo de ello en voz alta, ni siquiera en un susurro, porque debes comprender que cuanto mayor sea la acumulación de energía generada por tu visualización, contemplación y por el sentimiento de la realidad de tu imagen, tanto más rápidamente llegará esta a tu experiencia exterior.
«Miles de deseos, ambiciones o ideales se habrían manifestado en la experiencia exterior de las personas si ellas no los hubieran comentado con amigos o conocidos. Cuando decides definitivamente producir una experiencia mediante una visualización conscientemente dirigida, te conviertes en La Ley —Dios—, la Ley del Uno, para quien no existe opuesto. Debes tomar tu propia decisión y respaldar tu propio decreto con todo tu poder. Esto significa que debes adoptar una posición firme, determinada e inquebrantable. Para hacerlo, sabe y siente que es Dios quien desea, Dios quien siente, Dios quien sabe, Dios quien manifiesta y Dios quien controla todo lo que concierne a ello. Esta es la Ley del Uno: Dios y solo Dios. Hasta que esto se comprenda plenamente, no puedes ni podrás obtener tu manifestación, porque en el instante en que entra un elemento humano, la estás sacando de las manos de Dios y, naturalmente, no puede expresarse, pues la neutralizas mediante las cualidades humanas de tiempo, espacio, lugar y otras mil y una condiciones imaginarias que Dios no reconoce.
«Nadie puede conocer jamás a Dios mientras considere que existe una fuerza opuesta a Dios, porque siempre que reconoce que pueden actuar dos fuerzas obtiene como resultado una cualidad de actividad neutralizante. Cuando hay neutralización, no hay una cualidad definida en ningún sentido. Simplemente no hay nada, ninguna cosa, en tu manifestación. Cuando reconoces a Dios —El Uno—, solo tienes la Perfección manifestándose instantáneamente, porque nada existe que se le oponga o la neutralice, ningún elemento de tiempo. Así queda establecido para ti, pues no hay nada que se oponga a lo que Dios decreta.
«Las condiciones nunca pueden mejorar para nadie hasta que esa persona desee la Perfección y deje de reconocer un poder opuesto a Dios, o que existe algo, dentro o fuera de ella, capaz de impedir que se exprese la Perfección de Dios. El simple reconocimiento de una condición inferior a todo lo que Dios es constituye una elección deliberada de imperfección, y esa clase de elección es la caída del hombre. Es deliberada e intencional, porque uno es libre en cada momento de pensar cualquier cosa que elija pensar. Por cierto, no se requiere más energía para pensar un pensamiento o formar una imagen de Perfección que para pensar una de imperfección.
«Tú eres El Creador localizado para diseñar y crear Perfección en tu mundo y en tu lugar del Universo. Si han de expresarse la Perfección y el Dominio, debes conocer y reconocer únicamente La Ley del Uno. El Uno existe y controla completamente en todas partes del Universo. Tú eres la Conciencia de Sí de la Vida, la Única Presencia Suprema de la Gran Llama de Amor y Luz. Tú solo eres quien elige y quien decreta las cualidades y las formas en las que deseas verter tu Vida, porque eres el único que energiza tu mundo y todo cuanto contiene. Cuando piensas o sientes, una parte de tu energía de Vida sale para sostener tu creación.
«Expulsa entonces de tu mente toda duda o temor respecto del cumplimiento de aquello que estás representando en imagen. Si llegan a tu conciencia pensamientos o sentimientos de esa clase —que, después de todo, no son más que emanaciones humanas y no contienen Perfección—, sustitúyelos instantáneamente por el pleno reconocimiento de tu Ser y de tu mundo como la Vida de Dios —El Uno—. Fuera de eso, mantente completamente despreocupado respecto del asunto, excepto durante el tiempo en que estás visualizando. No fijes en tu mente un plazo para los resultados; sabe únicamente que solo existe el ahora, el instante inmediato. Adopta esta disciplina, úsala y podrás manifestar un poder irresistible en acción que no puede fallar y nunca ha fallado.
«Recuerda siempre: tú eres Dios formando la imagen. Tú eres la Inteligencia Divina que dirige. Tú eres el Poder Divino que impulsa. Es la Sustancia de Dios —tu Sustancia— sobre la que se actúa. Cuando comprendes esto y contemplas frecuentemente su plenitud, todo en el Universo se apresura a cumplir tu deseo, tu mandato y tu imagen, porque todo ello es constructivo y, por tanto, concuerda con el Plan Divino Original para la Vida Consciente de Sí. Si el lado humano de nosotros está verdaderamente de acuerdo con el Plan Divino y lo acepta, no puede existir demora ni fracaso, porque toda energía lleva dentro de sí la cualidad inherente de la Perfección y se apresura a servir a su Creador. La Perfección es la única predestinación que existe.
«Puesto que tu deseo o imagen es constructivo, tú eres Dios viendo Su Propio Plan. Cuando Dios Ve, es un decreto o mandato irrevocable para aparecer ahora. En la creación de esta Tierra y de este sistema de mundos, Dios dijo: “Que haya Luz”, y la Luz apareció. No hicieron falta eones de tiempo para crear la Luz. El mismo Poderoso Dios está en ti ahora, y cuando ves o hablas son Sus atributos de la vista y de la palabra los que actúan en ti y a través de ti.
«Si comprendes lo que esto significa realmente, puedes ordenar por Su Pleno Poder y Autoridad, porque tú eres Su Conciencia de Vida, y solo la Conciencia de Sí de tu Vida puede ordenar, formar una imagen o desear un Plan constructivo y Perfecto. Todo plan constructivo es Su Plan. Por tanto, sabes que Dios está actuando y ordenando: “Que este deseo o plan se cumpla ahora”, y Está Hecho.»
Aquí Saint Germain terminó de hablar y, despidiéndose de mí con una sonrisa —por el momento—, desapareció de mi vista. Emprendí el camino de regreso y la pantera trotaba junto a mí. Había pasado veinticuatro horas sin comer y no tardó en lanzarse entre los árboles y desaparecer en la espesura. Continué mi camino y llegué a casa a las once, pasando el resto del día tratando de comprender plenamente la importancia de lo que había tenido el privilegio de experimentar y hasta qué punto todo el concepto de mi mundo había cambiado tan inesperadamente.
CAPÍTULO IV
Los misterios de Yellowstone
PASARON siete días; era ya la primera semana de septiembre. La noche del octavo día, estaba sentado contemplando la Vida y sus infinitas expresiones, cuando mi pensamiento se dirigió naturalmente hacia Saint Germain. Inmediatamente, un amor abrumador fluyó hacia él en profunda gratitud por todo cuanto había tenido el privilegio de experimentar mediante su asistencia y su Luz.
Comenzó a envolverme, como un soplo, la sensación de que había una «Presencia» en la habitación y, al levantar de pronto la vista, allí estaba Él, sonriente y radiante, la «Presencia de la Divinidad» misma.
«Hijo mío», dijo, «¿soy un visitante tan inesperado que te sorprendo? Sin duda sabes muy bien que, cuando piensas en mí, estás en contacto conmigo, y cuando yo pienso en ti, estoy contigo. Durante tu meditación, tu atención estaba puesta en mí y, por eso, aparezco. ¿No es esto conforme a la Ley? Entonces, ¿por qué no aceptarlo como algo natural? Uno atrae hacia sí aquello en lo que piensa.
«Permíteme sugerirte que te entrenes para no sorprenderte nunca, no sentirte decepcionado ni herido en tus sentimientos bajo ninguna circunstancia, porque el perfecto Autocontrol de todas las fuerzas que hay dentro de ti, en todo momento, es Dominio, y esa es la recompensa de quienes recorren el sendero de la “Luz”, pues solo mediante la corrección del yo humano puede alcanzarse la Maestría.
«Recuerda siempre que el derecho a mandar, que es Dominio, solo puede conservarse permanentemente por quienes primero han aprendido a obedecer, porque aquel que ha aprendido obediencia a la “Ley del Uno” se convierte en un Ser de Causa solamente, y esa Causa es el Amor. Así, en realidad, se convierte en “la Ley del Uno” por la cualidad de semejanza. Vigila para que nada salga de ti salvo aquello que sea armonioso, y no permitas que una palabra destructiva pase por tus labios, ni siquiera en broma. Recuerda que tratas con alguna clase de fuerza en cada instante de la Eternidad, y que tú eres quien la cualifica en todo momento.
«He venido para llevarte a un viaje importante. Estaremos fuera treinta y seis horas. Corre las cortinas de tu habitación, cierra las puertas con llave y deja tu cuerpo en la cama. Estará protegido hasta nuestro regreso. Has realizado cierto progreso Interior, y te aguardan una experiencia y un viaje muy interesantes y agradables.»
Preparé mi cuerpo para acostarme y pronto quedé muy quieto. Un instante después, me encontraba de pie en el suelo, fuera de mi cuerpo, vestido con la misma prenda dorada que había llevado en mi visita al Royal Teton. La sensación de densidad que uno tiene respecto a las paredes había desaparecido y, al atravesarlas, la impresión era semejante a la de caminar a través de una niebla espesa, pues la propia pared había perdido su sensación de densidad.
Esta vez fui claramente consciente de atravesar el espacio. No pregunté adónde íbamos, pero no tardamos en llegar al Royal Teton. Hacia el este se alzaban las imponentes Montañas Rocosas y, más allá, se extendían vastas llanuras que algún día estarán cubiertas de vegetación semitropical y cuyos habitantes vivirán en paz y abundancia.
Hacia el oeste podíamos ver las montañas de Sierra Nevada y las Cascadas y, todavía más lejos, la Cordillera Costera, cuya línea litoral habrá de cambiar por completo. Hacia el norte contemplamos el “Yellowstone”, cuya maravillosa belleza oculta a nuestra actual civilización americana sus antiguos misterios y maravillas.
«La palabra “Yellowstone”», explicó Saint Germain, «ha llegado hasta nosotros a través de los siglos desde hace más de catorce mil años. En aquella época, la civilización de Poseidonis había alcanzado un grado muy elevado de realización, porque un Gran Maestro de Luz estaba al frente del Gobierno. Solo durante los últimos quinientos años tuvo lugar la decadencia y prevaleció el mal uso de su gran sabiduría. Dentro de los actuales límites de Yellowstone, que siguen siendo los mismos, existió la mina de oro más rica que el mundo haya conocido jamás. Pertenecía al gobierno y gran parte de su riqueza se utilizaba para fines experimentales y de investigación en química, invención y ciencia.
«A treinta y siete millas de este lugar había una mina de diamantes. Las piedras extraídas de ella eran los diamantes amarillos más hermosos que se hayan encontrado jamás en esta tierra, antes o después de aquel período. Entre las gemas procedentes de aquella mina había unas pocas piedras raras de extraordinaria belleza y perfección. Si eran talladas correctamente, mostraban en el centro una diminuta llama azul que parecía Luz Líquida. Cuando determinadas personas las llevaban puestas, la radiación de esa llama podía verse elevándose más de dos centímetros y medio por encima de la superficie de la piedra.
«Se las consideraba sagradas y solo se utilizaban en los ritos más elevados y secretos de los Maestros Ascendidos. Dieciséis de ellas siguen siendo custodiadas como un depósito sagrado por la “Hermandad del Royal Teton”, y volverán a utilizarse en el momento señalado. Fue debido a estos magníficos diamantes amarillos por lo que el nombre actual de “Yellowstone” ha llegado hasta nosotros.
«Tú, hijo mío, fuiste quien descubrió ambas minas. Te mostraré los registros que constituyen la evidencia física de lo que acabo de contarte. Estos registros indican la fecha de su descubrimiento, la cantidad de riqueza extraída, el tiempo durante el cual fueron explotadas, la descripción de la maquinaria utilizada —que trataba minerales refractarios recuperando el ochenta y siete por ciento de su valor y los convertía en lingotes dentro de la propia mina, haciendo innecesaria cualquier operación en la superficie—, el lugar al que eran enviados y la fecha de cierre y sellado. Aquí están los registros duplicados.
«En aquella vida en Poseidonis, vivías en una hermosa casa con una hermana que hoy es Lotus. Ambos alcanzasteis y mantuvisteis un estrecho contacto con el “Yo Divino Interior”, de modo que Dios estaba verdaderamente en acción en todo momento. Eras funcionario de la oficina de minas y, gracias a esa relación, inventaste y construiste una maravillosa aeronave. Con ella viajabas con frecuencia sobre las montañas. Un día, mientras te encontrabas en profunda meditación, se te mostró la ubicación de estas minas, que más tarde descubriste, pusiste en explotación y entregaste al gobierno. Después de esta explicación, voy a mostrarte ahora la prueba de lo que he descrito, aunque hoy no exista en la superficie rastro alguno de estas minas. Ven, entraremos en la mina misma.»
Al dejar el Royal Teton, fui plenamente consciente de atravesar el espacio y moverme rápidamente hasta que llegamos a cierto lugar del Parque Yellowstone. Allí descendimos y nos encontramos frente a una pared de roca maciza.
«¿Ves alguna manera de entrar?», preguntó Saint Germain, volviéndose hacia mí.
«No, pero siento que la entrada está aquí», respondí, señalando cierto punto de la pared de granito. Sonrió y, acercándose al lugar indicado, puso la mano sobre él; un instante después nos hallábamos ante una puerta metálica, ya sin sellar.
«Ya ves», explicó, «tenemos nuestros propios métodos para sellar cualquier entrada que elijamos proteger, y es imposible que alguna vez sea encontrada o penetrada a menos que así lo deseemos. La sustancia con la que sellamos herméticamente lugares y objetos se extrae de lo Universal. Es más dura que la propia roca, aunque en apariencia es exactamente igual a ella.
«De esta manera podemos proteger las entradas a Retiros, edificios, ciudades sepultadas, minas y cámaras secretas de la Gran Hermandad Ascendida de Luz, muchas de las cuales se han conservado en perfecto estado durante más de setenta mil años. Cuando ya no necesitamos tales lugares u objetos, los devolvemos a lo Universal. Así puedes ver que todo poder se convierte en servidor voluntario de quien se ha conquistado a sí mismo. Todas las fuerzas del Universo esperan nuestro mandato siempre que sea conforme a la Sabiduría y al Amor utilizarlas.»
En la puerta que teníamos delante había, en relieve sobre el propio metal y aproximadamente a la altura de mi hombro, una réplica de la mano derecha de un hombre. Se parecía de manera sorprendente a mi mano física actual.
«Coloca tu mano sobre esta mano de metal», dijo Saint Germain, «y presiona con fuerza.» Obedecí. Encajaba perfectamente sobre la otra. Presioné con todas mis fuerzas. Lentamente, la gran puerta se abrió y él continuó: «Has conservado esa forma y ese tamaño de mano durante varias encarnaciones. El gobierno la colocó en la puerta como homenaje, porque tú fuiste quien descubrió la mina. Esa mano es un modelo de tu mano de hace catorce mil años.»
Entramos por aquella puerta y recorrimos un túnel largo y circular, hasta desembocar finalmente en una gran cavidad. Allí, para mi absoluto asombro, encontré herramientas y maquinaria de diversas clases hechas de un metal blanco imperecedero y conservadas tan perfectamente como si hubieran sido construidas el día anterior. En el centro de la cavidad había un pozo. Nuestros actuales ingenieros de minas se asombrarían ante la sencillez y perfección de las operaciones mineras de aquella antigua época. El mismo método volverá a utilizarse aquí en América durante el próximo siglo.
Saint Germain se acercó al pozo y accionó una palanca. Al poco tiempo llegó hasta arriba una jaula de diseño peculiar. Entramos en ella y él tocó una palanca más pequeña que había en su interior. Al comenzar a descender hacia el nivel de sesenta metros, llegamos a una estación. Continuamos bajando hasta el nivel de unos doscientos diez metros y nos detuvimos. Esta era la estación central, de la que partían cinco túneles como los radios de una rueda.
Todos eran perfectamente circulares y estaban revestidos con el mismo metal blanco del que estaba hecha la maquinaria. Era tan grueso y resistente que solo el colapso de la propia montaña podría aplastarlo. Dos de los cinco túneles penetraban más de seiscientos metros en la montaña. En la estación central había una sola máquina que manejaba todos los vagones.
«El metal blanco que ves», explicó Saint Germain, «es un descubrimiento extraordinario, pues es ligero, más resistente que cualquier material conocido, no se empaña y es imperecedero. Solo puedes dar una descripción fragmentaria de todas estas maravillas, que constituyen pruebas físicas reales del elevado grado alcanzado por esta antigua civilización. Tales maravillas han existido y existen ahora mismo entre vosotros, sin que nadie las imagine, hasta que esta revelación salga al mundo.» Al llegar al final del túnel me mostró los taladros que se habían utilizado en aquella época remota. «Estos taladros», continuó, «emitían un tubo de llama blanco-azulada de unos dos centímetros y medio de diámetro. Funcionaban a una velocidad asombrosa, consumiendo la roca a medida que avanzaban.»
Regresamos a la estación y entramos en una sala triangular situada entre dos túneles. En el extremo opuesto había recipientes hechos del mismo metal blanco. Medían unos treinta centímetros cuadrados de sección y aproximadamente noventa centímetros de largo. Saint Germain abrió uno y me mostró los maravillosos diamantes amarillos sin tallar. Su belleza me dejó sin palabras. Creo oír a mis lectores preguntar: «¿Quiere decir que eran físicos?» A esa pregunta perfectamente natural deseo responder: sí, tan físicos como los diamantes que hoy lleváis en los dedos. Otros recipientes estaban llenos de piedras talladas de un valor fabuloso.
Regresamos después a la entrada de la mina. Saint Germain cerró la puerta y volvió a sellarla como antes. Nadie que no fuese un Maestro Ascendido habría podido distinguirla de la roca circundante. Elevándonos del suelo, recorrimos rápidamente los aproximadamente sesenta kilómetros que nos separaban de la mina de oro. Esta vez nos encontramos en la cima misma de la montaña, junto a una roca en forma de cono que parecía completamente maciza. Medía unos cuatro metros y medio de diámetro en la base y quizá tres metros de altura.
«Observa atentamente», dijo mientras apoyaba la mano sobre ella. Lentamente, una sección triangular se desplazó hacia fuera, dejando al descubierto una escalera que descendía. Bajamos por aquellos peldaños durante cierta distancia y pronto llegamos a una cavidad situada en la parte superior de un pozo semejante al de la mina de diamantes.
«Notarás la ausencia de trituradoras», continuó, «todo se hace dentro de la propia mina. Nada se manipula en la superficie.» Nos detuvimos en el nivel de ciento veinte metros, donde había otra inmensa cavidad. Allí se encontraba todo el equipo necesario para tratar el mineral. Explicó la extrema sencillez del procedimiento empleado, que parecía increíble precisamente por ser tan simple.
Seguimos descendiendo hasta el nivel de unos doscientos cuarenta metros y vimos la misma disposición que en la mina de diamantes. También allí partían túneles desde un punto central, como los radios de una rueda. Entre ellos se habían construido tres salas triangulares que contenían la producción restante de la mina justo antes de que fuese cerrada. Había allí los mismos recipientes de metal blanco que en las otras salas. Solo se me permite describir tres de ellos.
El primer recipiente contenía pepitas procedentes del lecho de un antiguo río, en una formación aluvial situada en el nivel de doscientos cuarenta metros, donde la grava se había cementado ligeramente, reteniendo el oro. Esta formación se extendía hasta una profundidad de unos trescientos sesenta metros y contenía una riqueza inmensa. El segundo recipiente estaba lleno de oro filiforme procedente de una veta de cuarzo blanco, en el nivel de ciento veinte metros. Otro contenía discos de oro macizo de unos tres kilos seiscientos gramos cada uno.
«El lugar donde almacenaban todo el oro», explicó, «era conocido como la sala de lingotes. Se conservaron registros duplicados de esta mina: los originales están en la sala de registros del Retiro del Royal Teton y las copias aquí.» Regresamos a la superficie. Una vez más, Saint Germain selló la entrada de la manera descrita y, volviéndose hacia mí, dijo:
«Hijo mío, tú descubriste estas minas y, con la ayuda de tus colaboradores, las pusiste en funcionamiento y llevaste su actividad a este grado de perfección. También confeccionaste los registros sobre el metal imperecedero que te mostraré en el Royal Teton. Los Maestros Ascendidos vieron que se aproximaba el cataclismo de hace doce mil años y, sabiendo que las minas no resultarían muy afectadas, hicieron que fueran preparadas y selladas para ser utilizadas en una época muy lejana, en la cual hemos entrado ahora.
«En siete períodos distintos de tus numerosas encarnaciones, el recuerdo y el procedimiento para confeccionar estos registros han sido recuperados. Volverás a sacarlos a la luz en la era presente para bendición de toda la humanidad. Esto explica el interés que has sentido desde la infancia por los antiguos registros de toda clase y tu sensación de que volverías a tener mucho que ver con este trabajo en esta vida.
«Ven, regresemos ahora al Royal Teton. Allí, en una sala contigua a la gran sala de audiencias, se conservan los registros a los que me he referido. Es un lugar destinado a preservar inventos y descubrimientos científicos. La sala en la que estuvimos durante nuestra visita anterior contenía únicamente registros de las diversas civilizaciones.»
Regresamos al Retiro y esta vez entramos por el tubo, como en nuestra primera visita. Al salir, atravesamos la segunda puerta a la derecha de la entrada. Daba directamente a la sala de registros científicos, un espacio de unos veintiún metros de largo, doce de ancho y cuatro metros y medio de alto. Las paredes, el techo y el suelo estaban enteramente revestidos con el mismo metal blanco imperecedero del que estaban hechos los estantes y los recipientes.
Saint Germain extrajo uno de estos últimos y me entregó el registro que yo había confeccionado sobre la mina de diamantes. De nuevo pude leerlo, pero esta vez me indicó que apelara al Yo Divino Interior y permitiera así que Él me revelara todo el conocimiento anterior que había poseído en aquella época. El registro contenía una historia clara pero condensada del descubrimiento y de la explotación. Me entregó otro huso, que contenía la historia completa de la mina de oro.
«Ahora que has visto la prueba física de lo que te he explicado», dijo, «quiero que sepas que jamás te diré nada que no pueda demostrar.» Entonces se volvió hacia mí y me dirigió una mirada penetrante que parecía atravesar por completo mi mente y mi cuerpo.
«Hijo mío», continuó, «lo has hecho bien y has permanecido sereno y equilibrado durante estas experiencias recientes. Mucho depende de tu próximo paso. Focaliza toda tu atención sobre el Yo Divino Interior que Todo lo Controla y no olvides mantenerla allí.»
A la luz de lo que ocurrió más tarde, fue una fortuna que me hubiese fortalecido con aquella advertencia. Después de esta exhortación, me condujo a través de la gran sala de audiencias hasta la gran puerta de bronce del muro occidental. Puso la mano sobre ella; el panel se elevó lentamente hasta permitirnos entrar y luego volvió a cerrarse detrás de nosotros.
Me detuve, inmóvil de asombro, pues contemplaba aquello que rara vez, si alguna vez, se permite contemplar a los ojos humanos; y la escena me mantuvo paralizado, tan grande era la fascinación que ejercían sobre mí su belleza y su maravilla.
A unos tres metros y medio frente a mí se alzaba un bloque de ónix blanco como la nieve, de unos noventa centímetros de altura y cuarenta centímetros de lado. Sobre él descansaba una esfera de cristal llena de una “Luz” incolora en movimiento incesante, dentro de la cual puntos de radiación se desplazaban rápidamente de un lado a otro. La esfera emitía continuamente rayos de colores prismáticos hasta una distancia de unos quince centímetros. Centelleaba con tal constancia que parecía estar hecha de sustancia viviente.
De la parte superior de la esfera de cristal surgían tres Plumas de Llama: una de color oro fundido, otra rosa y la tercera azul eléctrico, elevándose al menos noventa centímetros. Cerca de la parte superior, cada una se curvaba como una pluma de avestruz, grácil, hermosa y en perpetuo movimiento. La radiación de esta magnífica esfera llenaba toda la cámara, produciendo una sensación de energía electrónica que ninguna palabra puede transmitir. La Luz, la Vida y la belleza de aquella escena superaban sencillamente la capacidad humana de descripción.
Avanzamos hacia el extremo de la sala y allí, uno junto a otro, se encontraban tres féretros de cristal, cada uno de los cuales contenía un cuerpo humano. Al acercarme, mi corazón casi dejó de latir, pues en ellos se hallaban las formas que Lotus, nuestro hijo y yo habíamos utilizado en una antigua encarnación. Las reconocí fácilmente, porque Lotus conserva todavía cierto parecido con aquel cuerpo, mientras que los cuerpos de nuestro hijo y el mío presentaban rasgos más regulares y físicos perfectos. Los tres mostraban la plena perfección de un tipo casi semejante al de los antiguos griegos.
Parecían tan vivos como si solo estuvieran dormidos. Cada uno tenía el cabello dorado y ondulado y vestía prendas de un tejido dorado semejante al de las túnicas de las figuras representadas en la tapicería. A un Maestro Ascendido le bastaba mirar aquellos cuerpos para ver registradas todas las acciones vitales experimentadas en cualquier encarnación física desde entonces. Así, actuaban como espejos que registraban las actividades transcurridas, sin que estas alterasen, no obstante, su perfección original.
Cada féretro descansaba sobre una gran base hecha del mismo tipo de ónix blanco que aquella sobre la que se encontraba la esfera. Estaban cubiertos por tapas de cristal perfectamente encajadas en una ranura alrededor del borde, aunque no estaban selladas. En la tapa de los tres, justo encima del centro del pecho, había una estrella de siete puntas. Debajo de ella se encontraban cuatro jeroglíficos. En el extremo situado sobre la parte superior de la cabeza había una estrella de seis puntas. A un lado, justo debajo de los hombros, aparecían dos manos entrelazadas y, más abajo, cerca de los pies, una antorcha encendida colocada de modo que su llama tocaba la tapa del féretro. Esta llama permanecía dorada sin importar qué otros colores de luz atravesaran la sala. En el extremo opuesto, debajo de los pies, había una estrella de cinco puntas. Todos estos emblemas sobresalían como si hubieran sido grabados en relieve sobre el cristal.
«Estos cuerpos», explicó Saint Germain, «os pertenecieron a los tres en una vida determinada, cuando abandonasteis la Ciudad Dorada para realizar un trabajo especial. Vuestras experiencias fueron tan terribles y, sin embargo, se logró tanto bien en aquella vida, que apareció un Gran Ser Cósmico y ordenó que fueran preservados hasta el momento en que pudierais elevar vuestros cuerpos y regresar a la Ciudad Dorada. Él dio instrucciones completas para su conservación, que fueron fielmente ejecutadas, como puedes ver.
«Ahora todos podéis comprender cuán importante y necesario es permanecer intensamente conscientes del Ser Crístico Interno —el Maestro— y profundamente centrados en Él, para que únicamente el Amor, la Sabiduría y la Perfección de Dios puedan actuar a través de vuestras mentes y cuerpos en todo momento.»
En aquel instante, una Luz Deslumbrante y un Poder Tremendo surgieron a través de mí, y mi Yo Divino habló:
«¡Gran Maestro de Luz, Padre, Hermano y Amigo! ¡Oh, Poderoso Hijo de Dios! En verdad posees un Amor Eterno y, por medio de Él, has alcanzado tu bien merecida Paz Eterna y tu Maestría sobre los cinco reinos inferiores. El Gran Yo Divino de estos hijos a quienes tanto amas pronto se manifestará en Pleno Dominio Consciente para prestar toda la asistencia que durante tanto tiempo has deseado, pues cada uno de los hijos de Dios tiene un servicio que realizar que nadie más puede prestar. Invoco la “Gran Luz” desde el propio Corazón de Dios para bendecirte eternamente.»
Mientras se pronunciaban estas palabras, un gran haz de Luz surgió resplandeciente, llenando la cámara de puntos de brillantes colores prismáticos. Se desplazaban rápidamente por todas partes, y todo se convirtió en una llamarada de Luz de arco iris palpitante de Vida.
«¡Mira, hijo mío!», dijo Saint Germain, «con qué perfección puedes permitir que se exprese el Gran Yo Divino. Pronto podrás hacerlo conscientemente y a voluntad siempre que lo desees.
«Observa el efecto de estalactitas del techo y el aspecto blanco plateado de las paredes. Todo está hecho de sustancia precipitada, y la sala se mantiene constantemente a la misma temperatura agradable.» Cruzamos la cámara hasta el extremo opuesto y nos detuvimos ante un arco pulido en la pared. Saint Germain puso la mano sobre él y se abrió una puerta, revelando el maravilloso equipo de metal blanco utilizado para confeccionar los registros. «En la era en la que estamos entrando ahora», continuó, «se pondrá a disposición de la humanidad mucho equipo que ha sido preservado y, por tanto, no tendrá que llegar mediante el proceso de invención ni de descubrimiento.»
«¿Cómo es posible», pregunté, «que todo en este Retiro y en las minas se mantenga tan libre de polvo y que la ventilación sea tan buena?»
«Eso», explicó, «es muy sencillo. Los Maestros Ascendidos utilizan para limpiar y ventilar la misma fuerza con la que producen calor, luz y poder. La emanación de cualquiera de estas actividades, al pasar por las minas o las cámaras, consume instantáneamente toda sustancia innecesaria. Se acerca ya la segunda mañana desde que abandonaste tu cuerpo, y ahora debemos regresar.»
Atravesamos la sala de audiencias, salimos por la puerta situada a la izquierda del tubo y volvimos a encontrarnos bajo la luz de las estrellas. Regresamos rápidamente a mi habitación y, un instante después, estaba de nuevo en mi cuerpo. Saint Germain permanecía a mi lado, tendiéndome la familiar copa de cristal, llena esta vez de un líquido color ámbar. Lo bebí y sentí sus efectos vivificantes recorrer cada célula de mi cuerpo.
«Ahora duerme todo lo que puedas», dijo, y desapareció de mi vista. Debí de dormir profundamente, pues desperté muchas horas después completamente descansado, con el cuerpo renovado en fuerza y poder.
CAPÍTULO V
Memorias incaicas
LOS diez días siguientes transcurrieron sin incidentes. Gracias al entrenamiento recibido anteriormente, nunca me dormía sin mantener mi atención sobre el Gran Yo Divino Interior y enviar un pensamiento de amorosa gratitud a Saint Germain. Al anochecer del undécimo día, mientras me disponía a acostarme, oí claramente su voz decir:
“¡Ven!” Yo había aprendido a obedecer ese llamado e inmediatamente me encontré fuera de mi cuerpo, atravesé rápidamente el espacio y, en pocos momentos, llegué al Royal Teton. Él estaba de pie en la ladera, esperando mi llegada. Esta vez, me había llamado para que fuera yo quien acudiera a donde él se encontraba. Obedecí y lo saludé.
“A tu servicio”, dije, acercándome a su lado, y él, sonriéndome, respondió:
“Tenemos trabajo que hacer. ¡Vámonos!”
Yo era plenamente consciente de la dirección en la que viajábamos y estaba seguro de que nos dirigíamos un poco al oeste del sur. Pronto vimos las luces de una ciudad y Saint Germain, dirigiendo mi atención hacia ellas, observó:
“Los Ángeles.” Después de recorrer una distancia mayor, pasamos sobre otra zona iluminada y, esta vez, a mi pregunta respondió:
“Ciudad de México.” Luego llegamos a una selva tropical y comenzamos a descender. Poco después, nos encontrábamos de pie sobre las antiguas ruinas de un templo.
“Estas son las ruinas de Mitla, en el estado de Oaxaca, México”, explicó. “Ustedes tres vinieron a encarnación para prestar asistencia cuando la civilización inca alcanzaba su apogeo. Con la aprobación de los Maestros Ascendidos que la dirigían, eligieron venir a la familia inca para prestar el servicio que se necesitaba en aquel momento.
“Aquí nacieron como hijos de un gobernante inca que era un alma fuerte, de gran crecimiento e Iluminación. Por su profundo amor hacia su pueblo, invocó al Único Dios Supremo para que la ‘Luz’, la abundancia y la Perfección los bendijeran a ellos y a la tierra.
“La devoción del inca hacia su Fuente era muy grande, pues conocía y reconocía conscientemente el Poder del ‘Gran Sol Central’. Esta Verdadera Comprensión fue enseñada al pueblo inca y, como sabían a qué se refería el Gran Sol Central, usaban el Sol como símbolo de la Deidad. Poseían una verdadera comprensión interior y reconocían la plenitud del Poder procedente de este Gran Sol Central, al que hoy llamamos el ‘Cristo’, pues es el Corazón de la Actividad Crística en el Universo.
“Debido a la devoción del gobernante inca tanto hacia su Fuente como hacia su pueblo, su profundo deseo de recibir bendiciones y Luz para guiarlos y ayudarlos fue concedido, y catorce Seres de la Ciudad Dorada situada sobre el desierto del Sahara respondieron para prestarle asistencia. Tú, Lotus y tu hijo eran tres de esos catorce.
“Cuando tú tenías diez años, Lotus doce y tu hijo catorce, los tres fueron puestos bajo mi cuidado y dirección para ser preparados y entrenados para el trabajo que realizarían más tarde. En aquel tiempo yo residía en la Ciudad Dorada, pero una vez realizada la sintonización preliminar, acudía diariamente al palacio y les daba la Radiación y la instrucción necesarias. Esto continuó durante cuatro años antes de que le fuera revelado a vuestro padre.
“El gobernante inca estaba maravillado por la Sabiduría de sus hijos y ofrecía constantemente alabanzas y gratitud a Dios por haberlo bendecido de ese modo. Cuando cumpliste catorce años, el mismo Gran Maestro Cósmico que nos había llevado a todos a la Ciudad Dorada al final de la encarnación en la civilización del Sahara se apareció al inca y le dijo que su petición había sido concedida de una manera muy real.
“Fue a partir de entonces y durante más de setenta años cuando la civilización inca alcanzó su mayor esplendor. Desde que cumpliste catorce años, yo acudía diariamente e instruía y sintonizaba al gobernante inca, así como a ustedes tres. Se referían a ustedes como los hijos incas del ‘Sol’. Su gratitud, Amor y cooperación eran verdaderamente maravillosos, y a él se le enseñó a comprender y utilizar la Gran Ley Cósmica.
“Tu infancia y juventud fueron maravillosas, pues ninguna nube vino a empañar la belleza de aquel entrenamiento. A tu hijo se le enseñaron las Leyes del Gobierno y los Deberes Divinos de un Gobernante; a Lotus, el Trabajo Interior, y se le dio la Ley completa y la consagración de Sacerdotisa en el ‘Templo del Sol’. A ti se te enseñaron las Leyes Cósmicas del sacerdocio y también, en secreto, el mando de ejércitos.
“Después de diez años de entrenamiento especial en Perú, los tres fueron enviados al norte, a una de las nuevas colonias del Imperio Inca, con el propósito de ayudar al pueblo a expandir sus actividades y estimular su progreso. Partieron con todo el Amor, el honor y la bendición que el gobernante inca sabía otorgar, y establecieron la capital de la colonia en lo que hoy es Mitla, en el estado de Oaxaca, México, cuya gloria ha llegado hasta nosotros a través de los siglos.
“Aquí construiste un gran templo bajo la dirección de Aquellos de la Ciudad Dorada que los habían instruido y ayudado. Lotus se llamaba Mitla en aquella vida y fue en su honor que la ciudad recibió ese nombre. Allí sirvió como sacerdotisa durante más de cuarenta años. Fue uno de los templos más magníficos de aquel período y no se escatimó gasto alguno en la parte secreta, construida bajo la superficie de la tierra, pues debía permanecer y dar testimonio de aquella espléndida civilización siglos más tarde. Tú sabías esto cuando fue construido, y se dieron y cumplieron determinadas órdenes precisas al respecto, porque toda la construcción estuvo dirigida por uno de los Grandes Maestros Ascendidos de la Ciudad Dorada.
“La parte exterior estaba hecha de enormes piedras, algunas de las cuales todavía pueden verse hoy entre las ruinas. El interior estaba revestido de mármol, ónix y jade. El jade procedía de una fuente secreta en las montañas de los Andes que nunca ha sido revelada a nadie. La coloración de la decoración interior era sumamente artística y bella, y la combinación principal de colores era dorado, púrpura, rosa y rosa concha.
“El Santuario Interior era de oro, con diseños en púrpura y blanco. La silla en la que oficiaba la sacerdotisa también era de oro. Aquí se enfocaba y mantenía el Poder Espiritual que irradiaba hacia el imperio y su pueblo. Con esta explicación preliminar, entraremos ahora en el templo subterráneo, donde una sala se ha conservado en medio de las ruinas de una antigua gran gloria.” Nos alejamos un poco más, cuando Saint Germain ordenó:
“¡Retrocede!”
Enfocó un Rayo de Poder Poderoso sobre una pila de enormes rocas que había ante nosotros. De repente, salieron despedidas en todas direcciones, dejando al descubierto un cubo de granito de color rosa. Él avanzó y puso la mano sobre él. Lentamente giró, como sobre un pivote, revelando una abertura de unos noventa centímetros de ancho con escalones bien definidos que descendían. Bajamos veintiún peldaños hasta una puerta que parecía hecha de cobre, aunque Saint Germain dijo que era una combinación de metales aleados de tal modo que resultaba imperecedera.
Al presionar un cubo de roca a la derecha de la entrada, la puerta se abrió lentamente y nos permitió entrar en una pequeña sala. En el lado más alejado había un gran arco cerrado por otra puerta maciza. Esta vez, presionó con el pie una piedra de diseño peculiar en el suelo, y la puerta retrocedió, dejando al descubierto una cámara de enormes proporciones que parecía necesitar mucho limpieza y ventilación. Apenas ese pensamiento había entrado en mi mente cuando el lugar se llenó de una poderosa Luz Violeta, seguida de una suave neblina blanca que llegó a ser tan brillante como el sol del mediodía. La limpieza quedó completa, pues todo estaba fresco, limpio y lleno de la fragancia de rosas.
Al entrar en la gran sala, mi atención quedó cautivada por varios de los retratos más extraordinarios que jamás había visto. Estaban grabados sobre oro macizo en colores fieles a la vida.
“Estos”, explicó Saint Germain, “también son indestructibles. Cinco de ellos representan al Gobernante Inca, a Lotus, a tu hijo, a ti y a mí, todos con la apariencia de los cuerpos que utilizábamos entonces. Fue únicamente durante el período inca cuando se expresó este tipo particular de arte. Por la devoción de Lotus hacia su propia Llama Divina en aquel tiempo, atrajo a un Gran Maestro de Venus que la instruyó. Ese tipo de arte era diferente de cualquier otro conocido en la tierra en cualquier época. El Maestro de Venus sólo permitió que se realizara un número determinado de ellos, porque este tipo particular de arte se adelantaba siglos a su tiempo y, por lo tanto, no se permitió que fuera utilizado en aquel período del desarrollo del mundo. Sin embargo, saldrá a la luz en la Edad Dorada presente, en la que ahora hemos entrado.
“¡Hijo mío! ¡Oh, si el pueblo de América pudiera comprender las inmensas posibilidades que tiene ante sí, esperando, esperando, esperando a que se aparte de credos, cultos, dogmas, ‘ismos’ y todo aquello que ata y limita al apartar su atención de la Gran ‘Presencia’ de Dios dentro de sus propios corazones! ¡Oh, si pudiera darse cuenta de qué Libertad, Poder y Luz esperan su servicio, dependiendo únicamente de que reconozca y utilice la Gran ‘Presencia’ Amorosa Interior que respira a través de él a cada instante, y conozca y sienta el Control Todopoderoso que Ella ejerce sobre toda manifestación! ¡Oh, si pudiera comprender que sus cuerpos son los ‘Templos del Dios Viviente Altísimo’, que es el Gobernante del cielo y de la tierra; si pudiera saber lo que significa amar a ese Yo Poderoso, hablarle, reconocerlo en todas las cosas y sentir la Realidad de esa ‘Presencia’ con al menos tanta certeza como siente la realidad de otras personas y cosas! Si pudiera sentir profundamente, aunque sólo fuera por un instante, la cercanía y la realidad de la Gran ‘Presencia’, nada podría volver a interponerse entre él y el Mismo Poderoso Logro Supremo que alcanzaron Jesús y otros Maestros Ascendidos.
“¡Oh, América! ¡Amados Hijos de la ‘Luz’! Dejen que esta Gran ‘Presencia’ de Dios, Su Sabiduría y Su Poder surjan a través de ustedes ahora, y vean cuán rápidamente el Reino de Dios puede y habrá de manifestarse sobre la tierra. América es la Mostradora-del-Camino entre las naciones, portadora de la ‘Luz’ que anuncia la Edad Dorada entrante. A pesar de sus condiciones presentes, ‘Esa Luz’ irrumpirá y consumirá las sombras que buscan desbaratar sus Ideales y su Amor por el Gran Yo Divino.”
Pasamos entonces por una puerta a la derecha, donde encontramos más archivos imperecederos, esta vez de la civilización inca y del importante papel que desempeñó en aquel ciclo.
“Recordaste el proceso para hacer estos archivos a partir de la memoria de tu vida de hace catorce mil años”, observó Saint Germain. “Serán transportados al Royal Teton junto con los retratos, pues este templo secreto ya ha cumplido completamente su utilidad y ahora será disuelto.”
Pronto aparecieron Seres Hermosos y Resplandecientes que retiraron los retratos y los archivos. Cuando terminaron, volvimos a la entrada y nos alejamos cierta distancia. Saint Germain enfocó su atención durante unos instantes sobre el lugar del templo secreto y permaneció en completo silencio. Sentí que una súbita quietud me dominaba y me mantenía inmóvil. Se oyó un gran estruendo, como un terremoto. En un instante, todo había terminado y el templo secreto, que había sido la creación más magnífica de su época, se derrumbó en ruinas.
No pude sino quedarme sin aliento ante el estupendo Poder de Saint Germain. Verdaderamente, los Grandes Maestros Ascendidos son Dioses. No es de extrañar que en la mitología de los antiguos sus actividades hayan llegado hasta nosotros revestidas de mito y fábula. Ejercen un tremendo Poder de Dios en todo momento porque se mantienen, con determinación inquebrantable, en la Gran “Presencia” de Dios; por ello, todo Poder les es dado, pues son toda Perfección.
“Cuando Jesús dijo: ‘De cierto, de cierto os digo: las obras que yo hago, vosotros también las haréis, y aun mayores obras que estas haréis’, sabía de qué hablaba”, continuó Saint Germain.
“Él vino para revelar el Dominio y la Maestría Conscientes que todo ser humano puede alcanzar y expresar mientras todavía se encuentra aquí en la tierra. Mostró el Dominio del Maestro Ascendido y demostró a la humanidad que es posible para cada uno invocar de tal manera a su Yo Divino que pueda controlar conscientemente todas las cosas humanas.
“Los Grandes Maestros Ascendidos de Amor, Luz y Perfección, que han guiado desde el principio la expansión de la Luz en la humanidad de este planeta, no son producto de la imaginación de nadie. Son Seres reales, visibles, tangibles, gloriosos, vivientes y respirantes, de un Amor, una Sabiduría y un Poder de tal magnitud que la mente humana queda sobrecogida ante su inmensidad. Trabajan en todas partes del Universo con total Libertad y Poder ilimitado, haciendo naturalmente todo aquello que el individuo promedio considera sobrenatural.
“Ejercen tal Poder y manejan tal fuerza que sobrepasan la imaginación de la persona del mundo exterior. Son los Guardianes de la raza y, así como en el mundo de la educación física se proporcionan distintos grados de maestros para guiar el desarrollo del individuo desde la infancia hasta la madurez y más allá, preparándolo para un trabajo especial, así existen los Maestros Ascendidos de Perfección para educar y ayudar al individuo, de modo que él también pueda expandir su conciencia más allá de la expresión humana ordinaria. De este modo desarrolla sus atributos sobrehumanos hasta que, como el estudiante que se gradúa en la universidad, aquel que está bajo el cuidado y la instrucción de un Maestro Ascendido se gradúa fuera de su humanidad y entra en la expresión plena y continua de su Divinidad.
“El Maestro Ascendido es un individuo que, por Esfuerzo Consciente de Sí, ha generado suficiente Amor y Poder dentro de sí mismo para romper las cadenas de toda limitación humana, y así permanece libre y digno de que se le confíe el uso de fuerzas superiores a las de la experiencia humana. Se siente a sí mismo como la Unidad del Dios Omnipresente, la ‘Vida’. Por eso todas las fuerzas y cosas obedecen su mandato, porque es un Ser Consciente de Sí, dotado de libre albedrío, que controla todo mediante el manejo de la ‘Luz’ dentro de Sí mismo.
“Es mediante la Radiación o efusión de esta ‘Luz’, que en realidad es su propia ‘Esencia Luminosa de Amor Divino’, como un Maestro Ascendido puede ayudar a aquellos que quedan bajo su cuidado y dirección.
“Cuando se produce tal efusión hacia un estudiante, sus propios cuerpos internos —y con ello me refiero a sus cuerpos emocional, mental y causal— absorben la Esencia Luminosa del Maestro, y la ‘Luz’ dentro de ellos resplandece y se expande como una chispa avivada hasta convertirse en llama.
“Esta ‘Esencia Luminosa’ contiene en Sí la Fuerza más elevada del Universo, pues disuelve toda discordia y establece el Equilibrio Perfecto en toda manifestación. El Cuerpo del Maestro Ascendido está derramando constantemente Rayos de su ‘Esencia de Luz’ sobre las discordias de la tierra, disolviéndolas como los rayos de fuerza que llamamos luz y calor de nuestro sol físico disuelven la niebla.
“La Radiación que ellos derraman sobre la humanidad de la tierra es energía atraída conscientemente, a la que dan una cualidad y vuelven a enviar para producir un resultado determinado. De esta manera proporcionan Protección miles y miles de veces a personas, lugares, condiciones y cosas, de lo cual la humanidad permanece completamente inconsciente, siguiendo serenamente su camino señalado sin tener conciencia alguna de sus Protectores y Benefactores.
“En esta clase de actividad, los Maestros Ascendidos pueden cambiar los cuerpos en los que funcionan como uno cambia habitualmente de ropa, pues la estructura celular está siempre bajo Control Consciente y cada átomo obedece su más leve dirección. Son libres de utilizar uno o más cuerpos si el trabajo que desean realizar lo requiere, pues su capacidad para ensamblar o disolver un cuerpo atómico es absolutamente ilimitada. Son Manifestadores Todopoderosos de toda Sustancia y Energía, pues las fuerzas de la Naturaleza —es decir, los cuatro elementos— son sus servidores voluntarios y obedientes.
“Estos Seres Gloriosos, que guardan y ayudan a la raza humana en evolución, son llamados Maestros Ascendidos de Amor, Luz y Perfección. Son todo lo que implica la palabra Maestro porque, al hacer surgir el Amor, la Sabiduría y el Poder del Yo Divino Interior, manifiestan su Maestría sobre todo lo humano. Por ello han ‘Ascendido’ a la siguiente expresión por encima de lo humano, que es lo Sobrehumano: la Divinidad, la ‘Perfección’ Pura, Eterna y Todopoderosa.
“La humanidad de la tierra, en su ignorancia y limitación, se permite con frecuencia juzgar y expresar diversas opiniones acerca de Jesús y de muchos otros miembros de la Hueste Ascendida. Esa práctica es una de las cosas que más puede atarla, pues en semejante actividad la crítica y el juicio enviados de esta manera simplemente regresan a quien los generó y, así, la humanidad queda aún más estrechamente ligada a su sufrimiento y limitación autocreados. La actividad de la Ley es tal que los Maestros Ascendidos, al haberse liberado de las limitaciones humanas, se han convertido en una Radiante Efusión de Luz dentro de la cual no puede entrar ningún pensamiento humano discordante. Esto obliga a toda creación mental y sentimiento destructivos a regresar a quien los envió y lo ata todavía más estrechamente a las cadenas de su propia creación.
“Si los seres humanos pudieran ver sus propios pensamientos, sentimientos y palabras salir a la atmósfera sobre los éteres, acumular más y más de su misma clase y regresar, no sólo quedarían asombrados por aquello a lo que dan nacimiento, sino que clamarían por liberación; y, aunque no fuera por otra razón que borrar de la mente semejante creación, afrontarían con total determinación su propia Divinidad y entrarían en Ella. Los pensamientos y los sentimientos son cosas vivientes y palpitantes. El individuo que sabe esto utilizará su Sabiduría y se controlará en consecuencia.
“Jesús es para la humanidad que adquiere su experiencia en esta tierra lo que el Gran Yo Divino, dentro de cada ser humano, es para el yo personal o exterior. Él reveló el Registro Maestro al mundo exterior, y Él es todavía la Prueba Viviente de la capacidad del individuo para liberarse de toda limitación y expresar la Divinidad tal como se pretendió originalmente, pues la primera condición en la que existió la humanidad era completamente armoniosa y libre.
“Cuando algunos de aquellos individuos que estudian la Vida y las Leyes del Universo con mayor profundidad que la masa de los hijos de la tierra se dan cuenta de que existen Maestros Ascendidos, a menudo desean acudir a estos Grandes Seres para recibir instrucción. Aunque, en muchos casos, esto es una aspiración inconsciente del alma interior hacia una Luz Mayor, el yo personal apenas comprende en qué relación se encuentra con esos Grandes Seres que son enteramente Divinos.
“Existe una manera por la cual un estudiante intensamente sincero y determinado puede entrar en contacto con uno de ellos, pero esto sólo puede ocurrir mediante la actividad de suficiente Amor y la disciplina de la personalidad. Si el motivo de tal contacto es satisfacer la curiosidad, tratar de probar o refutar la existencia de los Maestros Ascendidos, meramente resolver un problema o convencer una duda de la personalidad, nunca llegará a producirse, ten la certeza de ello, pues la Hueste Ascendida jamás se ocupa de satisfacer el lado humano de ningún estudiante. Todo su esfuerzo se dirige a la expansión del Yo Divino Interior, para que Su Poder pueda liberarse con suficiente fuerza como para romper las limitaciones del yo humano que no Le permiten disponer de un vehículo perfecto para utilizar en los mundos mental, emocional y físico de la manifestación. Estos son los reinos del pensamiento, del sentimiento y de la acción.
“Las debilidades y limitaciones humanas simplemente perjudican al vehículo que debería ser entrenado y mantenido en las mejores condiciones posibles como servidor eficiente para el uso del Gran Yo Divino Interior. El cuerpo humano, con sus facultades, es el Templo de Energía de Dios que la ‘Gran Presencia de Dios’ proporciona, y a través de este yo exterior Ella desea expresar un Plan o Diseño Divino Perfecto. Si los apetitos sensoriales incontrolados y las exigencias de la personalidad desperdician la Energía de Dios, de modo que a la ‘Presencia Interior’ no se le concede el mando del vehículo, Ella se retira de manera constante; el yo humano pierde el poder de manejar la mente y el cuerpo, y el templo se derrumba en decrepitud y disolución. Entonces tenemos la condición que el mundo llama muerte.
“La persona que busca entrar en contacto con un Maestro Ascendido en un cuerpo visible, tangible, viviente y respirante, sin la preparación necesaria para sintonizar gradualmente su propia estructura exterior y su mente, se encuentra en la misma situación que un niño de jardín de infancia que, al ver a un profesor universitario, insistiera en aprender con él el abecedario.
“Los Maestros Ascendidos son realmente Grandes Acumuladores de tremendo Poder y Energía, y todo aquello que entra en contacto con su Radiancia queda altamente cargado con su ‘Esencia de Luz’, mediante la misma actividad por la que una aguja mantenida en contacto con un imán adquiere sus cualidades y se convierte también en imán. Toda su ayuda y toda su Radiación son eternamente un don gratuito de Amor. Por esa razón nunca utilizan ninguna de sus fuerzas para obligar.
“La Ley del Amor, la Ley del Universo y la Ley del individuo no permiten al Maestro Ascendido interferir con el libre albedrío del individuo, salvo en aquellos períodos de Actividad Cósmica en los que el Ciclo Cósmico prevalece sobre el individual. Es durante esos períodos cuando el Maestro Ascendido puede prestar una asistencia mayor de la ordinaria. La tierra ha entrado ahora en uno de esos Ciclos, y la mayor efusión de ‘Luz’ que la tierra haya conocido jamás está siendo y seguirá siendo derramada sobre la humanidad para purificarla y restablecer el Orden y el Amor indispensables para el mantenimiento futuro de nuestro planeta y del sistema de mundos al que pertenecemos. Todo aquello que no entre o no quiera entrar en la acción del orden, el equilibrio y la paz deberá necesariamente pasar a alguna otra aula del Universo y desarrollar allí su propia comprensión de esta Ley, de una manera distinta de la que deberá expresar la Vida futura sobre nuestra tierra.
“Sólo hay un pasaporte para entrar en la ‘Presencia’ de estos Grandes Seres, y es suficiente Amor derramado hacia el propio Yo Divino y hacia Ellos, unido a la determinación de arrancar de lo humano toda discordia y todo egoísmo. Cuando un individuo está suficientemente determinado a servir únicamente al Plan Constructivo de la Vida, disciplina perfectamente su naturaleza humana por desagradable que sea la tarea. Entonces atraerá automáticamente sobre sí la atención de un Maestro Ascendido, quien tomará nota de sus luchas y derramará valor, fortaleza y Amor para sostenerlo hasta que mantenga el sentimiento de su contacto permanente con el Yo Divino Interior.
“El Maestro Ascendido sabe y ve todo lo referente al estudiante porque lee claramente el registro que el estudiante ha hecho en su propia aura. Este revela el estado de desarrollo del discípulo, tanto su fortaleza como su debilidad. El Maestro Ascendido es la Mente Omnisciente y el Ojo Que Todo Lo Ve de Dios, pues nada puede ocultársele. Quien desee entrar en la ‘Presencia’ visible y tangible de la Hueste Ascendida debe comprender que, a menos que se convierta en un Sol Radiante de Amor, Luz y Perfección que el Maestro pueda expandir y utilizar como una parte de Sí mismo, dirigiéndolo conscientemente a voluntad hacia cualquier lugar, sería inútil, una mera rémora y una carga para la Obra y el mundo del Maestro.
Si el estudiante no ha disciplinado el yo personal, no está dispuesto a hacerlo o no lo disciplina de modo que su mente esté en calma, sus sentimientos sean pacíficos y amorosos y su cuerpo fuerte, no es material que el Maestro Ascendido pueda utilizar en el trabajo más que humano que realiza. Cuando el estudiante carece de un vehículo fuerte, controlado y bien desarrollado, es incapaz de cooperar con un Maestro Ascendido y, por lo tanto, de realizar una clase de trabajo que trasciende la experiencia humana ordinaria.
“Si uno de estos Seres Perfeccionados llevara a su campo de trabajo a un estudiante que careciera de tales cualidades, cometería el mismo error que comete quien construye una máquina o una casa con material imperfecto.
“Naturalmente, esa clase de material no podría soportar una tensión inusual ante una necesidad repentina o un servicio prolongado. Por ello, no sería propio de la Sabiduría, el Amor o la Misericordia someter a alguien a una experiencia para la cual no posee el entrenamiento ni la fuerza necesarios. Como los Maestros Ascendidos son la Cumbre de la Perfección, naturalmente no harían nada que no fuera justo, amoroso y sabio.
“La actitud de quien desea trabajar en cooperación consciente con la Hueste Ascendida no debería ser: ‘Ojalá pudiera ir a Ellos para recibir instrucción’, sino más bien: ‘Me purificaré, disciplinaré y perfeccionaré de tal modo, me convertiré en una expresión tal de Amor Divino, Sabiduría y Poder, que podré ayudarlos en Su Obra; entonces seré atraído automáticamente hacia Ellos. Amaré de manera tan constante, tan infinita, tan divina, que la propia intensidad de mi “Luz” abrirá el camino para que Ellos me acepten.’
“Hijo mío, la autocorrección y el control de las fuerzas inherentes al uso de la conciencia humana no son obra de un momento, ni un sendero de facilidad, letargo y autosatisfacción, pues los sentidos se amotinan dentro del ser humano promedio y éste se rebela furiosamente contra la restricción de su naturaleza inferior, la cual es indispensable si quiere gobernar adecuadamente estas fuerzas dentro de sí, especialmente en sus sentimientos, para que puedan ser utilizadas y actuar únicamente bajo el Dominio Consciente de su Mente Divina.
“El dicho de que ‘muchos son llamados, pero pocos escogidos’ es muy verdadero. Todos son llamados constantemente, pero pocos están lo bastante despiertos para comprender el gozo extático y la Perfección que existen dentro del Yo Divino, y para oír Su Voz en la ‘Luz’, llamando eternamente a todos de regreso a la Casa del Padre.
“Cada individuo sobre la tierra es libre a cada instante de ‘levantarse e ir al Padre’, su Yo Divino, si tan sólo vuelve la espalda a la creación de los sentidos humanos y mantiene su atención en la Única Fuente del Universo de la que pueden proceder la Paz, la Felicidad, la Abundancia y la Perfección.
“Existe una manera para que todos entren en contacto con los Maestros Ascendidos, y es pensar en Ellos, llamarlos, y Ellos responderán a cada llamado con Su propia ‘Presencia’ de Amor; pero el motivo del llamado debe ser Amor a la Fuente Única, Amor a la Luz y Amor a la Perfección.
“Si esto es real, determinado y firme, el estudiante recibirá Luz cada vez mayor, pues la ‘Luz’ reconoce lo que es suyo y se da a Sí misma incesantemente, incondicionalmente, a cada instante. Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá, buscad y hallaréis; llamad a la ‘Luz’ y los Maestros Ascendidos os responderán, pues Ellos son la ‘Luz’ de este mundo.
“Lotus sirvió como sacerdotisa en el templo de Mitla durante más de cuarenta años junto contigo y tu hijo. Mediante los esfuerzos combinados de los tres, las distintas ciudades de las colonias fueron llevadas a un estado de gran Perfección. Establecieron industrias y dirigieron la agricultura hasta que la Prosperidad abundó en la tierra.
“Al gobernante inca le fue revelado cuándo debía terminar su peregrinaje y servicio terrestres en aquella civilización. Fue entonces cuando los llamó a los tres de regreso a su hogar. Otros fueron designados para ocupar sus lugares y, con Bendiciones y Amor hacia vuestro pueblo, se despidieron de ellos.
“A vuestra llegada, el rey quedó muy sorprendido al comprobar que ninguno de ustedes había envejecido durante la larga ausencia. Su apariencia juvenil era resultado del entrenamiento recibido en la infancia y constituía una prueba aún mayor de que sus hijos habían sido enviados divinamente en respuesta a su oración. Una profunda gratitud al Único Dios Poderoso por bendecirlo a él, a sus hijos y a su pueblo llenaba siempre su corazón.”
En ese momento, mientras Saint Germain describía las encarnaciones incas, comenzaron a aparecer ante mí imágenes vivientes en la atmósfera, todas con su color y actividad originales. Duraron casi tres horas, y él me reveló aquellas antiguas experiencias como una realidad viviente en Perú y Mitla.
El gobernante inca reunió a los catorce de la Ciudad Dorada en preparación para el acontecimiento más importante de su peregrinaje terrestre. Sabía que la hora de su partida estaba próxima y que los asuntos del imperio debían pasar al control del hijo mayor, a quien nombraría sucesor durante el banquete.
El palacio fue famoso durante siglos como el edificio más magnífico de aquella época, porque el rey tuvo a su disposición enormes recursos durante todo su reinado. Vivía en estrecha comunión con su Yo Divino en todo momento, y riquezas incontables fluían para su uso. El interior del palacio estaba profusamente ornamentado; las habitaciones privadas de la familia real estaban decoradas con oro puro engastado con joyas, y el símbolo del Sol se utilizaba siempre que era posible como recordatorio constante del Yo Divino Interior.
La sala de banquetes estaba dispuesta con cinco mesas de jade tallado apoyadas sobre pedestales de ónix blanco, cada una con capacidad para veinte personas, excepto la mesa real, en la que se sentaban dieciséis: los catorce de la Ciudad Dorada, el rey y el Maestro Saint Germain, conocido entonces como “Hijo Uriel”. Las sillas de la mesa del rey estaban hechas de oro y ligeramente cubiertas por doseles de magníficas plumas de avestruz de espléndidos colores. En la silla del inca, las plumas eran de un hermoso violeta; en la de Saint Germain, de un dorado intenso; en la de la hija, rosas; en la del hijo mayor, violetas, aunque de un tono más claro que las del gobernante; y en la silla del hijo menor eran blancas, representando la autoridad del sacerdocio. Las plumas de las sillas del resto de los catorce procedentes de la Ciudad Dorada eran de colores diversos, de una belleza indescriptible, y en cada caso el color representaba el cargo y el servicio que su ocupante prestaba al imperio.
Manteles de un material muy suave, profusamente bordados con hilos de notable brillo, cubrían las mesas. Todo el palacio estaba iluminado por globos de cristal auto-luminosos que Saint Germain había dado al gobernante inca cuando comenzó su instrucción.
El rey vestía una túnica real de tejido dorado de apariencia metálica, con un maravilloso pectoral enjoyado que representaba el “Sol”. Encima llevaba su túnica de oficio, hecha de rico tejido púrpura y adornada con magníficas plumas de avestruz alrededor de todo el borde y del amplio cuello. Su corona era una banda de diamantes que sostenía tres plumas violetas en la parte posterior. En la Vida Interior del gobernante, estas tres plumas simbolizaban las tres actividades de la Deidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— actuando a través del hombre como Amor, Sabiduría y Poder. Los dos hijos vestían prendas semejantes a las de su padre, excepto por la larga túnica de Estado; cada uno llevaba el símbolo del “Gran Sol” formado por un pectoral de joyas. La corona del hijo mayor estaba engastada con esmeraldas y las plumas de la parte posterior eran violetas como las del rey, pero de un tono más claro. El tocado del otro hijo estaba engastado con perlas y sus plumas eran blancas, otro símbolo de su función sacerdotal.
La hija del rey llevaba una túnica de tejido dorado tan fino como seda de gasa, con una sobrefalda de material opalescente, deslumbrante a la vista y que cambiaba de color con cada movimiento de su cuerpo. Llevaba un cinturón enjoyado de diamantes y esmeraldas, con un panel que llegaba casi hasta el suelo. Sobre la cabeza llevaba un gorro ceñido de material tejido y, alrededor del cuello, una cadena de la que colgaba el símbolo del “Gran Sol”, engastado con diamantes, rubíes y esmeraldas. Sus sandalias eran de oro y también estaban adornadas con joyas.
Justo cuando el rey salía de sus aposentos privados camino de la sala de banquetes, una Luz Flameante atravesó las habitaciones y Saint Germain apareció ante nosotros, semejante a un Dios. La “Luz” que lo rodeaba era casi cegadora en su Brillo y tardamos unos segundos en acostumbrarnos a ella.
Su hermoso cabello dorado caía hasta los hombros y estaba sujeto por una banda de diamantes azules alrededor de la frente. Su propia Radiancia Intensa brillaba a través del color del cabello hasta hacerlo parecer luz solar. El violeta penetrante y centelleante de sus ojos contrastaba intensamente con su piel, que mostraba el suave color rosado de la juventud y la perfecta salud. Sus rasgos eran muy regulares, como los de los antiguos griegos.
Vestía una túnica de maravilloso tejido blanco deslumbrante, totalmente diferente de cualquier material de nuestro mundo moderno. Se ceñía ligeramente al cuerpo en la cintura, alrededor de la cual llevaba un cinturón de diamantes amarillos y zafiros, con un panel que llegaba hasta las rodillas. En el dedo anular de la mano izquierda llevaba un anillo engastado con un magnífico diamante amarillo y, en el dedo medio de la derecha, un zafiro casi igual de brillante; ambos resplandecían extraordinariamente debido a su propia gran Radiación, pues acababa de llegar de la Ciudad Dorada.
El rey quedó sorprendido y lleno de alegría ante su aparición y, haciendo el signo del corazón, la cabeza y la mano, se inclinó profundamente ante él y ofreció su brazo al Maestro. Así se dirigieron a la sala de banquetes.
Allí las mesas habían sido preparadas con un servicio completo de oro, cristal y jade. Los hijos del rey entraron poco después y, al contemplar a su amado Maestro, casi se vieron vencidos por la alegría. Sin embargo, no olvidaron la dignidad de la ocasión y, haciendo el Signo Divino que él les había enseñado, se inclinaron profundamente ante su padre y su Distinguido Invitado.
Se dio la señal y todos tomaron asiento. El rey se sentó a la cabecera de la mesa, el Maestro Saint Germain a su derecha y, junto a él, su hija. El hijo mayor fue situado a la izquierda del rey, después el hijo menor y, a continuación, los demás de la Ciudad Dorada.
Al terminar el banquete, el gobernante se levantó y todos prestaron completa atención. Permaneció en silencio un momento y, extendiendo la mano hacia el amado Saint Germain, lo presentó a los invitados. El Maestro se inclinó con gracia, y el rey les explicó cómo la Ley Espiritual Superior les había sido enseñada a él y a sus hijos, y cómo las grandes Bendiciones que habían llegado a la tierra y a su pueblo eran resultado del Gran Amor del Maestro. Explicó además que el banquete se había organizado para que él nombrara a su sucesor al trono.
Hizo una señal al hijo mayor para que se levantara y lo anunció como futuro gobernante. Quitándose la Túnica Real, la colocó sobre los hombros de su hijo, y Saint Germain, alzando las manos sobre él en Bendición, dijo:
“Te bendigo, hijo mío, en el Nombre y el Poder del Único Dios Poderoso —en el hombre y gobernando el Universo—, cuya Sabiduría Suprema te dirigirá, cuya ‘Luz’ te Iluminará, cuyo Amor te bendecirá y envolverá a ti, a la tierra y a su pueblo.”
Tocando con el pulgar de su mano derecha la frente del hijo, el Amado Maestro levantó la mano izquierda y un Cegador Destello de “Luz” los envolvió.
El rey nombró entonces a quienes ocuparían los lugares de su hija y de sus dos hijos en el templo de Mitla. Saint Germain, el rey, sus hijos y los demás procedentes de la Ciudad Dorada pasaron a la sala del trono, donde el Maestro se volvió y se dirigió de nuevo a ellos diciendo:
“¡Amados seres de Luz! Vuestro hermano, el rey, pronto pasará a su bien merecido descanso y a una instrucción superior. Hasta entonces permaneceré con ustedes. Vuestra civilización alcanzará su apogeo bajo el gobierno de este amado hermano nuestro, y necesitarán mucha riqueza adicional para realizar todo lo que habrá de hacerse. En el corazón de las montañas, no muy lejos de aquí, existe un gran tesoro de oro y piedras preciosas.
“El hijo menor de vuestro gobernante aún no ha recordado una facultad que utilizó anteriormente. La reactivaré para que entre nuevamente en acción y sean suplidas las necesidades de vuestras futuras actividades.” Se acercó al hijo menor y tocó su frente con el pulgar de la mano derecha. Un estremecimiento recorrió su cuerpo y se abrió su Visión Interior.
Vio en la inmensidad de las montañas un lugar determinado que contenía una riqueza tan vasta que comprendió que no necesitarían ninguna otra fuente de suministro para producir todo cuanto pudiera requerirse en las actividades exteriores. El hijo rindió homenaje a su Amado Maestro y prometió que, con su asistencia, se cumpliría el plan para utilizarla. Tres de las minas que él abrió y puso en funcionamiento fueron cerradas y selladas cuando terminó el gobierno de aquellos procedentes de la Ciudad Dorada. Han permanecido cerradas hasta el día de hoy.
Los arqueólogos, de diversas maneras y de tiempo en tiempo, están encontrando pruebas y evidencias de la enorme altura que alcanzó esta civilización y del esplendor de sus logros. Los fragmentos de la actividad inca que hasta ahora han descubierto corresponden a la civilización durante su decadencia, pero llegará el día en que aquello que se expresó en su apogeo será revelado para Bendición, Iluminación y servicio de la posteridad.
Al día siguiente se enviaron mensajeros a los principales puntos del imperio para anunciar la ascensión al trono del hijo del rey. Su reputación lo había precedido desde la ciudad de Mitla, pues su Sabiduría, nobleza de carácter y justicia eran conocidas en todo el reino durante los años en que sirvió allí.
Pocos días después, el hijo menor ordenó al ingeniero jefe de minas que preparara equipo, hombres y provisiones para adentrarse en las montañas y abrir la mina que le había sido mostrada mediante el uso de su Visión Interior.
Cuando estuvieron listos para partir, el hijo permaneció solo y mantuvo su atención firmemente fija en el Yo Divino Interior, sabiendo que sería dirigido infaliblemente para encontrar la mina; gracias a ello no tuvo dificultad ni demora en dirigirse directamente al lugar que le había sido mostrado en la visión. Puso a trabajar a un gran número de hombres y, en sesenta días, había abierto la mina hasta el punto en que encontraron la veta de oro más rica que jamás se haya localizado en Sudamérica, antes o después de aquella época. El descubrimiento y la explotación de esa mina han llegado hasta nuestros días en forma de leyenda entre la gente. El hijo menor regresó de su logro en medio de la cálida bienvenida del pueblo y recibió las Bendiciones de su padre, de Saint Germain, de su hermano mayor y de su hermana.
La mina estaba situada a una altitud de unos dos mil cuatrocientos metros y, durante el tiempo que el hijo del rey permaneció allí, se volvió altamente sensible, actividad que siempre ocurre en las grandes alturas. A su regreso al palacio, sintió claramente que había llegado la hora del gran cambio para el gobernante inca y supo que su partida estaba próxima.
Llegó el día de la coronación del hijo del rey, cuando asumiría legal y públicamente la responsabilidad y los deberes del reino. La familia real pidió a su Amado Maestro y Amigo que realizara el acto de coronar al nuevo gobernante, a lo cual él accedió con gracia.
Se habían completado elaborados preparativos para el importante acontecimiento, y la ceremonia había llegado al momento en que la corona debía ser colocada sobre la cabeza del nuevo gobernante. Todos advirtieron que Saint Germain no hizo movimiento alguno para recibirla.
De repente se produjo un Cegador Destello de “Luz” y ante ellos apareció un Ser de lo Más Maravilloso. Parecía una joven de apenas dieciocho años, pero de sus ojos y de su “Presencia” irradiaba una Radiante Luz Deslumbrante, llena del Amor, la Sabiduría y el Poder de una Diosa. La Luz que llenaba la atmósfera a su alrededor era blanco cristalino, centelleando dentro de Sí misma y resplandeciendo constantemente.
Extendiendo sus delicadas manos hacia quien portaba la corona, la tomó y, con infinita gracia, la colocó sobre la cabeza del hijo del rey; con una voz que era el alma misma de la música, dijo:
“Amado de la Ciudad Dorada: te corono con el Amor, la Luz y la Sabiduría de los que esta corona es símbolo. Que tu justicia, honor y nobleza continúen siempre. Por Orden Divino, reinaré contigo, invisible para todos salvo para aquellos de la Ciudad Dorada que se encuentran aquí.”
El nuevo gobernante se arrodilló para recibir la corona y el Maravilloso Ser se inclinó y besó su frente. Luego se volvió hacia los invitados reunidos, extendió las manos y los bendijo. Inmediatamente, una suave Luz rosada llenó todo el lugar, siendo la efusión de Su Amor hacia ellos. Bendijo al antiguo rey y, volviéndose hacia su hija, la estrechó con cariño. Al hijo menor le extendió la mano y él, arrodillándose, la besó con profunda reverencia.
El nuevo rey ascendió al trono y se inclinó ante sus invitados. Ofreciendo su brazo al Hermoso Ser, encabezó la marcha hacia la sala de banquetes, donde celebraron la coronación con un festín. Dio la señal para que todos se sentaran y entonces se dirigió a ellos.
“Mi pueblo profundamente amado”, dijo, “sé que no existe sino Una Poderosa ‘Presencia’ —Dios— en la humanidad y el Universo, gobernándolo todo. Mi deseo es, como siempre lo ha sido, vivir de tal manera que mi mente y mi cuerpo sean canales claros y expresiones perfectas de la Única Gran ‘Presencia’ Interior. Que ustedes, mis amigos, mi pueblo, nuestra tierra y sus actividades sean siempre bendecidos con el mayor Amor de Dios, Paz, Salud y Felicidad. Que este imperio, que es dominio de Dios y del cual nosotros somos sólo custodios, continúe en abundante Prosperidad. El Amor de Dios en mí los envolverá siempre, y pido a la ‘Luz’ Eterna de Dios que los eleve a Su Perfección Divina.”
A medida que avanzaba el banquete, el antiguo rey palideció mucho. El nuevo gobernante hizo una señal a su hermano, quien se acercó a su padre y lo ayudó a llegar a los aposentos privados de la familia real. El rey se tendió y permaneció inmóvil casi cuatro horas. Sus hijos, el Maestro Saint Germain y el Hermoso Ser permanecieron a su lado.
Cuando llegó el momento final de su permanencia terrenal, el Hermoso Ser avanzó hasta la cabecera del lecho donde yacía y se dirigió a él diciendo:
“Hermano Inca: has pensado dejar tu forma a la acción de los cuatro elementos, pero yo te digo que será Elevada, Transmutada e Iluminada hasta convertirse en ese ‘Templo de Dios’ Eterno que expresa Toda Perfección. Tu gran servicio te ha liberado de la rueda del nacimiento y de la llamada muerte. Sé ahora recibido por la Hueste Ascendida de la Luz, con la que eres para siempre Uno.”
Lentamente, el cuerpo fue elevado a su Perfección Eterna y luego desapareció por completo. Saint Germain se volvió hacia quienes estaban presentes.
“Mi trabajo aquí ha terminado”, dijo, y, dando un paso adelante, colocó un anillo de diseño sumamente inusual en el dedo anular de la mano derecha del rey. Su joya era un globo en miniatura auto-luminoso, hecho de alguna clase de Sustancia precipitada que parecía perla, y en su centro exacto había una diminuta Llama azul. Era un Foco de “Luz”, semejante a los globos que Saint Germain había dado al padre del rey y con los que se iluminaba el palacio.
“Acepta esto”, continuó, “del Maestro de la Ciudad Dorada. Es Su petición que lo lleves siempre contigo.” Se despidió de ellos y, haciendo una graciosa reverencia, desapareció de su vista.
Los tres hijos del inca poseían cuerpos físicos perfectos debido a la instrucción que habían recibido en la infancia del Maestro Saint Germain, cuando acudía diariamente desde la Ciudad Dorada para prepararlos para su servicio de vida al pueblo. Todos tenían un bellísimo cabello dorado y ojos azul violeta. Los dos hijos medían unos metro noventa y la hija cerca de metro setenta. Había en su porte una gran dignidad natural que sugería el Dominio Interior que habían adquirido bajo su instrucción. Cuando el hijo mayor ascendió al trono tenía sesenta y ocho años, y sin embargo no aparentaba más de veinticinco. Incluso cuando abandonaron la tierra, ninguno parecía tener más de esa edad. El nuevo rey reinó cuarenta y siete años y vivió hasta los ciento quince. La hija vivió hasta los ciento trece y el hijo menor hasta los ciento once.
El pueblo inca de aquel período tenía los ojos y el cabello oscuros y la piel semejante a la de los indígenas americanos. Aquellos que encarnaron como la masa del pueblo inca no eran almas con conocimiento avanzado previo, como ocurría en algunas civilizaciones anteriores, tales como Egipto, la Atlántida y el desierto del Sahara. Por esta razón, la Gran Hueste de Maestros Ascendidos, que ayuda a expandir la Luz dentro de la humanidad, puso al gobernante inca, a sus hijos y a los demás de los catorce de la Ciudad Dorada al frente del gobierno y de su pueblo, para establecer el patrón según el cual habrían de modelarse las actividades posteriores. Diseñaron una forma de gobierno y un plan de desarrollo que, de haberse seguido, habría permitido a toda la civilización alcanzar una gran altura de logros exteriores y, al mismo tiempo, recibir una enorme Iluminación Interior.
A medida que se acercaba el momento de elegir entre los propios incas a un gobernante que sucediera al rey y a sus asistentes, se puso gran cuidado en escoger a aquellos cuyo Crecimiento Interior estuviera más avanzado. Se encontraron catorce para ocupar los lugares de los procedentes de la Ciudad Dorada. El Hermoso Ser se había hecho visible al rey cada día durante cuarenta y siete años, dándole consejo y asistencia mediante Su Radiación, para que la Sabiduría y la Fortaleza pudieran ser el Poder Directriz del pueblo.
Los sucesores del rey y de los catorce de la Ciudad Dorada fueron llamados a la Presencia del muy amado y sabio gobernante, y el Hermoso Ser, que había permanecido invisible, se hizo visible para todos. La Luz a su alrededor se hizo muy brillante y se dirigió a ellos diciendo:
“Durante más de noventa años, los Grandes Maestros Ascendidos de Luz han enseñado, Iluminado, bendecido y prosperado al pueblo y a este imperio. El ejemplo está ante ustedes. Si lo siguen, todo continuará prosperando y bendiciendo vuestra tierra. Si no mantienen el Amor por el Único Yo Divino Supremo en primer lugar en sus corazones y no Lo reconocen siempre como el Gobernante del imperio y de sus habitantes, comenzará la decadencia y la gloriosa Perfección disfrutada durante más de un siglo será olvidada. Los encomiendo al cuidado de la Gran ‘Presencia’ Suprema en todo. Que Él los proteja, dirija e Ilumine siempre.”
Aquí se reveló a aquellos que habrían de guiar el destino del imperio durante los años siguientes una prueba visible de la existencia del Yo Divino Interior de cada ser humano. Este mismo ejemplo volverá a ser dado al pueblo actual de América.
Entonces, en presencia del nuevo gobernante y de sus colaboradores, el rey y los catorce de la Ciudad Dorada salieron de sus cuerpos y revelaron el Yo Divino de cada uno, visible para todos los reunidos. En pocos instantes, los cuerpos físicos desaparecieron, disolviéndose en el aire circundante.
“Así”, explicó Saint Germain, “se te revela el registro de otra vida, la Bendición y el Logro que resultan de la aceptación amorosa de la ‘Presencia’ Suprema del Único Yo Divino Interior. Regresemos ahora al Royal Teton.”
Volvimos a la entrada y avanzamos hacia la sala de audiencias. Allí, sobre sus muros, estaban los retratos grabados en oro, trasladados desde el antiguo templo de Mitla. Continuamos hasta la sala de archivos y vimos los registros transportados por los Seres Hermosos y Resplandecientes. También se habían llevado otras cosas que no tengo permiso para revelar.
Al terminar estas experiencias, comprendí al menos parcialmente algo de lo que es el verdadero Amor, pues nadie puede explicar el intenso sentimiento de Amor y Gratitud que se siente hacia los Maestros Ascendidos después de haber sido autorizado a vivir las experiencias por las que yo había pasado desde que conocí por primera vez a Saint Germain. Jamás puede expresarse en palabras. Después de un contacto semejante, sólo existe un deseo abrumador en la Vida, y es “SER” lo que Ellos son.
Entonces uno comienza a comprender lo que Jesús quiso decir con la Casa del Padre y dónde se encuentra realmente el hogar del Alma. Una vez que alguien ha experimentado realmente, aunque sólo sea durante una fracción de segundo, la Dicha Extática que irradia de un Ser Ascendido, no hay nada en la experiencia humana que no estuviera dispuesto a soportar o sacrificar para alcanzar esa altura de Logro, ni nada por lo que no trabajaría para expresar también semejante Dominio y Amor.
Uno sabe realmente que tal Perfección es para todos los hijos de Dios y que es tan real como puede serlo la realidad. Incluso la vida más feliz vivida por el ser humano promedio no es sino la cáscara de la existencia comparada con el Estado Ascendido de estos Grandes Seres. La creación más bella y supuestamente perfecta de los seres humanos, con todo su alabado Poder y Logro, es tosca y rudimentaria comparada con la Libertad, la Belleza, la Gloria y la Perfección que constituyen la experiencia diaria y continua de todos aquellos que han elevado el cuerpo como lo hizo Jesús.
Casi me sentía abrumado por un sentimiento de Gratitud y Amor hacia Saint Germain cuando llegó el momento de regresar a mi cuerpo. Él comprendió cómo me sentía y entendió mi posición.
“Hijo mío”, dijo, “no puedes recibir aquello que no hayas ganado. Mereces esto y mucho más, lo cual se hará evidente a medida que avancemos. Recuerda, sin embargo, que aquello que parece misterioso sólo lo parece porque no está explicado. Cuando se comprende, se descubrirá que todos los acontecimientos inusuales son naturales y conformes a la Ley. La siguiente Verdad permanecerá grabada para siempre en tu memoria. Es ésta:
“Cada uno de los hijos de Dios que reconozca y acepte la ‘Presencia’ del Único Dios Poderoso, anclada Dentro de su corazón y su cerebro, y sienta profundamente esa Verdad muchas veces al día, comprendiendo y sabiendo que Dios llena su mente y su cuerpo de tal manera con ‘Luz’ que no queda espacio para nada más, puede ser libre. La Única ‘Presencia’ Todopoderosa es la poderosa Actividad Armoniosa de la Vida y los asuntos de uno y, si su atención se fija firmemente y con determinación sobre esta Verdad Eterna, ninguna altura de Logro será demasiado grande para que pueda alcanzarla.
“Sólo existe una Fuente y un Principio de Vida a los que debemos dar nuestra atención indivisa, y es el Yo Divino Interior de cada individuo. Al Gran Yo Armonioso, el yo personal debería ofrecer Reconocimiento Consciente en todo momento y mantenerse en constante Comunión Interior con Él, cualquiera que sea la actividad exterior de la mente.
“Este Único Gran Yo es la Energía de Vida que fluye a cada instante por todo cuerpo humano y mediante la cual todos pueden moverse en el mundo de la forma. Es la Sabiduría que fluye a través de la mente, la Voluntad que dirige todas las actividades constructivas, el Valor y la Fortaleza que sostienen a todos, el Sentimiento de Amor Divino con el que toda fuerza puede ser calificada mientras fluye a través del individuo: el Único Poder que puede realizar cualquier cosa buena. Es el Dominio Consciente y Todo-Victorioso sobre toda condición de la actividad humana cuando se libera a través del yo personal sin resistencia ni interrupción.
“Este Poderoso Yo Divino Interior en ti es el Gobernante Supremo de toda la Creación y la única Fuente de ayuda confiable, permanente y Eterna que existe. Sólo mediante Su Amor, Su Sabiduría y Su Poder puede alguien elevarse alguna vez a la Maestría Ascendida, pues la comunión constante y consciente con Él es Libertad y Dominio sobre toda creación humana. Cuando digo creación humana, me refiero a todo aquello que es discordante y menos que Perfecto.”
Regresamos a mi cuerpo y, apenas lo hube vuelto a ocupar, Saint Germain tomó mis manos y vertió a través de mí una corriente de su Energía Divina para sostenerme y darme Fortaleza. Instantáneamente me sentí revivificado tanto en la mente como en el cuerpo. Me senté, fijé mi atención con profunda intensidad sobre mi propia “Presencia de Dios” y ofrecí una oración de Gratitud por las enormes Bendiciones que había tenido el privilegio de recibir. Él se inclinó con gracia y desapareció.
CAPÍTULO VI
Ciudades enterradas del Amazonas
POCO tiempo después, una noche en que trabajaba intensamente, oí claramente la voz de Saint Germain.
“Prepárate”, dijo, “esta noche a las nueve, y vendré a buscarte.”
Me puse alerta al instante, terminé rápidamente mi trabajo, me bañé y me disponía a cenar temprano.
“Yo te traeré el alimento apropiado”, explicó, así que esperé y entré en la meditación más profunda de la que podía ser consciente, reconociendo únicamente la Manifestación Perfecta de Dios.
Puntualmente a las nueve apareció en mi habitación, vestido con prendas de Sustancia Resplandeciente de aspecto metálico que parecían hechas de acero bruñido, pero que al tacto eran como una combinación de seda muy suave y caucho, extremadamente ligeras. Toqué el bello y maravilloso tejido y quedé tan fascinado que salí de mi cuerpo físico sin darme cuenta de ello hasta que me volví y lo vi tendido en la cama. Al acercarme a un gran espejo de la puerta, vi que mis prendas eran exactamente iguales a las de Saint Germain. Me sorprendió y no comprendía por qué eran diferentes de las que habíamos usado anteriormente. Él vio la pregunta en mi mente y respondió.
“Procura comprender, hijo mío, que en la Condición Ascendida de Vida siempre somos libres de utilizar la Pura Sustancia Universal para cualquier propósito que elijamos y darle cualquier cualidad específica que deseemos según la necesidad del momento.
“Si deseamos utilizar un material que sea imperecedero, imponemos esa cualidad a la Pura Sustancia Universal y Ella responde en consecuencia. Si deseamos que una forma se manifieste sólo durante un período determinado, damos a la Sustancia de la que está compuesta esa cualidad o mandato y la forma se manifiesta de acuerdo con ello. En el caso presente, vamos a atravesar agua y la Radiación del material de tu vestidura rodea de tal manera tu cuerpo sutil que te aísla de las cualidades y actividades naturales del elemento agua.
“Procura pensar en este Poder que está dentro de ti. Invoca para tu uso el gran mar de Sustancia Universal del que puedes extraer sin límite. Obedece sin excepción la dirección del pensamiento y registra cualquier cualidad que se le imponga mediante la actividad de la naturaleza de sentimiento de la humanidad.
“La Sustancia Universal obedece a tu voluntad consciente en todo momento. Responde constantemente al pensamiento y al sentimiento de la humanidad, se dé ésta cuenta o no. No existe instante alguno en que los seres humanos no estén dando a esta Sustancia una u otra cualidad; y sólo mediante el conocimiento de que el individuo posee control consciente y capacidad de manejar un mar ilimitado de Ella comienza a comprender las posibilidades de sus propios Poderes Creativos y las responsabilidades que recaen sobre él en el uso de su pensamiento y su sentimiento.
“A lo largo de los siglos, la humanidad ha calificado la Sustancia Universal con perecibilidad y limitación, y los cuerpos que utiliza hoy expresan esas características. Toda la raza humana tiene tormentas de odio, ira, venganza y muchas otras explosiones de sentimiento, y los cuatro elementos, que han registrado esas cualidades, se las devuelven al hombre a través del mundo de la Naturaleza en forma de tormentas. Los pueblos de la tierra tienen cataclismos de pensamiento y sentimiento como resentimiento unos contra otros, contra la injusticia, contra lugares y cosas, enviando consciente o inconscientemente el sentimiento de venganza. El gran mar de Sustancia Universal sobre el que se han registrado esas cualidades las expresa de regreso a su fuente —el individuo— por medio de los cuatro elementos, como cataclismos en la Naturaleza.
“Esas actividades no son sino los medios que emplea la Naturaleza para purificarse y liberarse de la contaminación del pensamiento y sentimiento humanos discordantes, y regresar a su estado prístino de Pureza de Dios.
“A cada instante, cada individuo recibe en su mente y su cuerpo la Vida Pura y Perfecta de Dios. A cada instante, también está dando alguna cualidad a la Pura Sustancia Universal de Dios. Esa cualidad la crea y genera él solo y debe recibirla de regreso en su mente y su cuerpo, pues todas las cosas del Universo se mueven en círculos y, de ese modo, regresan a su fuente.
“Los Maestros Ascendidos han aprendido la ‘Ley del Círculo’, la ‘Ley del Uno’. Por ello, imponemos sobre la Pura Sustancia Universal únicamente la cualidad que deseamos utilizar para el trabajo especial que tenemos entre manos. Si deseamos que una manifestación se exprese durante un período determinado, establecemos el tiempo, damos el mandato y la Sustancia de la que se compone esa manifestación especial responde en consecuencia.
“En el caso de los archivos del Royal Teton y de ciertos Retiros de todo el mundo, es necesario para nuestro trabajo que determinadas cosas se hagan imperecederas, a fin de que se conserven durante los siglos. Decretamos esa cualidad en ellas y registran exactamente nuestro Decreto, pues la Naturaleza nunca miente. Ella es un registrador veraz de las cualidades que actúan sobre Ella. Nos obedece a nosotros y también obedece al hombre, pero existe dentro de Ella cierta actividad que la humanidad o bien ignora o se niega obstinadamente a reconocer. Por esta ignorancia y obstinación, paga y paga y paga continuamente, hasta que el yo personal del individuo aprende y reconoce esta Verdad Eterna Fundamental: es la ‘Ley del Uno’, la ‘Ley del Amor’, la ‘Ley de la Armonía’, la ‘Ley del Círculo’, la ‘Ley de Perfección’.
“Cuando la humanidad aprenda realmente esa Verdad y obedezca Su Decreto Eterno, cesarán las discordias de la tierra y las actividades destructivas de los cuatro elementos.
“Existe dentro de la Naturaleza una Fuerza Autogeneradora y Autopurificadora que se eleva y expulsa todo aquello que no concuerda con la ‘Ley del Uno’. Esta Fuerza o Energía es una Actividad Impulsora desde el interior hacia afuera y es el Único Poder expandiéndose. Si se impone discordia sobre la Pura Sustancia Universal, la Energía Electrónica queda temporalmente represada dentro de ella. Cuando esa Energía acumulada alcanza cierta presión, tiene lugar la expansión, haciendo añicos la discordia y la limitación. Así, ‘la Gran Vida del Uno’, ‘la Esencia Luminosa de la Creación en Perpetua Expansión’, ‘Dios en Acción’, domina cuanto intenta oponérsele y prosigue por Su Camino señalado como Gobernante Supremo del Universo. Los Maestros Ascendidos de Luz saben esto y son ‘Uno’ con ese conocimiento.
“La humanidad puede conocerlo y ser también ‘Una’ con ello, si tan sólo quiere. Está dentro de las capacidades y posibilidades de cada individuo, pues es el Principio Eterno Innato dentro de la Vida Consciente de Sí. Todos los seres humanos son Vida Consciente de Sí. Este Principio no hace favoritismos y todos pueden expresar Su plenitud.
“Dentro de la Vida de cada ser humano está el Poder por el cual puede expresar todo lo que los Maestros Ascendidos expresan a cada instante, si tan sólo elige hacerlo. Toda Vida contiene Voluntad, pero sólo la Vida Consciente de Sí es libre para determinar su propio curso de expresión. Por lo tanto, el individuo tiene libre elección para expresarse ya sea en el cuerpo humano limitado o en el Cuerpo Divino Sobrehumano. Él elige su propio campo de expresión. Es el Creador Autodeterminante. Ha querido y elegido vivir como Vida Consciente de Sí.
“Cuando alguien se individualiza dentro de la Vida Absoluta que Todo lo Penetra, elige por su propio libre albedrío convertirse en un Foco individual e intensificado de Inteligencia Consciente de Sí. Es el Director Consciente de sus actividades futuras. Así, una vez hecha su elección, él es el único que puede cumplir ese destino, que no es una circunstancia inflexible sino un Plan de Perfección definitivamente diseñado. Es un Modelo que él elige expresar en el reino de la forma y la acción. Así ves, hijo mío, que un ser humano puede en cualquier momento decidir elevarse por encima de sus cualidades o limitaciones humanas y, si entrega toda su Vida, toda su Energía, a esa determinación, tendrá éxito. Aquellos de nosotros que hemos elevado el cuerpo logramos la ‘Ascensión’ entregándolo todo al Yo Divino Interior y, por ello, Él expresa a través de nosotros Sus Cualidades Perfectas: ‘el Plan Divino de la Vida’. Ven, vámonos.”
Al iniciar nuestro viaje, era consciente de que nos dirigíamos hacia el sur y el este. Pasamos sobre Salt Lake City, Nueva Orleans, el golfo de México, las islas Bahamas y luego llegamos a una cinta plateada que supe que era un río. La seguimos hasta su desembocadura. Mientras avanzábamos, la Voz de Dios dentro de mí dijo:
“Es el Amazonas.”
“Ahora sé consciente”, instruyó Saint Germain, “de que el Dios en ti siempre dirige y es el Maestro de toda situación.”
Justo en ese momento comenzamos a descender y, en un instante, tocamos la superficie del agua. Bajo nuestros pies parecía tan firme como tierra sólida y experimenté una sensación de sorpresa al entrar en contacto con ella. Explicó además que podíamos avanzar bajo el agua tan fácilmente como permanecer sobre ella, porque las prendas que llevábamos irradiaban un aura protectora a una distancia considerable alrededor de nuestros cuerpos y contenían las condiciones que necesitábamos para explorar los estratos subterráneos de la tierra y las cosas bajo el agua.
“Esto”, continuó, “se debe a lo que el mundo científico llamaría un ‘campo de fuerza eléctrico’ alrededor de nuestros cuerpos, pero la Fuerza Electrónica con la que están cargadas estas vestiduras es una electricidad superior y más sutil que la conocida en vuestro mundo físico. Algún día, incluso vuestros hombres de ciencia tropezarán con ella y comprenderán que siempre ha existido en la atmósfera, aunque no han sabido dirigirla y controlarla para el servicio de la humanidad.
“Es mucho más fácil dirigirla mediante la mente que mediante aparatos físicos de cualquier clase, aunque puede ser atraída y controlada por medios mecánicos. Aquello que el mundo exterior conoce como electricidad no es sino una forma rudimentaria de la Gran Energía Espiritual de la Vida. Existe en toda la Creación. A medida que el hombre eleve su conciencia y la mantenga en contacto con su Yo Divino Interior, llegará a ser consciente de las gigantescas posibilidades del uso de este Poder y Fuerza superiores. El servicio que puede prestarle es Infinito en el trabajo creativo que puede realizar en todas las fases de actividad.”
Entonces entramos en el agua, atravesándola sin resistencia alguna. Me sorprendió ligeramente la novedad de la experiencia, pero recordé al instante la advertencia de ser consciente únicamente del Dios dentro de mí como Maestro de toda condición. Poco después nos acercamos a la orilla y pasamos sobre muchos cocodrilos, que nos vieron pero no se alteraron por nuestra presencia. Continuando tierra adentro, llegamos a algo que parecía la parte superior de un monumento.
“Ésta es la parte superior de un obelisco de unos dieciocho metros”, explicó Saint Germain. “Sólo unos tres metros sobresalen del suelo. Marcaba el punto más elevado de una ciudad importante que quedó enterrada durante el último cataclismo, cuando la Atlántida fue sumergida. El obelisco está hecho de metal imperecedero y cubierto de jeroglíficos de aquel período. Observa que están muy claros y permanecerán así debido a la indestructibilidad del metal. La ciudad fue construida originalmente a unos dieciséis kilómetros de la orilla del río, pero cuando quedó sumergida, la desembocadura del río se ensanchó muchos kilómetros.”
Nos elevamos sobre la tierra y avanzamos siguiendo el Amazonas hasta un punto situado a cincuenta y seis grados de longitud oeste. Allí hicimos observaciones y luego continuamos hasta un punto situado a setenta grados oeste. Saint Germain explicó que ésta era la zona destinada a posteriores observaciones e investigaciones. La sección que indicó comprendía el Amazonas entre esos dos puntos y también dos de sus principales afluentes, los ríos Juruá y Madeira.
“Esta civilización”, dijo Saint Germain, “fue edificada durante el período comprendido entre hace doce y catorce mil años. La parte del país que nos ocupa es la sección que va desde donde el río Madeira desemboca en el Amazonas hasta un punto al oeste donde el Amazonas toca Colombia y Perú.
“Hace trece mil años, el Amazonas estaba contenido por grandes diques de piedra. Toda la región que lo rodeaba se encontraba a una altitud de por lo menos mil quinientos metros y, en lugar del clima tropical que tiene hoy, existía durante todo el año una temperatura subtropical.
“Durante una gran extensión en esta región, el terreno formaba una meseta. Cerca de la desembocadura del Amazonas había anchas y hermosas cataratas. La ciudad en la que se alzaba el obelisco estaba construida entre las cataratas y la costa del mar, a unos dieciséis kilómetros al sur del río. En el río Orinoco, al norte, se encontraban grandes reptiles y animales feroces.”
Llegamos a un lugar cercano al río Madeira y Saint Germain continuó:
“Éste es el emplazamiento de una antigua ciudad, la capital del imperio y el lugar más importante de la civilización de aquel período.” Entonces levantó la mano y la ciudad se hizo tan claramente visible como cualquier ciudad física de hoy.
“Observa”, explicó, “cómo estaba construida en una serie de círculos y cómo las calles comerciales parten de su centro como los radios desde el cubo de una rueda. Los círculos exteriores eran avenidas de recreo construidas cada tres millas. Había siete de ellas, haciendo que la ciudad tuviera unos setenta y cuatro kilómetros de diámetro, incluido el círculo central. De esta manera, las actividades comerciales no interferían con la belleza y la comodidad de las avenidas.
“El círculo más interior tenía unos seis kilómetros y medio de diámetro y dentro de él estaban situados los edificios administrativos de todo el imperio. Todas las calles estaban bellamente pavimentadas y construidas entre cuarenta y cinco y sesenta centímetros por debajo de los edificios y terrenos circundantes. Cada mañana se inundaban y se lavaban completamente antes de que comenzaran las actividades del día.
“Observa la extraordinaria magnificencia de las avenidas de recreo y la espléndida belleza de las plantas y flores que formaban sus márgenes a ambos lados. Una característica muy predominante de su arquitectura era que los pisos superiores de casi todos los edificios, especialmente las residencias, estaban construidos con cúpulas ajustables. Éstas podían abrirse o cerrarse a voluntad, pues estaban construidas en cuatro secciones y dispuestas para servir tanto como lugar para dormir como para recibir invitados. Los días nunca eran incómodamente calurosos y, por la tarde, el maravilloso aire fresco de las montañas llegaba con tanta regularidad como la aparición del día.”
Entramos en el capitolio, una enorme estructura de gran belleza. El interior estaba acabado en mármol color crema veteado de verde, y el suelo, hecho de una piedra verde musgo oscura semejante al jade en su textura, había sido colocado con tal perfección que parecía casi una sola pieza. En la rotonda había grandes mesas del mismo tipo de piedra verde que el suelo, aunque de un tono más claro. Tenían pesados pedestales de bronce situados a unos noventa centímetros de cada extremo. Allí Saint Germain volvió a extender la mano y nos encontramos entre personas vivas que se movían por los edificios y los jardines.
Contuve la respiración, asombrado, pues vi una raza entera de personas de cabello dorado y hermosos rostros rosados y blancos. Los hombres medían entre un metro ochenta y ocho y un metro noventa y tres, y las mujeres alrededor de un metro setenta y ocho. Sus ojos eran de un bellísimo azul violeta, muy claros y brillantes, expresando una gran Inteligencia serena. Atravesamos una puerta a nuestra derecha y entramos en la sala del trono del emperador. Evidentemente era su día de audiencia, pues recibía invitados extranjeros y locales.
“Éste era el emperador Casimir Poseidon”, explicó Saint Germain. “Era verdaderamente Dios Encarnado. Observa la nobleza bondadosa de su rostro y, sin embargo, el tremendo Poder que había en él. Era y es un Maestro Ascendido, bendito y profundamente amado. Durante muchos siglos, en mitos y fábulas, se mantuvo viva su memoria y se describió en poemas épicos la Perfección de su reino; pero, a medida que el tiempo pasa hacia la Eternidad, el recuerdo de semejantes grandes Logros se desvanece y a menudo es olvidado por las generaciones posteriores.”
Casimir Poseidon era, en todos los sentidos, un gobernante magnífico. Medía aproximadamente un metro noventa y tres, era de buena constitución y erguido como una flecha. Cuando estaba de pie, sobresalía por encima de quienes lo rodeaban, y la propia atmósfera parecía cargada de Maestría. Su cabello dorado era abundante y caía hasta los hombros. La túnica real estaba hecha de un material semejante a terciopelo de seda color violeta, adornado con oro, y debajo llevaba una prenda ajustada de suave tejido dorado. Su corona era una sencilla banda de oro con un enorme diamante en el centro de la frente.
“Estas personas”, dijo Saint Germain, “estaban en contacto directo con todas las partes del mundo mediante una maravillosa navegación aérea que había sido desarrollada para su uso. Toda la luz, el calor y la energía se obtenían directamente de la atmósfera. La Atlántida, durante este período, se encontraba en un maravilloso estado de progreso porque había sido gobernada y guiada hacia la Perfección por diversos Maestros Ascendidos que aparecían de tiempo en tiempo y gobernaban para la elevación espiritual del pueblo.
“Una y otra vez, a lo largo de los siglos, siempre que ha surgido una gran civilización, ésta ha sido fundada al comienzo sobre Principios Espirituales y ha mantenido obediencia a esas Leyes de la Vida durante el período de su ascenso. Sin embargo, en el instante en que cualquier gobierno o el propio pueblo comienza a desviarse hacia formas laxas, de modo que la injusticia y el uso impuro de la Vida se convierten en hábitos, ya sea de los gobernantes o del pueblo, comienza la desintegración y continúa hasta que regresan a las Leyes Fundamentales de Equilibrio y Pureza o son eliminados por su propia discordia, para que el Equilibrio pueda ser restablecido y pueda darse un nuevo comienzo.
“Casimir Poseidon era descendiente directo de los Poderosos Maestros Ascendidos Gobernantes de la Atlántida. De hecho, la civilización sobre la que gobernaba era hija de la cultura y los Logros atlantes. Su capital era famosa en todo el mundo por su magnificencia y belleza.
“Cuando se muestren las zonas rurales, observa el método mediante el cual se transportan los objetos, pues el Poder que estas personas utilizaban era generado en una caja semejante a un instrumento, de unos sesenta centímetros cuadrados por noventa centímetros de largo, unida al mecanismo del implemento que se utilizaba. El suministro de agua de los cursos fluviales estaba bajo control y su Poder también era utilizado. No había necesidad de policía ni de organización militar de ningún tipo, debido al método mediante el cual se recordaba al pueblo ‘La Ley’ y al maravilloso Poder Sustentador que se irradiaba, permitiéndoles obedecerla.”
Hacia el este, en el parque, se levantaba un magnífico edificio. Nos acercamos a él. Sobre la entrada estaban inscritas las palabras: “Templo Viviente de Dios para el Hombre”. Entramos y descubrimos que por dentro era mucho mayor de lo que parecía desde el exterior. Debía de tener capacidad para al menos diez mil personas.
En el centro de este inmenso templo se alzaba un pedestal de unos sesenta centímetros cuadrados y seis metros de altura, hecho de una Sustancia blanca lechosa Auto-Luminosa que emitía una Luz Blanca con un leve matiz rosado. Sobre él había un globo de cristal de unos sesenta centímetros de diámetro hecho de algún tipo de Sustancia que contenía en su interior una suave Luz Blanca Auto-Luminosa. Era muy suave y, sin embargo, tan intensamente luminosa que todo el edificio estaba brillantemente iluminado.
“Esa esfera”, observó Saint Germain, “estaba hecha de un Material Precipitado que encerraba un Foco Intenso de ‘Luz’. Fue atraída y colocada en el templo en aquel período por uno de los Grandes Maestros Cósmicos como una actividad sustentadora y dadora de Vida para el pueblo. Emitía continuamente no sólo la ‘Luz’, sino también una Energía y un Poder que estabilizaban sus actividades y el imperio.
“La esfera de ‘Luz’ fue enfocada por el Gran Ser y el edificio se levantó posteriormente a su alrededor. Era realmente un Foco Precipitado y una Actividad Concentrada de la Suprema ‘Presencia’ de Dios. El Gran Maestro Cósmico que la estableció aparecía una vez al mes junto a la ‘Luz’ y proclamaba ‘la Ley de Dios’, ‘la Ley del Gobierno’ y ‘la Ley del Hombre’. De este modo decretaba el Camino Divino de la Vida y era el Foco de la Actividad Crística para el pueblo de aquella Edad.”
Aquí Saint Germain extendió de nuevo la mano y ante nosotros aparecieron imágenes vivientes y parlantes de este Gran Ser. Es absolutamente imposible describir con palabras la Gloria de aquella “Presencia”. Sólo puedo decir que era verdaderamente el Hijo de Dios en Expresión Perfecta. En un momento oí al Gran Maestro Cósmico proclamar “La Ley” al pueblo.
El Registro, la Majestad de su “Presencia” y su “Decreto” están grabados a fuego en mi memoria para la Eternidad, tan claramente permanecen en mi conciencia. Les doy Su Decreto tal como todavía se presenta ante mí.
“¡Amados Hijos del Único Dios Poderoso! ¿No sabéis que la Vida que utilizáis procede de la ‘Única Presencia Suprema’, Eternamente Pura, Santa y Perfecta? Si hacéis algo que empañe la Belleza y la Perfección de esa Vida Única, os separáis de los Dones de vuestro Dios. Vuestra Vida es la Joya Sagrada del Amor de vuestro Dios, la ‘Fuente’ de los Secretos del Universo.
“Vuestro Dios os confía la ‘Luz’ de Su Propio Corazón. ¡Apreciadla! ¡Adoradla! ¡Dejad que se expanda siempre hacia una Luz mayor y una Gloria mayor! Vuestra Vida es la ‘Perla de Gran Precio’. Vosotros sois los guardianes de la Riqueza de Dios. Procurad utilizarla únicamente para Él y sabed que habéis recibido la ‘Luz de la Vida’, de cuyo uso habréis de rendir cuentas.
“La Vida es un Círculo continuo, el Principio sobre el cual está edificada vuestra ciudad. Si creáis Aquello que es semejante a vuestra ‘Fuente’ y conocéis Su Amor y Su Paz dentro de vosotros, si utilizáis vuestros Poderes de Creación sólo para bendecir, entonces, al moveros alrededor de vuestro círculo de existencia, conoceréis el Gozo de la Vida y a Él se añadirá un Gozo Mayor. Si no creáis como vuestra ‘Fuente’, vuestro mal regresará a vosotros acompañado de más de su misma clase.
“Sólo vosotros elegís vuestro destino y sólo vosotros respondéis ante vuestro Dios por el uso que hacéis de la ‘Vida’, vuestro Ser. Nadie puede escapar a la Gran Ley. Durante mucho tiempo he proclamado esta ‘Ley de la Vida’. La Ley de ‘Vosotros Mismos’ sois para vosotros mismos, porque siempre podéis acudir a vuestro Dios si deseáis la Perfección de la Vida.
“No siempre vendré como ahora para mantener vuestros pies descarriados sobre el Sendero de la Verdad ni para recordaros vuestra Luz Eterna, colocada sobre la cima de una montaña para guiaros. En un día muy lejano hablaré dentro del Corazón del hombre y, si amáis la Vida, me invocaréis, mientras Yo moro en muchos seres. Que esto no os confunda, hijos míos. Si queréis conocerme a Mí, ‘la Luz’, tendréis que buscarme, encontrarme y, una vez encontrado, permanecer dentro de Mí siempre.
“En ese día, el ‘Padre-Madre-Hijo’ será ‘Uno’ en el corazón del hombre. El Hijo es para siempre la Puerta, el Camino hacia Dios. En vuestra mente y en vuestro corazón está ‘Mi Luz’, recordándoos siempre ‘Mi Presencia’, pues en el tiempo venidero estaré presente únicamente en ‘Esa Luz’.
“Entonces seré Sabiduría en vuestra mente para gobernar el Amor en vuestro corazón, para que podáis llenaros de la Paz de la Vida Una, Dios. Vuestro cuerpo no es sino el instrumento de vuestra Alma y dentro de vuestra Alma debe fluir ‘Mi Luz’, o pereceréis.
“Mi Luz en vuestra mente es ‘el Camino’ hacia el Corazón de Toda Luz. Sólo mediante Mi Luz en vosotros podéis expandir la Luz en cada célula de vuestro Ser hacia un Ser cada vez mayor. En vuestra garganta está Mi Luz, que es vuestro Poder para pronunciar Mis Palabras. Mediante ellas siempre Ilumino, protejo y perfecciono a mis hijos. Las palabras que no cumplen esta triple misión no son Mis Palabras y, cuando se pronuncian, sólo pueden traer desdicha.
“Meditad sobre Mi Luz en vuestra mente y en vuestro corazón, y veréis dentro de todas las cosas, conoceréis todas las cosas y haréis todas las cosas. Entonces, aquello que no procede de Mí jamás podrá confundiros.
“Pronuncio estas palabras ahora porque serán grabadas en las tablas de la tierra y en la memoria de sus hijos. En el lejano día del que hablo, uno de los hijos de Dios recibirá estas palabras mías y las dará para bendecir al mundo.
“En aquel tiempo, cuando hayáis recibido plenamente ‘Mi Presencia’ y permitáis que Ella actúe siempre en vuestra Vida y vuestro mundo, encontraréis que las células del cuerpo que ocupéis entonces se vuelven brillantes con ‘Mi Luz’, y comprenderéis que podéis continuar hacia ese ‘Cuerpo Eterno de Luz’, la Túnica sin Costuras de Cristo. Entonces, y sólo entonces, quedaréis libres de la rueda del renacimiento. Habiendo recorrido vuestro largo viaje a través de la experiencia humana y cumplido la Ley de Causa y Efecto, trascenderéis todas las condiciones gobernadas por la Ley y vosotros mismos os habréis convertido en ‘La Ley’, Todo Amor, ‘El Uno’.”
“Tal es el Cuerpo de Cristo Eterno y Ascendido”, dijo Saint Germain, volviéndose hacia mí, “en el cual uno puede empuñar el Cetro del Dominio y ser Libre. Hijo mío, incluso ahora puedes ascender a ‘la Luz del Uno’, pues la Luz está en tu mente, la Luz está en tu corazón y, si permaneces firmemente en Ella, puedes y habrás de elevar tu cuerpo físico de limitación a tu ‘Cuerpo Puro y Eterno de Luz’, para siempre joven y libre, trascendiendo tiempo, lugar y espacio.
“Tu Yo Glorioso permanece siempre esperándote. Entra en Su Luz y recibe Paz Eterna y descanso en acción. Él no necesita preparación. Él posee Todo Poder. Entra plenamente en el abrazo de tu ‘Yo de Luz’ y, en ese mismo instante, incluso hoy, tu cuerpo actual puede Ascender.”
Cuando terminó de hablar, las imágenes cesaron. Avanzamos un poco más y nos detuvimos en un lugar donde había una gran piedra plana sobre el suelo. Cuando Saint Germain enfocó su Poder sobre ella, la piedra se elevó de la tierra y se apartó, dejando al descubierto una abertura con escalones que descendían. Bajamos unos doce metros y llegamos a una puerta sellada. Pasó rápidamente la mano sobre ella, rompiendo el sello y revelando ciertos jeroglíficos. “Centra tu atención en esta escritura”, me indicó.
Lo hice y vi que las palabras: “Templo Viviente de Dios para el Hombre”, resaltaban claramente sobre la puerta ante mí. Allí, frente a mí, estaba la puerta física que acabábamos de ver poco antes en las imágenes vivientes.
La puerta se abrió y entramos en una sala situada bajo una de las pequeñas cúpulas construidas en cada esquina. Había allí gran cantidad de cajas metálicas de unos sesenta centímetros de largo, treinta y cinco de ancho y quince de profundidad. Saint Germain abrió una y vi que contenían láminas de oro sobre las que se habían escrito con un estilete los registros de aquella civilización.
Comprendí que debía de haber salas selladas y conservadas bajo cada una de las cuatro pequeñas cúpulas, y que la gran cúpula central había sido construida sobre la “Esfera de Luz”. Encontramos un pasadizo secreto que conectaba las cuatro pequeñas salas, pasamos a la segunda y vimos los recipientes llenos de joyas pertenecientes al templo.
La tercera sala contenía ornamentos de oro y joyas, la silla del trono y otras sillas de oro. La silla del trono era un sorprendente ejemplo del magnífico trabajo del orfebre. El respaldo formaba una concha que hacía de dosel sobre la cabeza del gobernante y, desde sus lados, colgaban cortinajes dorados hechos de diminutos eslabones de oro, cada uno formando una figura de ocho. Estos estaban recogidos contra la silla, creando un efecto delicado y extraordinariamente elegante.
En el centro de la sala había una mesa de unos cuatro metros veinte de largo por un metro veinte de ancho, hecha de jade auténtico y apoyada sobre un pedestal de bronce dorado. Cerca de ella había catorce sillas de jade cuyas patas estaban rematadas en oro, con asientos curvos y respaldos bellamente tallados. En la parte superior del respaldo de cada silla, como si montara guardia, reposaba un hermoso fénix de oro, con los ojos engastados en diamantes amarillos. Este diseño simbolizaba la inmortalidad del Alma y el Ser Divino Perfeccionado en que se convierte cada individuo al elevarse, a través del fuego del sufrimiento, desde las cenizas de su creación humana.
La cuarta sala contenía siete tipos diferentes de cajas de Poder, como yo las llamaba, que recibían y transmitían la Fuerza atraída de lo Universal para la iluminación, la calefacción y la fuerza motriz. Los registros mostraban que estas personas estaban en contacto con todas las partes del mundo mediante maravillosas aeronaves. A esta civilización siguió otra conocida como Pirua y, después de ella, la inca, ambas extendiéndose durante períodos de miles de años.
Poco antes de que la ciudad que acabamos de describir quedara enterrada, alcanzó la cima de su gloria y el Gran Maestro Cósmico que había atraído la Luz mediante la cual se había desarrollado y sostenido apareció por última vez ante aquel imperio. Vino a advertir del desastre inminente y habría salvado a sus habitantes si éstos le hubieran prestado atención.
Predijo el cataclismo que, antes de que transcurrieran cinco años, barrería el imperio hasta hacerlo desaparecer, y anunció que aquella sería su última aparición entre ellos. A quienes deseaban salvarse se les instruyó para abandonar aquella parte del país y se les indicó adónde dirigirse, con la advertencia de que la actividad final sería repentina y completa.
Cuando terminó la profecía, su cuerpo desapareció rápidamente de la vista y, para consternación del pueblo, el pedestal y el globo de cristal que sostenía la Luz Eterna desaparecieron con él. Durante un tiempo, la población quedó perturbada por la predicción de los acontecimientos que afectarían al imperio, pero, después de transcurrir un año sin que nada sucediera, el recuerdo de Su Presencia comenzó a debilitarse y la duda fue penetrando respecto al cumplimiento de su Decreto.
El emperador y aquellos más avanzados en crecimiento espiritual abandonaron el reino y llegaron a cierto lugar en la parte occidental de los Estados Unidos, donde permanecieron a salvo hasta que se produjo el cambio.
La gran masa del pueblo que permaneció allí se volvió cada vez más escéptica y, al cabo de dos años, uno de ellos, más agresivo que los demás, intentó proclamarse emperador. Cuando el verdadero emperador había abandonado el reino, selló tanto el palacio como el templo en el que se había mantenido la “Luz”. El aspirante a emperador intentó forzar la entrada al templo sellado y cayó sin vida ante su puerta.
Cerca del final del quinto año, al mediodía del día fatídico, el sol se oscureció y un terror espantoso llenó la propia atmósfera. Al ponerse el sol, terribles terremotos sacudieron la tierra y redujeron los edificios a un caos inimaginable.
La tierra que hoy es Sudamérica perdió su equilibrio y se inclinó hacia el este, sumergiendo toda la costa oriental unos cuarenta y nueve metros. Permaneció así durante varios años y luego recuperó gradualmente su posición hasta quedar a unos dieciocho metros de la posición original, donde permanece hoy.
Esa actividad provocó el ensanchamiento del Amazonas. Anteriormente, el río tenía unos veintinueve kilómetros de ancho, era más profundo que hoy y navegable de un extremo al otro. Fluía desde lo que hoy es el lago Titicaca, en Perú, hasta el océano Atlántico. En una época anterior se había construido un canal desde el Pacífico hasta el lago Titicaca y, al conectar éste con el Amazonas, formaba una vía navegable completa entre los dos océanos.
El nombre del continente en aquel tiempo era Meru, pues había recibido el nombre de un Gran Maestro Cósmico cuyo principal Foco de Actividad estaba y está en el lago Titicaca. El significado del nombre Amazonas es “destructor de barcos”, que ha llegado hasta nosotros a través de los siglos desde el período cataclísmico mencionado anteriormente.
La inclinación de todo el continente sudamericano explica muchas condiciones de su costa occidental que los geólogos y los hombres de ciencia no han podido explicar a partir de los datos científicos descubiertos hasta el momento presente.
Así, los grandes cataclismos de la Naturaleza corren el velo cósmico sobre civilizaciones de espléndidos Logros y sólo fragmentos de ellas salen a la luz a medida que el tiempo avanza hacia la Eternidad. Esta Verdad puede ser puesta en duda por el mundo exterior, pero los registros de aquella civilización, que ahora reposan en el Royal Teton, algún día constituirán su prueba, revelarán su existencia y los Logros de aquella antigua Edad.
Mientras se me mostraban estas tremendas actividades, me preguntaba por qué una civilización podía llegar a ser tan maravillosa, bella y perfecta en todos los aspectos, y luego desaparecer mediante las terribles actividades destructivas de un cataclismo. Saint Germain vio la pregunta en mi mente y ofreció la siguiente explicación:
“Verás”, dijo, “cuando un grupo de la humanidad tiene la fortuna de quedar bajo la instrucción y la Radiación de un Gran Maestro de Luz, como este Gran Ser Cósmico, recibe la oportunidad de ver cuál es el Plan de la Vida para la humanidad y la Perfección que debe hacer surgir y en la que debe vivir mediante su propio Esfuerzo Consciente. Sin embargo, por desgracia, y así ha ocurrido muchas veces a través de los siglos, el pueblo no intenta comprender la Vida, sino que se deja caer en un estado de letargo. No realiza el esfuerzo necesario para lograr estas cosas mediante el Poder de Dios dentro del individuo. Comienza a apoyarse en Aquel que proporciona la Radiación. El Poder Sustentador sólo se retira cuando el individuo deja de hacer Esfuerzo Consciente para comprender la Vida y trabajar voluntariamente en armoniosa cooperación con Ella.
“Rara vez comprenden que la mayor parte de sus Bendiciones son resultado del Poder Sustentador de Aquel que proporciona la Radiación. Si cierto grupo de almas ha sido instruido en el Camino de la Maestría y se le ha recordado, vida tras vida, su Derecho Divino de Nacimiento, llega la hora en que ya no se permite más asistencia. Entonces se retira la Radiación de los Maestros Ascendidos y aquellas almas se ven obligadas a enfrentarse al hecho de que el Poder que las sostenía y permitía sus Logros no procedía de su propio esfuerzo.
“Deben comprender que sólo pueden recibir aquello por lo que se realiza un esfuerzo. En una actividad semejante, las experiencias atravesadas los obligan a hacer la necesaria Aplicación Consciente de Sí y, cuando esto se logra, comienzan a expresarse la expansión y el Dominio Divino.
“No existe fracaso para quien continúa haciendo Esfuerzo Consciente de Sí para expresar el Dominio de lo Divino sobre lo humano, porque el fracaso sólo aparece cuando cesa el Esfuerzo Consciente de Sí. Toda experiencia por la que pasa el individuo existe con un único propósito: hacerle consciente de su ‘Fuente’. Debe aprender quién es, reconocerse como Creador y, como tal, Maestro de aquello que crea.
“En todas partes del Universo, siempre que se concede a un Ser el Poder de crear, la responsabilidad de crear coexiste con el Poder. Toda creación se realiza mediante Esfuerzo Consciente de Sí y, si el individuo sobre quien se ha conferido este Gran Don de Vida rehúsa asumir su responsabilidad y cumplir su deber, sus experiencias en la Vida lo aguijonearán mediante la desdicha hasta que lo haga; pues la humanidad nunca fue creada en una condición de limitación y no puede tener descanso hasta que la Perfección con la que fue dotada en el principio se exprese Plenamente. Perfección, Dominio, Uso Armonioso y Control de Toda Sustancia y Fuerza constituyen el ‘Camino de la Vida’, el Diseño Divino Original para la humanidad.
“Dios Dentro del individuo es esa Perfección y ese Dominio. Es esa ‘Presencia’ dentro del corazón de cada uno que es la Fuente de la Vida, la Dadora de toda cosa buena y perfecta. Cuando el individuo mira hacia su Fuente y la reconoce como la Efusión de Todo Bien, en ese mismo instante inicia automáticamente el flujo de Todas las cosas Buenas hacia él y su mundo, porque su atención a su ‘Fuente’ es la Llave Dorada que abre toda cosa buena para él.
“La Vida en cada persona es Dios y sólo mediante el Esfuerzo Consciente de Sí para comprender la Vida y expresar a través de uno mismo la plenitud del Bien puede cesar la discordia de la experiencia exterior. La Vida, el Individuo y la Ley son ‘Uno’, y así es por toda la Eternidad.
“Ven”, continuó, “iremos a una ciudad enterrada cerca del río Juruá.”
Viajamos hacia el oeste y pronto llegamos a una ligera elevación. Saint Germain extendió la mano y volvió a revivificar los Registros Etéricos de aquel pueblo. El lugar que observamos era la segunda ciudad en importancia del imperio. Aquella de la que acabábamos de venir era el Foco del Poder y la Actividad Espirituales, mientras que la segunda, que ahora íbamos a ver, era la sede de las operaciones comerciales y gubernamentales relacionadas con el bienestar físico de la población. Allí estaban situados el tesoro nacional, la casa de moneda y las actividades gubernamentales, experimentales e inventivas.
No muy lejos de esta ciudad se elevaban los Poderosos Andes, fuente de la inmensa riqueza mineral del imperio. Observé algo entre aquellas personas que me pareció extraordinario. Todos estaban completamente en Paz y plenamente satisfechos. Expresaban un Ritmo sereno y exquisito al moverse. Las imágenes terminaron y nos dirigimos al único lugar rocoso visible.
Saint Germain tocó una de las rocas. Se apartó y vimos un tramo de veinte escalones metálicos que descendía. Los bajamos y llegamos a una puerta metálica. La atravesamos, descendimos otros veinte escalones y nos encontramos ante una enorme puerta de bronce sellada. Él extendió la mano hacia la derecha y abrió un compartimento cuadrado sellado en el que había topes metálicos semejantes a los de un órgano. Presionó dos de ellos, la gran masa se abrió lentamente y nos encontramos en una sala inmensa, con todo exactamente como había estado en aquel tiempo remoto. Había sido utilizada como sala de exposición de inventos a la que tenía acceso el público. Todos los accesorios estaban hechos de metal combinado con lo que parecía vidrio opalescente.
“Esto”, dijo Saint Germain, “fue hecho mediante un proceso de fusión que combinaba ciertos metales con vidrio de tal manera que hacía el metal tan resistente como el acero e Imperecedero. Un hombre de la época actual estuvo muy cerca de descubrir el mismo proceso, pues tenía todos los elementos excepto uno, y éste lo habría hecho imperecedero.”
Toda la sala estaba revestida del mismo metal peculiar y de ella partían tres enormes puertas. Saint Germain fue hasta una caja de topes, presionó tres de ellos y todas las puertas se abrieron a la vez. Entramos por la primera y encontramos un pasaje largo y estrecho, más parecido a una cámara acorazada que a una sala. Estaba revestido de recipientes llenos de discos de oro aproximadamente del tamaño de un dólar de plata, estampados con la cabeza del emperador y una inscripción que decía: “La Bendición de Dios al Hombre”.
Al entrar por la segunda puerta encontramos recipientes semejantes llenos de joyas sin tallar de toda clase. En la tercera sala, los recipientes eran planos y contenían finas láminas de oro sobre las que estaban escritas las fórmulas y procesos secretos utilizados en aquel período.
“Entre éstos”, dijo Saint Germain, “hay muchas fórmulas y procesos que no fueron utilizados en aquel antiguo tiempo. Serán dados para el uso de la época presente.”
Regresó a la caja de topes y presionó otro. Se abrió una cuarta puerta que yo no había advertido antes. Daba a un túnel o pasadizo abovedado que conectaba el tesoro con la casa de moneda. Debía de tener al menos unos cuatrocientos metros de longitud y, en su extremo más alejado, entramos en una sala enorme.
Era la parte principal de la casa de moneda y estaba llena de un laberinto de maquinaria de la más maravillosa construcción. Entre muchas cosas vi máquinas utilizadas para acuñar el oro y para cortar y pulir las joyas. Su funcionamiento era tan perfecto que resultaban fascinantes. Allí Saint Germain me mostró una muestra de vidrio maleable, claro como el cristal.
En esa sala había enormes cantidades de pepitas de oro nativo, polvo de oro y lingotes de oro que pesaban entre tres kilos y medio y cuatro kilos y medio cada uno. Me quedé sin palabras ante una cantidad tan asombrosa de riqueza reunida en un solo lugar, y Saint Germain, sabiendo cómo me sentía, observó:
“Es absolutamente imposible liberar para la masa de la humanidad cantidades de riqueza tan grandes como las que ves ante ti, porque el egoísmo que existe actualmente en el mundo comercial hace que permitir a la humanidad desperdiciar aún más los Dones de la Naturaleza sea el colmo de la insensatez.
“Dios y la Naturaleza derraman generosamente sus riquezas sobre la tierra para uso y Bendición de las Almas que encarnan aquí, pero el egoísmo y la sed de Poder en los sentimientos de la humanidad hacen que olviden el Camino Superior de la Vida y producen la inhumanidad del hombre hacia el hombre.
“Los pocos que llegan a controlar a la masa deberían poseer la Inteligencia suficiente para saber que aquello que ayuda a la masa es lo que más ayuda al individuo; pero, si rehúsan reconocer esta ‘Ley’, sobreviene la autodestrucción provocada por su propio egoísmo. El egoísmo y el sentimiento de Poder para controlar a otros ciegan la razón y entorpecen la percepción de la mente exterior respecto de sus propios peligros, y tales individuos se precipitan hacia la ruina en todos los casos: ruina espiritual, mental, moral y física, que muchas veces se extiende hasta la tercera y cuarta encarnación siguientes. Sólo la Luz puede elevar al individuo por encima del egoísmo.
“Sólo cuando la humanidad se eleve fuera del fango de su propio egoísmo y de la concupiscencia en todas sus formas podrán confiarse a los seres humanos todas las cosas que Dios y la Naturaleza mantienen preparadas para su Uso Correcto; pero cualquier individuo, a medida que se limpia de su propio egoísmo y concupiscencia, puede disfrutar del uso más pleno de todas estas riquezas cuando las utilice armoniosamente y para la Bendición de los demás. Los individuos pueden prepararse para ser custodios de estos Dones, pues en la Edad que ya ha comenzado sólo aquellos que se hayan hecho dignos de ser Guardianes y Dispensadores de Confianza de este tesoro tendrán uso ilimitado de la riqueza. Dios y la Naturaleza proporcionan estos Dones para que el hombre los utilice correctamente, y el Uso Correcto es la única condición bajo la cual pueden recibirse.” Saint Germain cruzó las manos sobre el pecho y continuó:
“¡Dios Poderoso! Entra tan firmemente en los corazones de Tus hijos que ellos quieran Sólo a Ti; entonces ninguno carecerá de ninguno de Tus Grandes Dones.”
Selló todo tal como lo habíamos encontrado y regresamos a mi cuerpo, al que volví a entrar rápidamente.
Volvió a darme la copa de cristal llena de Sustancia Viviente y dijo:
“Mi amado hijo, serás un ayudante muy valioso, y que Dios te bendiga siempre.” Con esa Bendición, se inclinó y desapareció.
CAPÍTULO VII
El Valle Secreto
UNA mañana, algún tiempo después, recibí por correo una extraña carta en la que se me pedía acudir a cierta dirección en Tucson, Arizona. Daba a entender que la información que debía proporcionárseme era de tal naturaleza que sólo podía explicarse personalmente. Consideré la forma extraordinaria en que me había llegado la petición y, sin embargo, sentí un Deseo Interior de responder al llamado.
Al cabo de unos días, fui a la dirección indicada, llamé al timbre y, un instante después, abrió la puerta un caballero alto y delgado, de unos cuarenta años, con cabello gris acero y ojos grises, que mediría aproximadamente un metro ochenta y cinco.
Me presenté y me saludó con un apretón de manos cordial y sincero que revelaba inequívocamente una naturaleza absolutamente recta y digna de confianza. Sus ojos eran firmes y sin temor, y daba la impresión de poseer una gran reserva de energía.
Sentí a su alrededor una Armonía Interior poco común y supe que aquello sólo podía significar el comienzo de una amistad profunda y maravillosa. Él también parecía consciente de algo Interior que hacía que cada uno se sintiera atraído hacia el otro. Me invitó a entrar y a sentarme.
«Está usted aquí», comenzó, «a petición mía, y se lo agradezco profundamente, por extraño que esto haya debido parecerle. Su dirección me fue dada por alguien de quien hablaré más adelante. Como explicación, debo decirle que he hecho unos descubrimientos muy notables que tendré que pedirle que acepte por fe hasta que pueda llevarlo conmigo y demostrarle su verdad y realidad.
«Se me aconsejó ponerme personalmente en contacto directo con usted, como la única persona a quien esto debía revelarse y con quien me concierne tratar. Para empezar, tendré que remontarme a cosas que ocurrieron hace veinte años.
«En aquel tiempo tenía una hermosa esposa. Ahora sé que poseía un gran desarrollo Interior, aunque entonces yo no era consciente de ello. Tuvimos un hijo al que ambos adorábamos. Durante cinco años nuestra felicidad fue completa. De repente, sin aviso ni razón aparente, el niño desapareció.
«Durante muchas semanas buscamos y buscamos, e hicimos todo lo humanamente posible por encontrarlo, pero fue inútil. Finalmente perdimos toda esperanza. Su madre nunca se recuperó del golpe y cinco meses después falleció.
«Durante los últimos días de su vida había hecho una extraña petición: que su cuerpo permaneciera en el panteón durante siete días después de su fallecimiento y que luego fuera incinerado. Me pareció bastante peculiar, pues nunca habíamos hablado de nada relacionado con este asunto. Sin embargo, cumplí sus deseos. Imagine mi sorpresa cuando, cinco días después del funeral, recibí una llamada del encargado del cementerio diciendo que aquella mañana había encontrado abierto el panteón y que el cuerpo había desaparecido. Nunca se descubrió ninguna pista que explicara aquel extraño suceso.
«Dieciséis años después, una mañana desperté y encontré en el suelo de mi habitación una carta dirigida a mí, pero sin matasellos. La recogí, la abrí y leí su contenido, que me dejó perplejo e incrédulo. Decía:
‘Tu esposa y tu hijo están vivos, sanos y fuertes. Pronto los verás. Ten paciencia hasta entonces. Alégrate de saber que no existe la muerte. En el momento señalado te llegarán de esta misma manera unas instrucciones que deberás seguir implícitamente. Todo depende de tu silencio absoluto. Verás y recibirás una explicación completa de todo lo que te ha parecido tan misterioso. Entonces comprenderás por qué la Verdad es mucho más extraña y maravillosa que la ficción, pues incluso la ficción más extraordinaria no es sino el registro de una Verdad que existe en algún lugar del Universo.
‘Firmado,
‘Un Amigo’
«Amigo mío, puede imaginar mi asombro. Al principio no creí una sola palabra. La tercera noche después de aquello, estaba sentado frente al fuego de la chimenea cuando oí la voz de mi amada esposa tan clara y distinta como si estuviera en la habitación a mi lado, diciendo:
‘¡Robert, amado mío! Estoy viva y bien, y nuestro hijo está conmigo. Seremos muy felices cuando vuelvas a estar con nosotros. No desconfíes del mensaje. Todo es verdad. Serás conducido hasta nosotros si no permites que la duda cierre la puerta. Te hablo a través del Rayo de Sonido, que un día aprenderás a utilizar.’
Ya no pude soportar la tensión y dije:
«Muéstrate y creeré.» Instantáneamente la voz respondió:
‘Espera un momento.’ Unos tres minutos después, un Brillante Rayo de Luz Dorada entró en la habitación formando un túnel, al otro extremo del cual se encontraba mi hermosa esposa. Era ella, sin lugar a dudas.
‘Amado’, dijo, ‘durante años se han producido aparentes milagros en medio de tu Vida, pero como tu atención no había sido dirigida en la dirección correcta, hemos tenido que esperar hasta ahora. Confía en el mensaje que te llegará. Entonces vendrás hasta nosotros y te aseguro que se abrirá un mundo nuevo. Para nuestro gran Amor no existe barrera alguna.’
«Instantáneamente, el Rayo de Luz desapareció y con Él la voz. Mi alegría no tuvo límites. Ya no podía dudar. Sentí una relajación, una paz y un descanso que no había conocido durante años. Luego llegaron semanas de espera que ahora sé fueron una preparación que se realizaba dentro de mí. Por fin llegó el mensaje que tanto anhelaba, acompañado de un plano y de instrucciones que debía seguir.
«Vi que aquello me conduciría a las altas montañas al sudeste de Tucson, Arizona. Me preparé para partir inmediatamente, diciendo a mis amigos que iba a hacer un poco de prospección. Llevé un caballo y un animal de carga, y no tuve grandes incomodidades ni dificultad alguna para seguir las indicaciones recibidas. Si hubiera podido ir en línea recta, habría recorrido fácilmente la distancia en dos días.
«Poco antes de la puesta del sol del tercer día llegué a un cañón cerrado y habría pasado junto a él sin advertirlo de no haber sido por el plano. Acababa de montar el campamento cuando oscureció. Me envolví en mis mantas y pronto me quedé dormido, soñando con enorme viveza que despertaba por la mañana y veía a un joven de pie cerca, mirándome.
«Cuando desperté de verdad, para mi asombro allí estaba el joven en persona, mirándome atentamente. Me saludó con una hermosa sonrisa y dijo:
‘Amigo mío, se espera que me siga.’ Advertí que había preparado mis cosas y, volviéndose sin más explicación, me condujo hacia el fondo del cañón. Después de aproximadamente una hora nos detuvimos ante una pared rocosa que parecía cerrar por completo el camino.
«Se volvió, puso las manos sobre la roca y presionó. Una sección de la pared, quizá de tres por tres metros y medio, se hundió unos treinta centímetros y luego se deslizó hacia un lado. Entramos en un túnel que siglos atrás debió de ser el cauce de una corriente subterránea. Mi compañero cerró la entrada tras nosotros y, cuando nos volvimos para avanzar, una suave Radiación se extendió por todas partes, de modo que podíamos ver con bastante claridad. Me asombraba todo cuanto veía, pero recordé la advertencia recibida en mi instrucción: ‘guardar silencio’.
«Continuamos por el túnel durante más de una hora y finalmente llegamos a una enorme puerta metálica. Se abrió lentamente al toque de mi compañero. Él se apartó y esperó a que yo pasara. Salí a la brillante luz del sol, casi sin aliento de placer ante la belleza de la escena. Delante de nosotros se extendía un valle de incomparable hermosura, de unas cuarenta hectáreas.
‘Amigo mío’, dijo el joven, ‘has regresado a casa después de una larga ausencia; pronto comprenderás todo esto.’ Luego me condujo hacia un hermoso edificio situado cerca del pie de un abrupto acantilado, en el extremo superior del valle. Al acercarnos, pude ver gran abundancia de frutas y verduras de muchas clases, entre ellas naranjas, dátiles, nueces y nueces pecanas. Una hermosa cascada caía por el acantilado formando un estanque límpido en su base. El edificio era macizo y parecía llevar allí siglos.
«Casi habíamos llegado cuando apareció en la entrada una hermosa mujer vestida de blanco. Nos acercamos y mi amada esposa estaba ante nosotros, más hermosa que nunca. Un instante después la tenía entre mis brazos y, después de toda la agonía que había atravesado durante aquellos años, casi era más de lo que podía soportar. Se volvió, rodeó con el brazo al joven que me había conducido y dijo:
‘Robert, éste es nuestro hijo.’
‘¡Hijo!’ fue todo lo que pude decir, tan cerca estaba de verme vencido por la emoción.
«Él avanzó, nos rodeó a ambos con sus brazos y los tres permanecimos allí un momento, en el más profundo Amor y Gratitud, felices una vez más. De repente comprendí que habían transcurrido dieciséis años desde su desaparición y que ahora debía de tener veintiuno. Respondió a mi pensamiento diciendo:
‘Sí, Padre, tengo veintiún años. Mañana es mi cumpleaños.’
‘¿Cómo puedes leer mi pensamiento con tanta facilidad?’, pregunté.
‘Oh, eso es algo muy corriente y fácil para nosotros. Es completamente natural cuando se comprende cómo hacerlo y, en realidad, muy sencillo’, respondió.
‘Ven’, continuó, ‘debes de tener hambre. Comamos algo.’ Con sus brazos alrededor de mí entramos en el antiguo edificio. El interior estaba acabado en mármol rosa y ónix blanco. Me condujeron a una hermosa habitación donde el sol de la mañana inundaba todo con su gloriosa Radiación. Me refresqué y encontré que habían preparado para mí un traje de franela blanca. Me lo probé y me quedaba perfectamente. Esto me sorprendió, pero de nuevo recordé la advertencia de ‘guardar silencio’. Bajé y me presentaron a un caballero de aspecto impresionante, aproximadamente de mi estatura, con grandes ojos oscuros y penetrantes.
‘Padre’, dijo mi hijo, ‘éste es nuestro Amado Maestro Eriel. Él fue quien salvó la vida de Madre y la mía, y nos ha entrenado durante todos estos años hasta que pudieras estar preparado para reunirte con nosotros aquí. Él fue quien te envió el mensaje y las instrucciones para venir, porque había llegado el momento de que comenzara tu entrenamiento definido.’
«Entramos en el comedor, que era magnífico, y no pude evitar expresar mi admiración. Estaba situado en la esquina sudeste del edificio, en la planta principal, e inundado de sol por la mañana y por la tarde. Las paredes eran de nogal profusamente tallado y el techo de vigas tenía entre ellas incrustaciones con motivos hexagonales. Una pieza maciza de nogal de al menos cinco centímetros de grosor, apoyada sobre un pedestal ricamente tallado, servía de mesa y parecía tener miles de años. Tomamos nuestros lugares a su alrededor y poco después entró un joven esbelto. Mi hijo lo presentó diciendo:
‘Éste es nuestro Hermano Fun Wey, a quien nuestro Maestro trajo de China cuando era un niño pequeño, en un momento en que estaban a punto de quitarle la Vida. Pertenece a una antiquísima familia china y es capaz de hacer muchas cosas maravillosas. Siempre ha deseado servirnos, y tenemos el privilegio y la alegría de llamarlo Hermano. Es una de las naturalezas más alegres que he conocido.’
«Entre las cosas del desayuno había deliciosas fresas y exquisitos pastelillos de dátiles y nueces. Pasamos al gran salón y el Maestro Eriel me dijo:
‘Cuando tu amada esposa, que es tu Rayo Gemelo, habría fallecido, vi una oportunidad de prestarle cierta asistencia que le permitiría alcanzar el Estado Ascendido y disponer así de una Libertad mucho mayor y una capacidad de servicio más amplia. Fue para mí un gran privilegio y una gran alegría prestar esa asistencia.
‘Abrí el ataúd, la restauré a la acción consciente y le permití elevar el cuerpo. Éste ya había alcanzado un alto grado de sutilización porque su deseo de la Luz era muy grande. Su intensa adoración y anhelo de la Luz hicieron posible su Ascensión. Se lo expliqué el día en que tú creíste que había fallecido.
‘Los tres fueron hijos míos en una encarnación de hace mucho tiempo. Entonces se generó un gran Amor que ha perdurado a través de los siglos. Su profundo Amor hizo posible la asistencia y la elevación que se han realizado en esta ocasión.
‘Tu hijo, que fue secuestrado con la intención de pedir rescate, fue traído a este cañón. Los dos responsables de su secuestro comenzaron a discutir, y uno planeó quitarle la Vida al niño.
‘Aparecí ante ellos y me lo llevé. Quedaron paralizados por su propio miedo y ninguno se recuperó jamás. Ambos fallecieron pocas semanas después. Si alguien quita deliberadamente la vida de otro ser humano o determina mentalmente hacerlo, pone en movimiento una causa que con toda seguridad le quitará la suya.
‘Un sentimiento o deseo de que otra persona muera produce lo mismo, pues sale hacia esa persona y luego comienza su viaje de regreso hacia quien lo envió. Muchas veces los individuos permiten que el resentimiento ante la injusticia estalle con el intenso sentimiento de librar al mundo de determinada persona. Ésta es una forma sutil del pensamiento de muerte, y necesariamente debe regresar a quien lo envía.
‘Muchísimas personas provocan su propia disolución mediante esta actividad tan sutil del yo humano, pues nadie escapa jamás a esta Ley Inmutable. Hay muchas fases de Su reacción y, debido a que la humanidad se entrega a tales pensamientos y sentimientos, la raza en conjunto ha estado experimentando la disolución de cuerpo tras cuerpo.
‘El número de seres humanos que dejan el cuerpo por violencia física es infinitesimal comparado con las muertes provocadas por estas actividades sutiles del pensamiento, el sentimiento y la palabra hablada. Durante miles de años la raza humana se ha estado matando a sí misma de esta manera sutil porque no quiere aprender la Ley de la Vida ni obedecerla.
‘Sólo existe Una Ley de la Vida, y es el Amor. El individuo pensante y Consciente de Sí que no quiera o no obedezca ese Decreto Eterno y Benéfico no puede ni podrá conservar el cuerpo físico, porque todo lo que no es Amor disuelve la forma; y no importa si se trata de pensamiento, palabra, sentimiento o acción —intencional o no—, la Ley actúa sin excepción. Pensamientos, sentimientos, palabras y acciones son, cada uno, una cantidad de fuerza actuante y se mueven eternamente en una órbita propia.
‘Si el hombre supiera que nunca deja de crear ni siquiera por un instante, comprendería que, mediante la Presencia de Dios dentro de sí, puede purificar sus creaciones erróneas y quedar así libre de sus propias limitaciones.
‘Teje a su alrededor un capullo de discordia humana y se duerme dentro de él, olvidando al menos por un tiempo que, si puede construirlo, también puede atravesarlo. Mediante las Alas de su Alma —Adoración y Determinación— puede atravesar las tinieblas creadas por él mismo. Entonces vuelve a vivir en el Centro de su Ser, en la Luz y la Libertad de su Yo Divino.
‘Sin embargo, en tu caso y el de tu amada familia —o debería decir mi amada familia—, la nube que parecía contener tanto dolor se ha vuelto ahora del revés y revela su glorioso borde dorado. Han entrado ya en el Radiante Esplendor de la Luz, del que nunca volverán a retroceder.
‘En la mayoría de los casos, si los seres humanos supieran las cosas maravillosas que a veces se preparan para ellos, impedirían inconscientemente la llegada de ese bien mayor. Has sido invitado aquí no sólo para reunirte con tus seres queridos, sino para recibir instrucción definida sobre la existencia, el uso y la dirección del Magno Poder de Dios latente dentro de ti. Cuando comprendas cómo liberarlo y controlarlo, todo será posible para ti.
‘Tus seres queridos utilizaron los Rayos de Luz y Sonido para comunicarse contigo. Este conocimiento y su Poder te serán explicados y tú también serás capacitado para utilizarlos, conscientemente y a voluntad. Sientes profundamente, y cuando esa característica sea gobernada conscientemente llegará una conciencia del Magno Poder de Dios que está siempre dispuesto a ser liberado en cualquier instante.
‘Permanecerás aquí seis semanas recibiendo entrenamiento y luego regresarás al mundo exterior para utilizar la comprensión que hayas recibido. Vuelve cuando quieras, pues ahora eres uno de los nuestros.’
«Nunca podré expresar con palabras lo que aquellas seis semanas significaron para mí. Me asombró tomar conciencia de mi propia capacidad para utilizar la instrucción y la aplicación de semejante Sabiduría. Pronto empecé a adquirir una confianza en mí mismo que hacía que todo resultara mucho más fácil. Lo que al ser humano le parece tan misterioso e insólito, descubrí que era natural y normal para esta Estupenda Presencia Interior.
«Tuve que comprender que era verdaderamente el Hijo de Dios. Como Hijo de la Fuente de todo Bien, la Ilimitada Energía-Sabiduría obedecía mi dirección consciente y, cuando yo la dirigía como lo hace un Maestro, producía resultados instantáneamente. A medida que ganaba confianza en mi propia capacidad para utilizar la Gran Ley, el cumplimiento se volvía naturalmente cada vez más rápido. Todavía me maravilla la Fuente de Amor y Sabiduría que fluía incesantemente de este Gran Maestro. Lo amamos con una profunda devoción, mayor que cualquier Amor que pudiera existir entre padre e hijo, pues el Lazo de Amor formado por la entrega de Comprensión Espiritual es Eterno y mucho más profundo que cualquier Amor generado por la experiencia humana, por hermoso y fuerte que éste pueda ser. A menudo nos decía:
‘Si hacen de ustedes mismos una Fuente Eterna de Amor Divino, derramándolo en cada lugar adonde vaya su pensamiento, llegarán a ser un Imán tan poderoso para Todo Bien que tendrán que pedir ayuda para distribuirlo. La Paz y la Serenidad del Alma liberan un poder que obliga a la mente exterior a obedecer. Ese poder debe ser reclamado con autoridad. Nuestro hogar aquí, en el Valle Secreto, ha sido utilizado durante más de cuatro mil años.’
«Un día, después de dar un notable discurso sobre la Propiedad de Dios, me miró muy atentamente y sugirió que diéramos un paseo. Me condujo al lado opuesto del valle por donde habíamos entrado. Cerca de la pared sur, y paralela a ella de este a oeste, había una cresta que comenzaba a nivel del suelo, se elevaba hasta unos dos metros diez de altura, se extendía unos seiscientos metros y luego descendía de nuevo al suelo. Al acercarnos vi que era una veta de cuarzo blanco. El Maestro Eriel llegó hasta donde la veta tocaba el suelo y desprendió un trozo con el pie. Vi que era inmensamente rica en oro. Mi Amor humano por el oro intentó surgir, pero la Presencia Interior lo contuvo instantáneamente y, sonriendo, el Maestro comentó:
‘Eso está bien hecho. Ahora tengo trabajo que hacer en Europa y debo dejarte por el momento.’ Sonrió y desapareció instantáneamente. Era la primera vez que me mostraba el Pleno Dominio que poseía y las cosas que podía hacer de esa manera. Inmediatamente, mi hijo se hizo visible exactamente en el lugar donde Eriel había estado un instante antes y se echó a reír de mi sorpresa.
‘Madre y yo’, dijo, ‘podemos llevar nuestros cuerpos con nosotros adonde queramos de la misma manera. No te sorprendas. Es una Ley Natural y sólo parece extraño e insólito porque todavía no la utilizas. En realidad no es más extraordinario de lo que habría sido el teléfono para la gente de la Edad Media. Si hubieran conocido la Ley de su construcción, habrían podido utilizarlo entonces tan bien como nosotros en este siglo.’
«Desde aquella visita a mi familia en el Valle Secreto, he estado allí siete veces. La última vez, cuando regresé al mundo exterior, el Maestro me dio su dirección, y eso explica que le haya pedido venir aquí. Él extiende la invitación para que regrese conmigo.»
Mi anfitrión se dio cuenta de pronto de que llevaba varias horas hablando y pidió disculpas por haber puesto a prueba mi paciencia. Le dije que las experiencias eran tan fascinantes y yo había estado tan intensamente interesado que, para mí, el tiempo no había existido. Acepté y agradecí profundamente la invitación del Maestro Eriel para visitarlos, y se lo dije con franqueza. Un instante después entró en la habitación un joven alto.
«Permítame presentarle a nuestro Hermano Fun Wey», dijo mi anfitrión al presentarlo, y él respondió en el inglés más perfecto:
«Mi Hermano con el Corazón de Luz ha viajado lejos. Mi corazón salta de éxtasis y alegría. Mi alma siente su serenidad y Radiación.» Dirigiéndose directamente a mi anfitrión, continuó:
«Sabiendo que estaba ocupado, he venido para servirle.»
«Nos dará un gran placer compartir el pan con usted», dijo mi amigo volviéndose hacia mí, y juntos pasamos al comedor. Nuestra cena fue deliciosa y, al terminar, mi anfitrión reanudó su conversación, relatando muchas de sus experiencias personales con Eriel. Eran verdaderamente notables, si hablamos sólo desde el lado humano de nuestra conciencia; pero desde el punto de vista de nuestra Divinidad, todo era y es supremamente natural.
De repente, un Rayo de Luz, o más bien un Tubo de Luz, entró en la habitación y, por la conversación, supe que era el Rayo Gemelo de mi anfitrión quien hablaba. Un instante después el Rayo fue dirigido hacia mí y él dijo:
«Amada, permíteme presentarte al Hermano a quien nuestro Maestro Eriel me pidió que conociera.»
Vi a su Rayo Gemelo y la oí tan claramente como si estuviera de pie en la habitación a nuestro lado. Esta manera de comunicarse es una experiencia maravillosamente feliz, y es posible condensar la Luz hasta formar un tubo en el que puedan transmitirse el sonido y la visión. Era tan real como el haz de un reflector.
Mi anfitrión insistió en que considerara su casa como mía hasta el día de nuestra partida hacia las montañas. Partimos antes del amanecer del séptimo día después de nuestro encuentro, y fue una de las experiencias más memorables de mi Vida hasta entonces. Todo lo que me había contado resultó verdadero hasta el más mínimo detalle.
Nuestra llegada al Valle Secreto fue un acontecimiento de gran alegría, y nuestra felicidad fue inmensa. Conocí al Rayo Gemelo de mi anfitrión y a su hijo, y luego me mostraron el antiguo edificio donde tantos estudiantes habían recibido la verdadera comprensión de las Leyes del Ser y alcanzado su Libertad Eterna.
Fue una sensación maravillosa estar en el lugar donde el Gran Poder de Dios había sido focalizado durante tantos siglos y donde los Maestros Ascendidos habían establecido un Retiro para parte de su Obra. Estaba sentado contemplando las bendiciones que habían recibido los estudiantes privilegiados de llegar allí, cuando el Maestro Eriel se dirigió a mí:
«Hijo mío», comenzó, «te acercas a una maravillosa Liberación. Mantente firmemente en la aceptación continua de tu propia Presencia Maestra que mora en ti, y tendrás justa causa para un gran regocijo.» Extendió su mano derecha y el velo entre lo visible y lo invisible fue apartado.
«Quiero que veas», continuó, «como vemos nosotros, los que somos Ascendidos, la sublime y majestuosa Actividad de Nuestro Mundo. Aquí damos continuamente testimonio, como Hijos de Dios, porque ya no existe dentro de nosotros duda, temor ni imperfección.»
Siempre recordaré la alegría y el privilegio que fueron míos durante los días que pasé con aquellas maravillosas personas.
«Cada día», dijo Eriel, «serás testigo del uso de los Rayos de Luz y Sonido que aniquilan el tiempo y el espacio, y que la humanidad está destinada a utilizar en un futuro próximo tan naturalmente como hoy utiliza el teléfono. Ésta es una de las actividades más estupendas que el individuo puede aprender a dirigir. Un Rayo de Luz puede ser atraído y controlado de tal modo que se utilice como un lápiz para escribir sobre metal o en el cielo, y la escritura permanecerá visible tanto tiempo como lo desee quien lo dirige.
«Cuando el estudiante es lo bastante fuerte para mantenerse firme frente a las opiniones del mundo de la ignorancia, entonces está preparado para dar testimonio de las maravillas de las actividades individuales de Dios manifestadas por los Maestros Ascendidos.
«Hasta que pueda hacerlo, el poder de la sugestión y la Radiación de la duda de los demás lo perturbarán intermitentemente hasta tal punto que muchas veces abandonará la búsqueda de la Verdad. La interrupción del flujo constante de instrucción es discordia. La discordia es la cuña y el medio sutil por el cual la fuerza siniestra de esta tierra penetra en la actividad exterior de un estudiante que ha decidido encarar la Luz.
«Tal actividad es muy sutil porque es un sentimiento y se insinúa en uno antes de que sea realmente consciente de su existencia. Es persistente más allá de lo creíble y su crecimiento es tan insidioso que uno no comprende lo que ha ocurrido hasta que el momentum ya está en marcha.
«Este sentimiento comienza como una ligera duda. Una duda sólo necesita ser sentida dos o tres veces para convertirse en desconfianza. La desconfianza gira una o dos veces en el cuerpo emocional y se convierte en sospecha, y la sospecha es autodestrucción.
«Recuerda esto, hijo mío, cuando regreses de nuevo al mundo exterior, y descubrirás en ello una salvaguardia que te llevará a través de cada experiencia de la Vida manteniéndote intacto ante la discordia. Si alguien envía sospecha, será sospechado, pues cada uno tiene en su mundo exactamente aquello que pone en él, y este Decreto Eterno e Irrevocable existe en todo el Universo. Todos los impulsos de conciencia regresan al punto central que los envió; ni siquiera un átomo escapa.
«El verdadero estudiante de la Luz encara la Luz, La envía delante de sí, ve Su Luz Envolvente por dondequiera que se mueve y La adora constantemente. Se aparta de la duda, el temor, la sospecha y la ignorancia de la mente humana, y sólo conoce la Luz. Ella es Su Fuente, Su Verdadero Yo.»
Con estas palabras de despedida, Eriel se despidió de mí y yo regresé a la rutina diaria de mi vida exterior.
CAPÍTULO VIII
El Poder Omnipresente de Dios
AL día siguiente recibí una comunicación por la cual me vi comprometido en una actividad comercial que requirió todo mi tiempo y atención. La sola expectativa me produjo gran alegría, y me entregué a ella con mucho entusiasmo. Surgió una sensación refrescante y vivificadora, algo que nunca antes había conocido en mi experiencia de negocios.
En el curso de su desarrollo, entré en estrecho contacto personal con un hombre de carácter muy dominante. Toda su actitud en los negocios consistía en obtener lo que deseaba por la fuerza si la intriga fracasaba o encontraba oposición de cualquier clase.
Creía únicamente en el poder de su propio intelecto y de su voluntad humana, y no tenía conocimiento ni fe en ninguna otra cosa. Nunca vacilaba en aplastar o arruinar a personas o cosas que se interpusieran en el camino de su éxito, y utilizaba todos los medios para alcanzar sus propios fines egoístas.
Lo había conocido unos tres años antes de que ocurriera la experiencia siguiente y, en aquel tiempo, me había sentido casi impotente en su presencia, tan abrumador era el sentimiento de dominación que continuamente proyectaba. Sin embargo, a pesar de mi propia reacción hacia él, sabía que su control sobre los demás no era sino fuerza focalizada en la actividad exterior. Me sentí algo perturbado al comprender que tendría que relacionarme con él. Inmediatamente busqué una manera de tratar con él mediante la aplicación de la Ley Divina, cuando la Voz Interior me dijo claramente:
«¿Por qué no dejar que el Magno Dios Interior se haga cargo por completo y maneje esta situación? Ese Poder Interior no conoce dominación y es siempre invencible.»
Sentí una inmensa Gratitud y entregué completamente todo a Su dirección. Me reuní con este hombre y otros dos, y acepté acompañarlos para inspeccionar una propiedad minera en un estado lejano. Sentía que era muy valiosa. La propietaria era una señora de edad avanzada cuyo buen esposo había fallecido a causa de un accidente en la mina algunos meses antes.
Él había dejado los asuntos en una situación precaria, y nuestro amigo dominante había decidido comprar la mina al precio que él mismo fijara, que no era honesto. Después de un largo viaje en automóvil llegamos a nuestro destino alrededor de las dos de la tarde del segundo día. Conocimos a la propietaria, de quien comprendí que era un alma bendita, sincera y honorable.
Allí mismo tomé la firme decisión de que recibiría un trato justo y el valor completo de la propiedad. Nos invitó a un agradable almuerzo y después procedimos a examinar la mina. Recorrimos las labores, túneles, galerías, pozos y tajos. Cuanto más observaba, más seguro estaba de que algo no estaba bien. La propia atmósfera parecía decírmelo.
Estaba seguro de que se había descubierto un rico filón que no había sido comunicado a la propietaria. De algún modo sabía que el comprador había colocado secretamente a uno de los obreros para vigilar cualquier descubrimiento de ese tipo y que, durante las semanas de vigilancia, había ganado la confianza del superintendente. En el fondo comprendía que el superintendente era un buen hombre, aunque no estaba despierto, espiritualmente hablando.
Mientras hablábamos con él, mi Yo Divino me reveló plenamente lo sucedido. Poco tiempo antes, mientras estos dos inspeccionaban los trabajos, habían llegado a un punto donde las voladuras habían abierto el frente de una galería que conducía directamente al corazón de la montaña. La explosión había descubierto una veta muy rica de cuarzo aurífero. El superintendente estaba a punto de apresurarse a salir para informárselo a la propietaria cuando el obrero espía comentó:
«¡Espere! Conozco al hombre que va a comprar esta mina. Si quiere conservar su puesto actual, no mencione ese filón. Me encargaré de que no sólo siga aquí como superintendente, sino de que haya cinco mil dólares para usted. De todos modos, la anciana recibirá suficiente para mantenerse.» El superintendente, temiendo perder su puesto, había aceptado.
Durante nuestro examen de la mina llegamos al final de la galería principal, y sentí intensamente que aquél era el lugar donde se había descubierto el rico filón. Lo habían ocultado hábilmente y disfrazado como una formación inestable en la que era peligroso trabajar. Eso era lo que habían informado a la mujer propietaria de la mina. Mientras estaba allí hablando con los demás, mi Visión Interior se abrió y vi todo lo que había ocurrido: el rico filón, su ocultamiento, la oferta al superintendente y su aceptación. Sentí Gratitud por ver confirmado mi presentimiento, pero sabía que debía esperar. Regresamos a la residencia de la propietaria y comenzaron las negociaciones. El comprador abrió el asunto diciendo:
«Señora Atherton, ¿cuánto pide por esta propiedad?»
«La valoro en doscientos cincuenta mil dólares», respondió con cortesía y suavidad.
«¡Absurdo!», gritó. «Absurdo, ridículo. No vale ni la mitad.» Continuó durante algunos momentos en ese tono, fanfarroneando como era su costumbre. Aquella táctica le había funcionado muchas veces y seguía aplicando su antiguo procedimiento. Discutió y vociferó, y terminó diciendo:
«Señora Atherton, está usted en una situación en la que tiene que vender. Seré generoso y le daré ciento cincuenta mil dólares.»
«Lo consideraré», respondió ella, tan intimidada por su actitud dominante y fanfarrona que comenzó a aceptar sus ideas y a ceder ante su arrogante insolencia. Él vio que vacilaba e inmediatamente empezó a ejercer una fuerte presión sobre toda la situación.
«No puedo esperar», prosiguió, «mi tiempo es valioso. Debe decidir ahora mismo o se acaba el trato.»
Sacó los documentos del bolsillo y los colocó sobre la mesa. La señora Atherton miró a su alrededor desamparada, y yo le hice una señal negativa con la cabeza, pero no me vio. El contrato estaba abierto y ella cruzó la habitación, tomó una silla junto a la mesa y se dispuso a firmar. Sabía que, si había de ser protegida, debía actuar de inmediato y, acercándome al lugar donde estaba sentada, me dirigí a nuestro dominante amigo.
«Un momento», dije, «usted pagará a esta querida señora lo que vale su mina o no la obtendrá.» Volvió su ira contra mí con varias invectivas muy mordaces e intentó utilizar las mismas tácticas de siempre.
«Me gustaría saber quién va a impedir que obtenga la mina a mi precio», replicó. Sentí que el Magno Poder de Dios Interior surgía como una avalancha, manteniéndome sin ser afectado por su tirada de vindictividad, y respondí:
«Dios se lo impedirá.»
Ante esa respuesta estalló en carcajadas. Continuó ruidosamente, con cinismo e insultos. Yo esperé con calma.
«¡Necio!», comenzó de nuevo en otra tirada de ira. «Usted parlotea acerca de Dios. Ni usted, ni Dios, ni nada puede detenerme. Obtengo lo que persigo y lo obtengo pase lo que pase. Nadie me ha detenido jamás.» Su arrogancia parecía no tener límite, y se revelaba, en mente y cuerpo, como víctima de sus emociones. Su razón era incapaz de funcionar, como ocurre siempre bajo cualquier sentimiento incontrolado; de lo contrario, le habría advertido que no llevara más lejos sus insultos.
Sentí nuevamente la expansión del Poder Divino. Esta vez se hizo cada vez más fuerte hasta que, con un tono semejante al de una trompeta, la Poderosa Voz Interior de mi Yo Divino reveló la Verdad de toda la transacción y del engaño en la mina.
«Señora Atherton», dije, «se ha cometido contra usted un grave engaño. Sus trabajadores descubrieron un rico filón. Este hombre tenía entre ellos un espía que ha sobornado a su superintendente para que guarde silencio al respecto.» El superintendente y los demás que estaban en la habitación palidecieron y quedaron sin habla mientras mi Yo Interior continuaba exponiendo su traición. El posible comprador parecía dispuesto a afrontar cualquier emergencia y, interrumpiéndome en su violenta ira, gritó:
«¡Miente! Le romperé la cabeza por entrometerse así.» Levantó su bastón de acero y, cuando alcé la mano para agarrarlo, una Flama Blanca salió repentinamente disparada y le dio de lleno en el rostro. Cayó al suelo como alcanzado por un rayo. Entonces Mi Poderoso Yo Divino habló de nuevo con toda la Autoridad de la Eternidad, majestuoso y poderoso:
«¡Que nadie en esta habitación se mueva hasta que se le dé permiso!» Mi yo exterior, que ya no era yo sino Dios en Acción, avanzó hasta donde yacía el hombre y prosiguió:
«¡Gran Alma dentro de este hombre, Te hablo! Demasiado tiempo has permanecido prisionera de su dominante yo personal. ¡Manifiéstate ahora! ¡Toma el mando de su mente y de su cuerpo! Corrige los muchos engaños que ha practicado en esta vida. Dentro de una hora, que esta poderosa creación humana exterior de discordia e injusticia que ha acumulado sea consumida, y que nunca más vuelva a engañar ni a dominar humanamente a otro de los hijos de Dios. Al yo exterior le digo: ¡Despierta! en Paz, Amor, Bondad, Generosidad y Buena Voluntad hacia todo lo que vive.»
Lentamente, el color comenzó a regresar al rostro del hombre y abrió los ojos con extraño desconcierto. Dios en mí, aún al mando, lo tomó suavemente de la mano y, pasando un brazo por debajo de su hombro, lo ayudó a sentarse en un amplio y cómodo sillón. De nuevo ordenó:
«¡Hermano mío! Mírame.» Cuando levantó los ojos hacia los míos, un temblor recorrió su cuerpo y, con voz apenas audible, dijo: «Sí, he visto. Comprendo lo equivocado que he estado. Que Dios me perdone.» Dejó caer la cabeza entre las manos y ocultó el rostro, silencioso y avergonzado. Las lágrimas comenzaron a caer entre sus dedos y lloró como un niño.
«Pagarás a esta querida señora un millón de dólares», continuó Mi Yo Divino, «y además le darás un diez por ciento de participación en la mina, pues en el filón recientemente descubierto hay por lo menos diez millones de dólares en mineral de oro.» Con profunda humildad y una extraña dulzura respondió:
«Que se haga ahora.» Pidió a sus hombres esta vez, en lugar de ordenarles como era su antigua costumbre, que redactaran los documentos según se había indicado. La señora Atherton y él firmaron, completando la transacción.
Me volví hacia los demás presentes y comprendí por la expresión de sus rostros que todos habían sido elevados en conciencia hasta ver más allá del velo humano. Cada uno dijo:
«Nunca más, con la ayuda de Dios, intentaré engañar ni hacer daño a mi prójimo.» Habían sido elevados hasta reconocer y aceptar plenamente el Yo Divino dentro de cada uno.
Era ya avanzada la tarde cuando ocurrió todo esto. La señora Atherton nos invitó cordialmente a permanecer como huéspedes durante la noche y a acompañarla a Phoenix por la mañana para registrar los documentos de la venta. Después de cenar aquella noche nos reunimos en el gran salón ante una amplia chimenea abierta. Todos buscaban sinceramente una mayor comprensión de las Grandes Leyes Cósmicas de la Vida.
Me preguntaron cómo había llegado a este tipo de conocimiento y les hablé del Maestro Saint Germain y de la manera en que lo había conocido. Relaté algunas de mis experiencias en el Monte Shasta y cómo, en el curso de nuestra conversación acerca de la Gran Ley Cósmica, él había dicho:
«Hijo mío, la Gran Ley Cósmica no hace distinciones, del mismo modo que no las hace la tabla de multiplicar si uno comete un error en su aplicación, ni la electricidad cuando alguien que ignora la Ley que gobierna su uso intenta dirigir su fuerza sin conocer cómo controlarla.
«Los Grandes Decretos Inmutables que mantienen eternamente el orden en el Reino Infinito de la Vida manifestada están todos basados en el Único Gran Principio de Creación: el AMOR. Ése es el Corazón, la Fuente de Todo y el propio Centro alrededor del cual tiene lugar la existencia en la forma.
«El Amor es Armonía, y sin Él al principio de una forma, esa forma no podría llegar a existir. El Amor es el Poder Cohesivo del Universo y, sin Él, un Universo no podría existir.
«En vuestro mundo científico, el Amor se expresa como la fuerza de atracción entre los electrones. Es la Inteligencia Directriz que los dispone en la forma mediante Su Voluntad, el Poder que los mantiene girando alrededor de un núcleo central y el Aliento dentro del núcleo que los atrae hacia él. Lo mismo ocurre con cada vórtice de fuerza en toda la Creación.
«Un núcleo central y los electrones que giran alrededor de él forman un átomo. Este núcleo de Amor es al átomo lo que el polo magnético es a la Tierra y lo que la columna vertebral es al cuerpo humano. Sin núcleo central o Centro del Corazón, sólo existe la Luz Universal informe: los electrones llenando el Infinito y girando alrededor del Gran Sol Central.
«El electrón es Espíritu Puro o Luz de Dios. Permanece eternamente Incontaminado y Perfecto. Es Eternamente Autosostenido, Indestructible, Autoluminoso e Inteligente. Si no fuera así, no podría ni querría obedecer la Ley, la Actividad Directriz del Amor. Es Energía-Luz Inmortal, Eternamente Pura e Inteligente, y la única Sustancia Real y Verdadera de la que está hecho todo en el Universo: la Esencia de Vida de Dios, Eternamente Perfecta.
«El espacio interestelar está lleno de esta Pura Esencia de Luz. No es oscuro ni caótico, como ha sido el concepto ignorante y limitado de los débiles intelectos humanos. Este Gran Mar de Luz Universal que existe en todas partes a través del Infinito es atraído constantemente hacia la forma y recibe una cualidad de una clase u otra, según la manera en que los electrones son mantenidos por el Amor alrededor de un punto o núcleo central.
«El número de electrones que se combinan entre sí en un átomo específico es el resultado de el pensamiento consciente y está determinado por ella. La velocidad a la que giran alrededor del núcleo central es el resultado del sentimiento y está determinada por él. La intensidad del movimiento de atracción y rotación dentro del núcleo central es el Aliento de Dios y, por lo tanto, la Actividad más concentrada del Amor Divino. En términos científicos se llamaría fuerza centrípeta. Éstos son los factores determinantes que constituyen la cualidad de un átomo.
«Así puedes ver que el átomo es una entidad, una cosa viva que respira, creada o traída a la existencia por el Aliento, el Amor de Dios, mediante la Voluntad de la Inteligencia Consciente de Sí. De esta manera, el Verbo se hace carne. El mecanismo que la Inteligencia Consciente de Sí utiliza para realizar esta manifestación de su Ser es el pensamiento y el sentimiento.
«El pensamiento destructivo y el sentimiento discordante reorganizan de tal modo la proporción y la velocidad de los electrones dentro del átomo que cambia la duración del Aliento de Dios dentro del polo. La duración del Aliento es decretada por la Voluntad de la Conciencia que utiliza ese tipo particular de átomo. Si esa Voluntad Directriz Consciente se retira, los electrones pierden su polaridad y se dispersan buscando inteligentemente, fíjate bien, el camino de regreso al Gran Sol Central para repolarizarse. Allí reciben únicamente Amor, el Aliento de Dios nunca termina y el Orden, la Primera Ley, se mantiene eternamente.
«Algunos científicos han afirmado y enseñado que los planetas chocan en el espacio. Tal cosa es imposible. Que ocurriera supondría arrojar al caos todo el Plan de Creación. Verdaderamente es muy afortunado que las Poderosas Leyes de Dios no estén limitadas por las opiniones de algunos de los hijos de la Tierra. No importa lo que piense cualquier científico, mundano o de otra clase; la Creación de Dios avanza eternamente y expresa cada vez más Perfección.
«El pensamiento constructivo y el sentimiento armonioso dentro de la mente y del cuerpo humanos son las actividades del Amor y del Orden. Permiten que la Proporción y la Velocidad Perfectas de los electrones dentro del átomo permanezcan constantes y, así, éstos permanecen polarizados en su punto particular del Universo mientras la duración del Aliento de Dios dentro de su núcleo sea mantenida estable por la Voluntad de la Inteligencia Directriz Consciente de Sí que utiliza el cuerpo en el que existen. De esta manera, la cualidad de Perfección y el mantenimiento de la Vida en un cuerpo humano están siempre bajo el control consciente de la Voluntad del individuo que lo ocupa. La Voluntad del individuo es suprema sobre su templo y, aun en casos de accidente, nadie abandona su cuerpo-templo hasta que lo decide. Muy a menudo, el dolor en el cuerpo, el temor, la incertidumbre y muchas otras cosas influyen sobre la personalidad para que cambie sus decisiones respecto de lo que había querido en el pasado, pero todo lo que le sucede al cuerpo está y estará siempre bajo el control del libre albedrío del individuo.
«Comprender la explicación anterior acerca del electrón y del control consciente que el individuo posee, mediante su pensamiento y sentimiento, para gobernar la estructura atómica de su propio cuerpo es comprender el Único Principio que gobierna la forma en todo el Infinito. Cuando el hombre haga el esfuerzo de demostrarse esto a sí mismo, o dentro de su propio cuerpo atómico de carne, entonces procederá a dominarse a sí mismo. Cuando lo haya hecho, todo lo demás en el Universo será su colaborador voluntario para realizar cuanto disponga mediante el Amor.
«Quien se hace voluntariamente obediente a la Ley del Amor mantiene permanentemente la Perfección en su mente y su mundo. A él, y sólo a él, pertenecen toda Autoridad y Maestría. Él solamente tiene derecho a gobernar porque primero ha aprendido a obedecer. Cuando haya obtenido obediencia de la estructura atómica dentro de su propia mente y cuerpo, toda estructura atómica fuera de su mente y cuerpo le obedecerá también.
«Así, mediante el pensamiento y el sentimiento, la humanidad tiene el poder —cada individuo dentro de sí mismo— de elevarse hasta lo más alto o hundirse hasta lo más bajo. Cada uno determina por sí solo su propio camino de experiencia. Mediante el control consciente de su atención respecto de lo que permite que su mente acepte, puede caminar y hablar con Dios, Cara a Cara, o, apartándose de Dios, llegar a ser inferior a los animales, hundiendo su conciencia humana en el olvido. En este último caso, la Flama Divina Interior se retira entonces de su morada humana. Después de eones de tiempo, vuelve a intentar un viaje humano al mundo de la materia física, hasta que la Victoria final se alcanza conscientemente y por su propio Libre Albedrío.»
Les hablé de las posibilidades ilimitadas que Saint Germain me había mostrado que estaban ante la humanidad para su logro siempre que estuviera dispuesta a aceptar la Gran Presencia de Dios dentro de cada individuo como el Poder Directriz y Realizador. El comprador de la mina me preguntó por qué utilizaba tan a menudo la palabra aceptación, y recordé las palabras que Saint Germain había usado al explicármelo, pues dijo:
«Incluso en la actividad exterior de vuestra Vida, si compráis una cosa o se os ofrece algo maravilloso y perfecto, si no lo aceptáis, os sería imposible utilizarlo o recibir su beneficio. Lo mismo ocurre con la Gran Presencia de Dios dentro de nosotros. A menos que aceptemos que nuestra Vida es Vida de Dios y que todo el Poder y la Energía que tenemos para hacer cualquier cosa son Poder de Dios y Energía de Dios, ¿cómo podemos tener Cualidades de Dios y Logro en nuestro mundo?
«Como Hijos de Dios, se nos ordena elegir a quién serviremos: a la Poderosa Presencia de Dios dentro de nosotros o al yo humano exterior. La satisfacción de los apetitos humanos exteriores y de las exigencias de los sentidos tiene uno y sólo un resultado: miseria y destrucción.
«Todo Deseo Constructivo es en realidad el Yo Divino Interior impulsando la Perfección hacia el uso y disfrute del yo exterior. La Gran Energía de Vida fluye constantemente a través de nosotros. Si La dirigimos hacia un Logro Constructivo, trae alegría y felicidad. Si se dirige hacia la satisfacción de los sentidos, no puede producir sino miseria, porque todo ello es la acción de la Ley, una Energía de Vida Impersonal.
«Mantengan ante la actividad exterior de su mente el recordatorio constante de que ustedes son Vida, Dios en Acción en ustedes y en su mundo. El yo personal reclama continuamente cosas y poder como propios, cuando la propia Energía por la cual existe le es prestada por el Yo Divino. La actividad humana personal exterior ni siquiera es dueña de su piel. Los propios átomos de su cuerpo le son prestados por la Suprema Presencia de Dios desde el Gran Mar de Sustancia Universal.
«Entrénense para devolver todo Poder y Autoridad a la Grande y Gloriosa Flama Divina, que es su Yo Real y la Fuente de la que siempre han recibido toda cosa buena.» Hablamos hasta las dos de la mañana y entonces tuve que sugerir que nos retiráramos. Nadie quería dormir, pero les dije:
«Dormirán en los brazos de Dios», y a la mañana siguiente se sorprendieron al comprobar lo rápidamente que se habían quedado dormidos.
Nos levantamos a las siete y partimos hacia Phoenix. Se completó el registro y expliqué que debía marcharme, pues por el momento mi trabajo con ellos había terminado. Todos estaban profundamente agradecidos y deseosos de saber más. Prometí mantenerme en contacto con ellos y prestar más ayuda según indicara el Maestro Saint Germain. Cuando me iba, el comprador de la mina se volvió hacia mí y dijo:
«No me importa lo que nadie piense de mí; quiero abrazarlo y agradecerle desde el fondo de mi corazón que me haya salvado de la ruina de mi yo exterior y me haya revelado la Gran Luz.» Incliné la cabeza con profunda humildad y respondí:
«Dé gracias a Dios. Yo no soy más que el canal. Sólo Dios es la Gran Presencia y el Poder que hace bien todas las cosas.» La señora Atherton se volvió hacia mí y expresó su sentimiento:
«Alabo y doy gracias al Dios en usted por la Poderosa Presencia Protectora, y jamás en mi Vida dejaré de agradecer a Dios y a usted por la Luz que esta experiencia nos ha traído a todos.»
«Estoy seguro de que todos nos volveremos a encontrar», respondí y, despidiéndome de todos, volví mi rostro una vez más hacia el Monte Shasta, llegando a mi alojamiento al anochecer del segundo día.
Dos semanas después sentí un fuerte impulso de hacer un viaje más a mi lugar de encuentro con el Maestro Saint Germain. Partí a las cuatro de la mañana y llegué al borde del espeso bosque hacia las nueve.
El grito lastimero de mi amiga la pantera llegó a mis oídos antes de haber dado veinte pasos dentro del bosque. Respondí rápidamente. En un instante vino saltando a mi lado con toda la alegría de una vieja amiga, y seguimos adelante hacia nuestro lugar de encuentro.
Advertí que la pantera estaba muy inquieta y se comportaba como si estuviera bajo alguna agitación interior. Esto era muy inusual, pues siempre había estado muy tranquila en mi presencia. Le di unas palmadas y acaricié su hermosa cabeza, pero no hizo diferencia alguna. Me senté y comimos.
«Vamos, vieja amiga», dije al terminar, «demos un paseo.» Me dirigió una mirada larga y fija, con la expresión más conmovedora que jamás había visto. No podía comprenderla.
Habíamos recorrido cierta distancia cuando llegamos a un acantilado de unos cuatro metros y medio de altura, en cuya parte superior sobresalía una roca. Algo me hizo mirar a la pantera. La expresión de sus ojos era salvaje y feroz. Percibí una especie de tensión en la atmósfera, pero no comprendí de qué se trataba. Avancé unos pasos más y sentí un escalofrío. Al levantar repentinamente la vista vi a un puma agazapado, dispuesto a saltar. Al instante siguiente se lanzó hacia mí. Me arrojé contra el acantilado y el puma cayó más allá del lugar donde yo había estado. Como un relámpago, la pantera saltó y ambos quedaron trabados en combate mortal.
Ninguna palabra puede describir el terror de la lucha que siguió. Chillaban, rodaban, se desgarraban y se arañaban mutuamente. El puma era considerablemente más pesado y durante un tiempo pareció que obtendría ventaja. Sin embargo, la pantera era la más rápida de los dos y finalmente consiguió apartarse. Hubo sólo un instante de pausa hasta que vio una oportunidad y entonces, de un salto, cayó sobre el lomo del puma y clavó los dientes justo detrás de sus orejas.
La presa de la pantera era como acero y, después de unos segundos de rodar y retorcerse, la resistencia del puma se debilitó. Finalmente cesó por completo. La pantera se acercó tambaleándose hacia mí, con el costado terriblemente desgarrado. Me miró, toda la fiereza había desaparecido de sus ojos y su energía se extinguía rápidamente. Una expresión de satisfacción pasó por su rostro y, de pronto, lanzando un grito lastimero, cayó muerta a mis pies.
Permanecí inmóvil y lloré en silencio por la pérdida de mi amiga, pues me había encariñado con ella casi tanto como con un compañero humano. Al instante siguiente levanté la vista y Saint Germain estaba de pie a mi lado.
«Mi Amado Hermano, no estés triste ni consternado», dijo. «Tu contacto con la pantera había acelerado tanto su conciencia que ya no podía permanecer en ese cuerpo, y la Gran Ley Cósmica exigía de ella algún servicio hacia ti. Lo prestó con Amor al salvarte la vida. Todo está verdaderamente bien.» Tocó mi frente con el pulgar de su mano derecha.
«Permanece en Paz», continuó, mientras el sentimiento de dolor me abandonaba y yo me sentía completamente aliviado. «La Gran Ley Cósmica es infalible. No podemos recibir sin dar y no podemos dar sin recibir. Así se mantiene el Gran Equilibrio de la Vida.
«Te felicito sinceramente por el servicio prestado en la mina y por tu serenidad durante el acontecimiento. Todos los relacionados con aquella transacción se convertirán en grandes ayudantes de la humanidad.
«Pronto serás llamado a prestar un servicio mucho mayor que cualquiera de los que has prestado hasta ahora. En él, recuerda siempre que son el Poder y la Inteligencia de Dios los que actúan, y que tu mente y tu cuerpo son sólo el canal. Hasta que llegue esa experiencia, medita constantemente sobre el Poder Ilimitado de Dios que puede expresarse a través de ti en cualquier momento.»
Le pregunté cuál era la actitud de los Maestros Ascendidos respecto de los muchos canales a través de los cuales se ofrece una Verdad parcial, y respondió:
«Hay muchos canales sinceros. Algunos poseen más comprensión que otros. Todos son hijos de Dios sirviendo lo mejor que pueden con la comprensión que tienen actualmente. No debemos juzgar a nadie, sino conocer y ver únicamente a Dios expresándose en todos. Nuestro empeño es bendecir toda actividad dondequiera que se encuentre. Vemos la Luz Interior irradiando a través de tales actividades y eso hace imposible que nos equivoquemos acerca de si están o no expresando la Verdad.
«Lo mismo ocurre con los individuos. Aquellos que ofrecen su servicio en el Nombre del Jesús Cristo Ascendido recibirán siempre un Poder sustentador mayor que el ordinario.» Habíamos caminado cierta distancia cuando dijo:
«Ven, te acompañaré a casa. Pasa el brazo alrededor de mi hombro.» Así lo hice y sentí que mi cuerpo se elevaba del suelo. Pocos instantes después estaba en mi habitación del alojamiento, con Saint Germain de pie a mi lado sonriendo ante mi sorpresa.
«Encuéntrame dentro de siete días», dijo, «en nuestro lugar señalado, pues entonces terminaremos nuestro trabajo en esta parte del país.» Sonrió, se inclinó graciosamente y lentamente se desvaneció de mi vista. Lo último que permaneció visible mientras desaparecía gradualmente fueron sus maravillosos y hermosos ojos, que me sonreían.
Mientras meditaba cada día sobre la Gran Presencia de Dios Interior para mi próximo servicio, comprendía cada vez más lo importante que es mantener la Atención focalizada únicamente sobre Esa Presencia, sin importar lo que las apariencias parezcan indicar, para impedir que cualquier condición exterior me afecte. En una de las conversaciones de Saint Germain, él había insistido particularmente en la importancia absoluta de mantener armonioso mi yo exterior y, respecto de esto, había dicho:
«Hijo mío, no puedes comprender cuán grande es la necesidad de armonía en el yo exterior si la plenitud de la Perfección Interior y del Poder Interior ha de expresarse en tu vida exterior. Nunca se puede insistir demasiado en la importancia de mantener un sentimiento de Paz, Amor y Serenidad en el yo personal, pues cuando esto se logra la Poderosa Presencia de Dios Interior puede actuar, sin límite, en un instante.
«El derramamiento continuo e incondicional de un sentimiento de Paz y Amor Divino hacia cada persona y cada cosa, sin importar si crees que lo merecen o no, es la Llave Mágica que abre la puerta y libera instantáneamente este tremendo Poder Divino Interior. Afortunado en verdad es quien ha aprendido esta Ley, pues entonces busca SER toda Paz y Amor. Sin Ella, la humanidad no posee nada bueno; con Ella, posee todas las cosas Perfectas. La Armonía es la Nota-Clave, la Única Gran Ley de la Vida. Sobre Ella descansa toda Manifestación Perfecta y, sin Ella, toda forma se desintegra y regresa al Gran Mar de Luz Universal.»
Durante los siete días siguientes pasé mucho tiempo en meditación. Sentí crecer dentro de mí una Paz cada vez mayor hasta que, al sexto día, parecía que toda mi conciencia fuera un gran mar en calma.
La mañana del séptimo día salí de mi alojamiento a las cuatro y llegué a nuestro lugar de encuentro a las diez y media. Me senté sobre un tronco para esperar con una sensación de maravillosa exaltación que sabía era resultado de mi meditación. Estaba tan profundamente sumergido en la contemplación de mi Yo Divino que no oí acercarse a nadie hasta que una voz me habló.
Levanté la vista y vi a un anciano de cabello y barba blancos que, a primera vista, pensé que era un viejo prospector, aunque su ropa estaba demasiado limpia para esa ocupación. Al acercarse y tenderme la mano, aquello confirmó también mi impresión: no era un trabajador manual. Intercambiamos saludos, conversamos unos momentos sobre generalidades y luego se volvió hacia mí y dijo:
«Amigo mío, quisiera contarle una historia. No llevará mucho tiempo. Hace mucho que no se la cuento a nadie. Quisiera intentarlo una vez más.»
Para entonces había comenzado a sentir un intenso interés. Se me ocurrió que quizá tuviera sed y, al extender la mano para tomar una taza y ofrecerle agua del manantial junto al que estábamos, se formó en mi mano una Copa de Cristal semejante a la que Saint Germain me había ofrecido varias veces. El anciano alzó la mirada y, con los ojos brillantes y excitados, casi gritó:
«¡Es él! ¡Es él!»
No sabía qué hacer, así que insistí en que bebiera. Al mirar dentro de la copa vi que estaba llena del mismo líquido claro y centelleante que el Maestro me había dado. El anciano la agarró con avidez y, con una intensa expresión de la más profunda Gratitud que jamás había visto, bebió su contenido. Inmediatamente quedó muy tranquilo y sereno, pero acompañado todo ello de una profunda e intensa sinceridad. Volví a pedirle que me contara la historia y comenzó diciendo:
«Mi padre era oficial británico destinado en el Punjab, en la India, donde vivíamos. Cuando yo tenía dieciséis años financió a un amigo que fue a Sudáfrica a probar fortuna en las minas de diamantes, pero mi padre nunca volvió a saber de él.
«El año en que cumplí veinte años, un extraño alto y apuesto, un hombre de gran Sabiduría, visitó a mi padre en nuestra casa. Había venido para traer un mensaje del amigo de mi padre.
‘Traigo noticias’, explicó, ‘del amigo a quien financió hace cuatro años. Tuvo gran éxito en aquella empresa y, de hecho, llegó a ser muy rico. Recientemente falleció en las minas y no dejó parientes. Toda su fortuna ha sido legada a usted y, en caso de su fallecimiento, deberá pasar a su hijo. Si lo desea, me ocuparé del asunto y haré que sea transferida inmediatamente.’
‘No puedo abandonar la India en este momento’, respondió mi padre, ‘pues estoy aquí en servicio del Gobierno. Aprecio mucho su ofrecimiento de ocuparse del asunto por mí.’ Yo estaba cerca durante la conversación y, cuando terminaron de organizarlo todo, el extraño se volvió hacia mí.
‘Hijo mío’, dijo, ‘cuando encuentres al hombre que te ofrezca una Copa de Cristal con un líquido centelleante, habrás encontrado a aquel que puede ayudarte a elevar el cuerpo. No puedo decirte más, excepto que lo encontrarás en una gran montaña de Norteamérica. Esto puede parecerte vago ahora, pero es todo lo que puedo decir.’
«El extraño se marchó y un mes después mi padre, que había salido a caballo para resolver ciertos asuntos del Gobierno con los nativos, recibió un disparo y falleció antes de que pudieran llevarlo de regreso a casa. Yo era hijo único y, al cabo de otro mes, mi madre y yo nos preparamos para regresar a Inglaterra. Justo antes de nuestra partida, el mismo extraño regresó y dijo que estaba listo para transferirme la fortuna de mi padre. Le expliqué que mi padre había sido asesinado.
‘Sí’, respondió el extraño, ‘cuando me marché hace dos meses sabía que su padre fallecería antes de mi regreso. He dispuesto que la fortuna le sea transferida a usted, o más bien al Banco de Inglaterra para usted. Aquí tiene dinero que quizá desee utilizar en el viaje de regreso, además de los documentos de transferencia y las credenciales que necesitará en el banco. Preséntelos y recibirá la custodia de su fortuna. Gran parte de ella está en diamantes de primera calidad.’ Le di las gracias y me ofrecí a pagarle por sus servicios, pero respondió:
‘Aprecio mucho su amable intención, pero eso ya está resuelto. Estaré encantado de acompañarlos hasta el barco en Bombay.’
«El viaje me reveló su gran Sabiduría y, junto a él, me sentía como un niño. Ahora sé que me envolvió en una Radiación que ha permanecido conmigo a lo largo de los años. Dispuso el transporte, nos acompañó hasta el barco y sus últimas palabras para mí fueron:
‘Recuerda la Copa de Cristal. Busca y encontrarás.’
«Después de un viaje maravilloso llegamos a Southampton, continuamos hasta Londres y presenté mis credenciales al Banco de Inglaterra. El funcionario a quien se las entregué comentó:
‘Sí, lo esperábamos hoy. Aquí tiene su libreta bancaria y su talonario de cheques.’
«Los miré para saber a cuánto ascendía mi fortuna y me asombró descubrir que se habían depositado cien mil libras a mi nombre. Cinco años más tarde falleció mi madre. Transferí la mitad de mi riqueza a un banco de Nueva York y comencé la búsqueda del hombre de la Copa de Cristal.
«Nunca podría relatar las decepciones, las pruebas y el dolor por los que he pasado, pero frente a todo ello, de algún modo nunca pude rendirme. Lo que me parece tan extraño es que, aunque he envejecido en apariencia exterior, mi Energía y mi Fuerza son tan grandes como siempre, y a veces pienso que incluso mayores que en la plenitud de mi juventud.
«Tengo setenta años. Hoy simplemente quise seguir este sendero y, alabado sea Dios, lo he encontrado. Mi deseo era tan grande que resultaba casi irresistible.»
«Pero, buen hombre», pregunté, «¿qué debo hacer por usted?»
«Lo sabrá», respondió, «porque sé que no me he equivocado. En el corazón de esta majestuosa montaña hay un Gran Poder. Lo siento. Pida a Dios que le muestre qué debe hacer.»
De pronto sentí el Magno Poder de Dios surgir con tanta fuerza que casi me levantó del suelo. Haciendo el signo que Saint Germain me había enseñado, invoqué a Dios pidiendo Luz y, levantando la mano en saludo, dije:
«¡Poderoso Dios en el hombre y en el Universo! ¡Buscamos Tu Luz! ¡Buscamos Tu Sabiduría! ¡Buscamos Tu Poder! Que Tu Voluntad se haga en y para este Hermano mío, que me ha buscado y encontrado para que haga por él algo cuya naturaleza desconozco. ¡Tú lo sabes! Manifiesta Tu Voluntad a través de mi mente y mi cuerpo, y haz que se manifieste cuanto deba hacerse por este Hermano, Tu Hijo.»
Al bajar la mano, sostenía la Copa de Cristal llena de Luz Líquida Viviente. Se la ofrecí y mi Poderoso Yo Divino habló de nuevo.
«Bebe sin temor. Tu búsqueda ha terminado.»
Bebió el contenido sin un instante de vacilación. Avancé rápidamente y tomé sus dos manos entre las mías. Lenta y firmemente, todo vestigio de edad desapareció de él y el Dios en mí continuó:
«¡Mira! Estás para siempre libre de toda limitación terrestre. Asciende ahora hacia la Gran Hueste de Luz que te espera.»
Muy lentamente comenzó a elevarse del suelo y, mientras lo hacía, sus vestiduras humanas desaparecieron y quedó revestido con ropajes de blanco resplandeciente. Solté sus manos. Entonces, con una voz llena del más profundo Amor, dijo:
«Volveré a ti, Amado Hermano. Serás bien recompensado por este Servicio Trascendente. Tú eras el único a través de quien esto podía hacerse por mí. Algún día verás por qué», y con una sonrisa de felicidad desapareció por un Sendero Radiante de Luz.
Cuando el Magno Poder de Dios dentro de mí se retiró, quedé tan asombrado que caí de rodillas y ofrecí la oración más profunda de mi Vida, con humilde Gratitud y Alabanza por el privilegio de prestar semejante servicio.
Me levanté y el Maestro Saint Germain me recibió en su maravilloso abrazo.
«¡Mi Amado Hermano!», dijo. «Estoy enormemente complacido. Noble y fiel ha sido tu atención al Gran Dios dentro de ti. Bellamente recibiste a tu Poderoso Dios en Acción. Verdaderamente te felicito. Siempre permanecerás dentro de Nuestro Abrazo, aunque exteriormente no seas siempre consciente de ello.
«Te has convertido en un digno Mensajero de la Gran Hermandad Blanca y de la Hueste Ascendida. Mantente unido a tu Poderoso Yo Divino. Así estarás siempre preparado para servir dondequiera y para cuanto sea requerido. Mi Amor te envuelve hasta que nos encontremos de nuevo. Te mantendré informado.»
Lentamente regresé al alojamiento, y cada paso era Alabanza y Gratitud al Único Dios Poderoso que nos moldea a todos en Perfección Eterna.
CAPÍTULO IX
Venus visita el Royal Teton
MUCHAS semanas habían transcurrido, y llegó la mañana del treinta y uno de diciembre de mil novecientos treinta y, con ella, el Maestro Saint Germain.
«Prepárate para las siete de esta noche», me indicó, «y vendré por ti. Focaliza tu atención tanto como puedas en la Gloria de Dios dentro de ti, para que puedas recibir todo el beneficio previsto en esta Ocasión Divina. Recuerda a tu Rayo Gemelo y a tu hijo, pues los tres serán invitados de honor de la Hermandad del Royal Teton en su Asamblea de Año Nuevo esta noche.»
Pasé el resto del día en profunda meditación. Llegó a las siete y, como ya había colocado mi cuerpo físico en la cama, salí de él en el cuerpo que había preparado para mí.
«Esta noche», continuó, «se intentará un experimento que no se ha realizado desde hace más de setenta mil años. Nos sentimos completamente seguros del éxito en esta ocasión, pues todos están ahora bien preparados. Ven.»
Debimos de viajar a gran velocidad, aunque yo no me daba cuenta, y pronto nos encontramos en la cima del Royal Teton, donde la espesa capa de nieve lo hacía resplandecer a la luz de la luna como millones de diamantes. Al acercarnos a la entrada del tubo, observé a su alrededor un espacio despejado de un radio de al menos treinta metros. Al entrar en él, la atmósfera se sentía cálida y confortable. Seguimos adelante por la entrada, que había sido abierta para quienes asistían a la celebración de Año Nuevo.
Saint Germain y yo entramos en la gran sala de audiencias y nos encontramos con Lotus y nuestro hijo, que ya habían llegado acompañados por Amen Bey. Nuestra alegría en aquella ocasión fue muy grande, pues hacía unos dos años que no estábamos juntos en el plano físico y, durante ese tiempo, mientras trabajábamos fuera del cuerpo, cada uno había estado ocupado en sus propias actividades individuales, lo que exigía que estuviéramos en canales diferentes en los niveles Interiores.
La gran sala estaba brillantemente iluminada y el glorioso perfume de rosas y flores de loto llenaba el aire. La música más dulce y deliciosa parecía flotar desde todas partes. Muchos habían llegado ya y otros entraban a intervalos de pocos minutos.
Observamos que en el centro de la sala había sido colocado un gran objeto cubierto con un paño dorado, pero como no se ofreció explicación alguna acerca de él, permanecimos en silencio. Saint Germain nos presentó a los invitados y luego nos condujo a una sala llena de instrumentos musicales poco comunes. Vimos un gran órgano de tubos y cuatro arpas hechas de una sustancia semejante a la perla, con columnas de oro; las cajas de resonancia y las partes superiores estaban construidas de metal blanco. Las cuerdas agudas de las arpas estaban entorchadas en plata y las graves en oro, y el material del que estaban hechas producía un tono que combinaba los sonidos del metal, la madera y la voz humana. El tono de estos instrumentos sólo puede conocerse escuchándolo, pues era diferente de todo cuanto se haya utilizado jamás en el mundo exterior de la música occidental. El sonido producido por este material inusual se parecía más a algunos de los maravillosos tonos del esraj, un instrumento utilizado en la India.
Vimos cuatro violines, también hechos de una sustancia que parecía perla, pero cuya resonancia superaba con mucho la de cualquier madera conocida. Las cuerdas estaban entorchadas tanto en oro como en plata y producían una belleza de tono casi indescriptible. Más tarde aquella noche escuchamos tocar todos esos instrumentos.
Al regresar a la Gran Sala de Audiencias, Saint Germain mostró a Lotus y a nuestro hijo los hermosos retratos que habían sido trasladados recientemente desde el templo de Mitla, en Oaxaca, México. Los acompañó por la sala de archivos, donde se les mostraron las pruebas de mis observaciones anteriores con él.
Para el trabajo que se realizaba durante esta celebración de Año Nuevo, todos los miembros del Royal Teton vestían sencillas túnicas doradas de magnífico material, con el emblema de la Hermandad bordado sobre el lado izquierdo del pecho de tal manera que parecía terciopelo azul oscuro, del mismo tono que el gran panel que formaba el Espejo Cósmico.
Había setenta hombres, treinta y cinco damas y el Maestro Presidente, Lanto, que es el Bendito Hermano encargado de este Retiro. Cuando todos los pertenecientes a esta rama se hubieron reunido, avanzó y se dirigió a ellos diciendo:
«Son ahora las once y ha llegado la hora de nuestra meditación. Esta noche derramemos adoración hacia la Gran Luz, sintámonos Uno con nuestra propia Divinidad durante treinta minutos y, durante los treinta minutos siguientes, conozcamos la Unidad de Venus con nuestra Tierra. Que todos ocupen sus lugares acostumbrados y formen una elipse en el centro de la sala.»
Durante una hora pareció que ciento seis figuras doradas estaban unidas en un solo aliento, tan completa era su armonía. Al concluir la meditación, un alegre estallido de música llenó el inmenso salón y Lanto se situó ante el Gran Espejo.
Extendió las manos y un tremendo resplandor de Luz se proyectó sobre él, revelando a lo lejos un grupo de personas rodeadas de Luz dorada, rosa y violeta, deslumbrante en su belleza y Radiancia. Se acercaron, y los mismos gloriosos y maravillosos colores llenaron la gran sala de audiencias, produciendo en todos una extraordinaria sensación de elevación y Poder.
Poco después, doce Invitados de Venus se encontraban entre nosotros, vestidos con blancas y centelleantes vestiduras, más allá de toda capacidad de descripción. Eran siete caballeros y cinco damas, todos extraordinariamente bellos.
Seis de los hombres medían al menos un metro noventa y tres; el séptimo era unos cinco centímetros más alto que los demás. Las damas medían alrededor de un metro setenta y ocho. Todos tenían el cabello castaño claro, excepto el Maestro Alto, cuyo cabello era de un glorioso oro puro. Sus brillantes y penetrantes ojos azul violeta eran hermosos y fascinantes.
El Maestro Alto hizo el saludo de Oriente, tocándose el corazón y la frente con las yemas de los dedos de la mano derecha, y se inclinó profundamente ante Lanto. Los demás también avanzaron, lo saludaron y fueron presentados a los reunidos. Lanto pronunció unas breves palabras de bienvenida, de las cuales sólo está permitido registrar la parte siguiente:
«En la Presencia del Único Dios Supremo y de los miembros de la Gran Hermandad Blanca aquí reunidos, estos doce Invitados de Venus son hechos Miembros de la Hermandad del Royal Teton.»
El Maestro Alto fue nombrado Maestro Presidente para aquella noche. Agradeció la bienvenida, avanzó hasta el centro de la sala e hizo retirar el paño dorado que cubría los objetos.
¡Y he aquí! ante nosotros estaban los tres féretros de cristal que todavía contenían los cuerpos preservados de Lotus, de nuestro hijo y el mío. Parecían como si acabaran de quedarse dormidos, irradiando perfecta salud. El Maestro Presidente se volvió hacia nosotros y dijo:
«¿Están preparados?» y los tres respondimos afirmativamente.
«Entonces ocupen sus lugares junto a los recipientes», indicó.
Obedecimos e inmediatamente una Maravillosa Radiancia se reunió y estrechó alrededor de los cuerpos y de nosotros mismos, aumentando rápidamente de intensidad hasta que debimos de hacernos invisibles para la visión exterior. Al cabo de unos instantes la Radiancia disminuyó y, para nuestro asombro, los féretros estaban vacíos. Allí estábamos revestidos con aquellos cuerpos que habíamos dejado hacía tanto tiempo y que habían sido sostenidos y purificados por la Llama de Vida durante todos esos siglos.
La transformación era asombrosa y la sensación no puede describirse, pues estábamos tan sorprendidos como puede estarlo el lector. Sin embargo, el aspecto humano de cualquiera, incluso en su mejor condición, sabe tan poco de las tremendas Maravillas que existen en todo momento y en todas partes a nuestro alrededor y de las Posibilidades Infinitas dentro de cada plano de Vida, que todas las cosas son posibles; y cuanto más vivimos en el Amor y en el reconocimiento de nuestra Divinidad, más se revelarán en nuestras vidas individuales estas Maravillas de toda la Creación.
El experimento había resultado un éxito y, mientras nos movíamos entre los Hermanos y las Hermanas, todos felicitaron al Maestro y a nosotros por el logro. Se regocijaron enormemente de que un experimento tan extraño se hubiera convertido en una Poderosa Verdad, y muchos comentaron cuánto se parecían aquellos cuerpos a los de los Visitantes de Venus.
Los féretros de cristal fueron entonces llevados de nuevo a su sala y los maravillosos instrumentos musicales introducidos en la sala de audiencias. Saint Germain interpretó la primera pieza en el gran órgano, una composición que llamó «Corazones del Futuro». Me pareció la música más delicada, colorida y, sin embargo, poderosa que jamás hubiera surgido de un órgano en la Tierra. Mientras tocaba, los colores más hermosos, espléndidos más allá de toda descripción, se derramaban por la atmósfera de la enorme sala.
Un grupo interpretó la pieza siguiente. El Maestro Saint Germain al órgano; tres de las Maestras de Venus y Lotus tocaron las cuatro arpas; dos de los Hermanos de Venus, nuestro hijo y yo tocamos los cuatro violines. Cuando todos estuvieron preparados, las palabras «Almas en Éxtasis» resplandecieron sobre el órgano mientras Saint Germain tocaba el preludio. Todos penetraron profundamente en la plenitud y la alegría de aquella maravillosa música. El volumen y el Poder crecieron hasta tal magnitud que parecía que la belleza y la gloria de aquella alegría debían proyectar suficiente Conciencia de Dios para elevar a toda la humanidad, sí, incluso a la Tierra misma, hacia la Perfección Eterna.
Se interpretaron otras cuatro piezas con el mismo tremendo Poder de elevar y armonizar por doquier, hasta que sentimos como si la propia montaña pudiera elevarse flotando. Al terminar la música, los instrumentos fueron devueltos a su sala y el Maestro Presidente hizo sentar a todos en el orden apropiado ante el Gran Espejo. Ocupó su lugar en el punto del triángulo de la Tierra y comenzaron a aparecer escenas maravillosas de Venus, mientras él explicaba cada detalle que no se explicaba por sí mismo.
Las imágenes revelaron mucho de su sistema educativo, mostrando instrumentos astronómicos cuya Perfección dejaría al mundo científico actual sin palabras de admiración y asombro, así como equipos de geólogos para examinar el interior de los estratos de los planetas Venus y Tierra. Vimos inventores y varios de sus tremendos descubrimientos, que superaban nuestra imaginación más audaz.
«Muchas de estas invenciones», explicó el Maestro, «entrarán en uso en la Tierra durante la Edad Dorada Cristalina en la que hemos entrado ahora.»
Se explicaron algunas de las principales invenciones que habrán de utilizarse en la Tierra y, si la humanidad hubiera podido verlas, habría cobrado ánimo y se habría sentido enormemente alentada respecto al futuro. Es posible que estas imágenes de Venus sean retomadas y descritas en una obra separada más adelante, siempre que pueda obtenerse permiso.
Las escenas de Venus terminaron y aparecieron en la pantalla las concernientes a la Tierra. Se mostraron muchos cambios que habrían de producirse durante los setenta años siguientes. Afectaban a Europa, Asia, India, América del Norte y América del Sur, y nos revelaron que, sin importar las apariencias del momento presente, la fuerza siniestra que intenta crear caos y destrucción en todo el mundo será completamente destruida. Cuando esto se haya realizado, la masa de la humanidad se volverá hacia la Gran Presencia de Dios dentro de cada corazón y que también gobierna el Universo. «La Paz reinará sobre la Tierra, y el hombre enviará buena voluntad al hombre.» Esta Revelación fue extraordinaria. Luego siguieron las escenas finales, que concernían principalmente a los Estados Unidos durante el siglo siguiente. El progreso y el avance que realizará son casi increíbles.
Estas cosas son verdaderas, pues la Gran Ley de Dios no comete errores y las Revelaciones de aquella noche de Año Nuevo son los Registros Eternamente Verdaderos de Dios.
Se mostraron ciertas grandes almas que despertarían, serían elevadas y añadidas a la Hueste de los Seres Ascendidos para llevar adelante este gran progreso. El Maestro Presidente recordó entonces a los presentes a los Benditos Kumaras y, con una voz llena de Amor y Adoración, dio la siguiente explicación en homenaje a ellos.
«Los Siete Kumaras, a quienes algunos estudiantes Interiores han conocido como Señores de la Llama de Venus, fueron los Únicos de todo este sistema de planetas que, por su propio libre albedrío y por infinito Amor, se ofrecieron a proteger a los hijos de la Tierra y asistir su progreso ascendente. Vinieron y prestaron aquí ayuda trascendente durante el período más crítico del crecimiento de la Tierra. Era el tiempo de iniciación que resulta más peligroso en la Vida de un planeta y de su humanidad, pero mediante su Protección y Guía se alcanzó la meta y la humanidad pudo llegar a las Alturas Mayores.
«Muchos de los Hermanos comprenden que cada dos mil quinientos años los Kumaras liberan una efusión enormemente acrecentada de Amor, Sabiduría y Energía Cósmicos. Esta Luz Flameante y Radiancia Trascendente que inunda la Tierra y a sus habitantes, interpenetrándolo todo, constituye un tremendo proceso de elevación y da un impulso hacia adelante al crecimiento de toda la Tierra, así como al de su humanidad.
«Justo antes de cada una de estas Grandes Efusiones se producen extraordinarias perturbaciones físicas y el pueblo siente una inquietud general. Tal perturbación se debe a la discordia que se ha acumulado durante la última parte del período precedente. La generación de semejante falta de armonía se debe siempre al alejamiento del Principio fundamental de la Vida, y la perturbación de los sentidos humanos así creada contamina la actividad exterior de la humanidad, la Tierra y su atmósfera.
«Para limpiar esto y devolver a la humanidad a la Pureza Original de la Vida tiene lugar la acción cataclísmica. Después de esos períodos, los Kumaras liberan una enorme efusión de LUZ para iluminar y fortalecer a los hijos de la Tierra, permitiéndoles finalmente alcanzar el Logro Supremo.
«Nos acercamos a otro período semejante y, esta vez, la liberación del Gran Amor, Sabiduría y Energía Cósmicos, los Poderosos Rayos de Luz, no sólo acelerará las mentes de la raza, sino también la estructura atómica de la Tierra, haciéndola más Luminosa dentro de nuestro sistema solar. Nunca, desde que estos Grandes Señores de la Llama vinieron a la Tierra, las condiciones habían permitido que tuviera lugar una Efusión tan Grande como la que ocurrirá dentro de poco. Muchos que parecían haberse endurecido por sus actividades anteriores despertarán casi de la noche a la mañana y sentirán la Cercanía de la Gran Presencia de Dios dentro de cada corazón. Muchos que han sido mansos y humildes, pero que se han mantenido cerca de la Presencia Interior, resplandecerán repentinamente, asombrándose a sí mismos y a los demás por la Luz Trascendente que ellos manifestarán. Todo se realizará mediante el Poder del Amor de Dios, y la humanidad comenzará verdaderamente a comprender que es el colmo de la insensatez que una parte de la Creación de Dios haga la guerra contra otra parte.
«El deseo de bendecir a los demás en lugar de a sí mismos entrará casi involuntariamente en los corazones de la humanidad y proyectará una Luz que iluminará el resto del Camino hacia la Perfección.
«Sólo el egoísmo mantiene a los hijos de esta esfera en la esclavitud y la miseria que se han permitido expresar sobre la Tierra, pero cuando la Luz del Cristo expanda el Amor en el Corazón, el egoísmo huirá y regresará al mar del olvido.
«Se producirán grandes cambios físicos naturales. Dos Grandes Centros de Luz derramarán sus Bendiciones sobre la humanidad: uno será la Gloriosa y Resplandeciente Presencia de Shamballa en su Deslumbrante Radiancia, y el otro aparecerá en los Estados Unidos, aunque no donde hasta ahora se ha inducido a nadie a creer, sino en un punto que todavía no ha sido indicado a los canales exteriores del mundo.
«Durante la actual actividad de asistencia y la intensa efusión de Luz de la Gran Hueste Ascendida, que ayuda a los hijos de la Tierra, cientos de seres humanos verán sus actuales cuerpos físicos acelerados por la rápida elevación de la frecuencia vibratoria y, cuando esto se complete, comprenderán que la limitación y la discordia humanas y físicas han caído como una vieja vestidura gastada; y que ellos, los Hijos de la Luz, permanecen para siempre Uno con la Llama de Vida Eterna y la Perfección de la Juventud y la Belleza Eternas, una realidad visible y tangible.
«Amados hijos de la Tierra, se encuentran en el Umbral de las Edades. Su puerta está siendo mantenida abierta por los Grandes Seres de Amor, que siempre los invitan a caminar conscientemente a su lado en la Luz. Sin importar cuáles sean las actividades del mundo exterior, caminen con la Luz y en la Luz, sin atender a las apariencias. Entonces encontrarán a un Maestro de la Luz que ha recorrido este mismo sendero antes que ustedes y que siempre vela y permanece a su lado, revelándoles el Verdadero Camino.
«El ciclo cambia y entramos en una Nueva Dispensación que trae consigo un medio más seguro, más poderoso y, sin embargo, rápido, mediante el cual quien asciende por el Sendero del Logro puede mantener contacto permanente con la Gran Luz Cósmica.
«En este Nuevo Orden, la disciplina del neófito consistirá en focalizar y mantener su atención enteramente sobre los tres centros superiores del cuerpo, y realizará todo su trabajo desde estos puntos. Sólo los centros del corazón, la garganta y la cabeza recibirán consideración y atención conscientes.
«Todo el esfuerzo del aspirante consistirá en mantener su atención sobre éstos, pues sólo apartándola de los centros inferiores podrá elevarse alguna vez por encima de la miseria y la limitación. El centro situado en la parte superior de la cabeza es el foco más elevado del cuerpo humano, y allí entra el Cordón de Plata de Luz Blanca Líquida procedente de la Gran Fuente de la Creación.
«Cuando la atención de la mente se mantiene firmemente sobre este punto, la Puerta del Alma se abre y la Actividad Triple de la Pura Luz Blanca rodea la cintura justo por debajo del plexo solar, cortando para siempre las actividades destructivas de la naturaleza animal en el hombre. Esto permite que su alma salte hacia su Actividad Divina Completa, unida una vez más con la Perfección de Su Fuente y, desde entonces y para siempre, Maestra de toda creación humana, es decir, de las discordias de la Tierra. Los estudiantes sinceros deberían meditar frecuentemente sobre la Acción Perfecta de la Luz Dorada dentro de la cabeza, pues Ella iluminará y enseñará a la mente exterior todas las cosas buenas. Ésta es la Luz del Dios Interior. Uno debería sentirla llenando toda su conciencia, su cuerpo y su mundo. Ésta es la Luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo, y no existe ser humano alguno que no tenga algo de esta Luz dentro de sí.
«Hay muchos por toda la Tierra que están despertando rápidamente y sintiendo el Poderoso Impulso de esta Luz Interior derramándose a través de ellos y encontrando así una expresión mayor. Si éstos se mantienen rigurosamente armoniosos, conservan sin vacilar su atención sobre el Yo Divino Interior, aceptan y visualizan la actividad plena de Su Deslumbrante Radiancia, pueden rodearse con la Actividad Triple de la Luz Blanca. Esto corta la creación discordante del mundo exterior.
«Amados Hermanos y Hermanas, será para nosotros una gran alegría y un gran privilegio reunirnos con ustedes en enero y julio de cada año, aquí en su Retiro, debido a la Cercanía y la Efusión de la Omnicontroladora Luz de Dios, que pronto inundará América de costa a costa.
«Ahora, mientras se traen los recipientes de cristal, meditemos profundamente sobre la Unidad de Venus y la Tierra, la Omnipresencia de la Divinidad que mora en la forma.»
Permanecimos en profundo silencio durante unos diez minutos y luego el Maestro Presidente nos indicó a los tres que ocupáramos nuestros lugares junto a los féretros. Hizo el Signo del corazón y la cabeza, cruzó las manos sobre el pecho e invocó a la Presencia de Dios:
«Tú, Poderoso Creador del Universo y de todo cuanto contiene, Tú, Único Dios Omnipresente, esperamos la Manifestación de Tu Gran Presencia Benéfica.»
Una suave esencia luminosa de color rosa nos envolvió a nosotros y a los recipientes, estrechándose a nuestro alrededor. De repente, un Gran Haz de Deslumbrante Luz Blanca penetró en la Radiancia envolvente, permaneció durante tres o cuatro minutos y se desvaneció gradualmente de la vista.
Al mirar dentro de los recipientes, vimos que los tres cuerpos descansaban en ellos. Al observarnos mutuamente, comprobamos que de nuevo estábamos revestidos con los cuerpos que el Maestro Saint Germain había preparado para nosotros y gracias a los cuales habíamos podido visitar la Gran Asamblea en el Royal Teton.
El Maestro Presidente bendijo a los reunidos, a la Hermandad del Royal Teton y a todos los habitantes de la Tierra, prometiendo estar de nuevo con ellos el julio siguiente.
Los Doce de Venus ocuparon entonces sus lugares sobre el círculo del suelo de la sala de audiencias.
Toda la montaña tembló con el Magno Poder de Dios que atrajeron y la Luz así focalizada tomó la forma de una enorme águila, con el cuerpo violeta y la cabeza y las patas de oro. Toda la sala se llenó de una Luz Blanca Flameante que formaba uno de los extremos de un Gran Sendero de Esencia Luminosa, sobre el cual los Doce Seres Radiantes regresaron a su hogar en Venus.
La Visión Suprema que contemplaron los reunidos supera todo cuanto las palabras pueden describir. Al disminuir la Gran Actividad Vibratoria, una Maravillosa Radiancia Cristalina iluminó el Espejo Cósmico y sobre su superficie aparecieron las palabras: «Paz e Iluminación para toda la Tierra y sus habitantes. Bendiciones desde Venus.»
Cada invitado tocó su corazón y su frente, cruzó las manos sobre el pecho y se inclinó en aceptación de la Poderosa Efusión. Todos pasaron ante Lanto y recibieron instrucción individual para el trabajo de mil novecientos treinta y uno; luego se sentaron en profundo silencio y adoración hacia la Gran Luz. Al terminar la meditación, un glorioso estallido de música llenó el gran salón y las cabezas se inclinaron para recibir Su Bendición. Su voz, clara, hermosa y resonante, se elevó:
«No hay nada Supremo sino Dios. No hay nada Eterno y Real sino el Cristo. No hay nada Verdadero sino la Luz. Estos Tres son el Uno. Todo lo demás es sombra. Recuerden: las sombras ocultan, las sombras engañan y las sombras hacen tropezar a la humanidad.
«Quien camina por el Sendero de Luz permanece fiel al Cristo y mira siempre hacia Dios; vive en un mundo propio, sin ser tocado por el turbulento vórtice que lo rodea, aunque trabaja siempre dentro de él mientras duren las sombras. Sobre ellas dirige su Luz y así las obliga a pasar al mar del olvido.
«No existe felicidad aparte de volver el rostro hacia el Único Gran Dios, la Fuente de Todo, y adorarlo. Nada es permanente sino el Cristo. No existe otra manera de avanzar por el Universo que recorrer el Sendero de Luz.
«Si se arman con esta Comprensión Eterna de la Vida, juran lealtad únicamente a su Fuente, Dios, permanecen fieles al Cristo y llevan la Luz, aceptarán como código de honor la obligación de Amar y Bendecir la Vida, cualquiera sea la forma en que se exprese y dondequiera que la encuentren. Éste es el Plan Eterno de la Existencia, y quien conoce Esto puede avanzar por cualquier parte del Universo, explorar todo cuanto contiene y, sin embargo, permanecer sin ser tocado por cualquier sombra que la humanidad haya creado al olvidar de Dónde provino.
«Sólo DIOS es Grande, y únicamente a la Fuente de toda Grandeza pertenece toda Gloria. Quien sólo conoce su Fuente y rechaza todo lo demás es verdaderamente sabio, pues se convierte en Felicidad Permanente y es Maestro dondequiera que vaya.
«Entonces, y sólo entonces, puede convertirse en Creador de Mundos. Sobre éstos derrama su felicidad y, en esta actividad, vive realmente el Plan Divino para todos.
«¡Miembros de la Hermandad del Royal Teton! revelen este Plan a los hijos descarriados de la Tierra. Derramen Su Radiancia sobre las sombras creadas por ellos mismos y muéstrenles el Camino hacia el Gran Sol Central, nuestra Fuente Trascendente. Mi Luz los envuelve, Mi Poder los sostiene y Mi Amor respira a través de ustedes hacia aquellos que buscan su hogar en la Luz.
«Amada humanidad, que esta misma Poderosa Radiancia derrame su Luz para iluminarlos, sanarlos y bendecirlos con ese Amor Divino que mantendrá siempre a todos estrechamente unidos en el Abrazo Eterno de la Única Luz Suprema.
«América, que Dios te bendiga y te revista ahora con la Luz Eterna sin Sombra.»
FINIS
